Joaquín Marín D.
El andalucismo real. ¿Qué entelequia es el andalucismo real? La respuesta tal vez más acertada sea que es la excusa que han puesto los del Partido Andalucista de Ronda para abandonar un partido en franca decadencia e ingresar en el PSOE. Para de paso asegurarse un poco más el futuro en esto de la política. En realidad lo del andalucismo real no lo dijo el movido alcalde de la ciudad del Tajo, Antonio Marín Lara, sino su receptor, el secretario provincial socialista, Miguel Ángel Heredia.
Marín, que es accionista del Real Betis, sólo manifestó que nadie le ha llamado, sino que él solo acudió. Al seno del real andalucismo, se entiende. En lo que sí lleva razón es en lo de que Andalucía no apuesta por el PA: fuera del Parlamento autonómico, con pocas alcaldías y cientos de broncas internas, los ciudadanos han rechazado en progresión geométrica un proyecto muy ilusionante nacido en la Transición que tuvo apoyos, fuerza, personalidad y carácter hasta que sus dirigentes se encargaron de reventarlo todo.
El movimiento de Marín Lara no es individual. Se lleva con él a sus concejales y a unas decenas de militantes del PA de Ronda. Ahora el alcalde de Algatocín, Benito Carrillo, quiere hacer lo propio y abrazar la nueva causa. En el PSOE. Es una lástima que el andalucismo, que en la primera legislatura de la democracia tuvo incluso grupo parlamentario propio en Cataluña, gracias a un sentimiento sincero y –ése sí– real de los emigrantes, esté acabando como está acabando: desmembrado, con más huidas que quedadas y ya casi casi inhabilitado para resucitar y encarnar un sentimiento muy difícil de definir.
Porque el andalucismo no es nacionalismo al estilo vasco o catalán, ni mucho menos. Se lo han cargado quienes han querido convertirlo en eso y su pecado es ignorar que el andaluz no tiene ningún problema en ser español, es de por sí desprendido, despreocupado y, en ocasiones –Málaga es uno de los grandes exponentes–, indolente. Esto no es ni una colección de piropos ni un conjunto de faltas, sino la definición de un pueblo que no ha encontrado una voz andalucista real que lo represente. Y aquí estamos, con episodios tan esperpénticos como ver al PSOE y al PA de besitos, con lo que se han zurrado a base de bien.
Sorpresa. Al final las elecciones europeas las ganó en Málaga el PSOE. Para regocijo –suponemos– de los socialistas y para sonrojo –imaginamos– del PP. Fue el voto emigrante el que decidió el resultado final, muy raspadillo. Más que esta convocatoria habría que mirar la comparación de cada partido con sus propios resultados de los anteriores comicios, que se celebraron en el año 2004. Ahí el PSOE ha dejado de sumar unos 19.000 votos y el PP ha añadido unos 35.000. Las conclusiones quedan al gusto del consumidor.
Bienes publicados. Por fin se han conocido los bienes –y los males, que hay quien debe millonadas– de los concejales del Ayuntamiento de Málaga. El alcalde es el que más patrimonio acumula y el edil de Izquierda Unida Antonio Serrano, el que menos. Hay obras de arte, coches, puede que algún barco, garajes, muchos locales y acciones y participaciones en grandes empresas y entidades bancarias. Y hay muchos que no deben nada. Qué alivio en estos tiempos de crisis económica.
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