JOSÉ ANTONIO SAU. MÁLAGA
Antonio Guerrero lleva dos años y medio al frente de la prisión de Alhaurín de la Torre. Ha vivido momentos difíciles en el presidio, pero el nuevo Centro de Inserción Social y el futuro penal de Archidona aliviarán la carga de trabajo de este experimentado funcionario. Apuesta por la reinserción y recuerda que la política penitenciaria no puede basarse en la construcción continua de cárceles.
–El Centro de Inserción Social asume ahora las competencias de régimen abierto. ¿Será un alivio para usted?
–No supone gran cosa. No me voy a desconectar de ese asunto porque compete a Instituciones Penitenciarias. El director del CIS y yo estaremos en continua comunicación, y siempre que pueda le ofreceré mi ayuda. Al crearse el CIS y ser un centro independiente de Alhaurín de la Torre, ellos asumen las competencias del cumplimiento de las penas y medidas alternativas, el tercer grado, los telemáticos y aquellos que están en comunidades terapéuticas.
–¿Son efectivas esas penas?
–Claro que sí. Lo que ocurre es que no hay todavía una mentalidad en nuestra sociedad propicia a estas penas. No se asume bien que las entidades colaboren, en la medida en que deberían hacerlo más de lo que lo están haciendo ahora. Los ayuntamientos, Protección Civil, la Cruz Roja, el Colegio de Abogados... todas estas entidades se han sumado, parece que todavía no estamos muy inmersos en esa cultura, pero el camino se hace poco a poco. Llegará un momento en que no haya expedientes en lista de espera para su cumplimiento. Llegarán las sentencias a nuestras oficinas y rápidamente se les buscará el sitio adecuado donde se pueda cumplir la pena en beneficio de la comunidad. Lo que hay que procurar es que las penas no prescriban, porque claro, si prescriben, empezamos a fracasar.
–¿Ha prescrito ya alguna pena de este tipo?
–Todavía no.
–¿La lista de espera es muy amplia?
– Cuando se comunica a los jueces que no se ha cumplido una pena porque el sentenciado no se ha presentado, el tema pasa a la Justicia. La prescripción depende de lo que el juez dictamine. No tengo datos al respecto. Pero de momento las penas no están prescribiendo.
–Los sindicatos siguen hablando de sobreocupación en la cárcel de Alhaurín de la Torre...
–Éste es un tema ya sabido. ¿Que las cárceles tienen sobreocupación? Todo el mundo lo sabe. Tenemos la idea de que todo el mundo tiene que entrar en la cárcel, haga lo que haga. Por ejemplo, si a un señor que no tiene carné se le coge conduciendo por segunda vez sin el permiso, va para adentro. Si se le coge con dos copas de más y ha reincidido, se le manda a la cárcel. Todo el mundo va a la cárcel. Cualquiera que antes cometía un delito, por ejemplo, debido a sus problemas mentales, iba a un psiquiátrico, y ahora se le manda a prisión. Pero tenemos enfermos mentales, contamos con cantidad de gente que a lo mejor de modo preventivo debería estar en la calle. Hay que prevenir la situación, más que meter a la gente en prisión.
–Por tanto, usted considera que se envía demasiada gente a la cárcel...
–Sí, eso es lo que digo. Estamos en un mundo globalizado. Las fronteras ya casi no existen. Eso antes no ocurría. No es que esto nos haya cogido desprevenidos. A la Costa del Sol viene mucha gente desde, por ejemplo, los países de Europa del Este y desde otros sitios. ¿Qué ocurre? Que lo que antes no existía en las prisiones españoles hoy sí es una realidad. Un 37% de la población reclusa es de origen inmigrante. Eso también hay que tenerlo en cuenta.
–¿Existen problemas de convivencia en el centro?
–Se dan los roces normales de la convivencia. El típico que se cuela en la cola del economato, el otro se lo echa en cara y discuten. A veces pueden terminar enganchados, pero es el fiel reflejo de la calle, quizás haya aquí menos situaciones conflictivas de las que se dan fuera.
–¿Ha vuelto a la senda del diálogo con los sindicatos?
–Nunca he dejado de tenerlo. Si algún delegado sindical tiene un problema con el director o los subdirectores del centro penitenciario, es un problema de él, pero no institucional. Yo he vuelto a reunirme con los sindicatos. He mantenido conversaciones con delegados continuamente. Sin ir más lejos hace poco me vi con los representantes de Acaip, así que no creo que tengan problemas. Ni ellos están peleados conmigo ni yo con ellos. Que en un momento determinado tensen la cuerda y rompan relaciones, pues ellos tendrán que decir hasta dónde y hasta cuándo. Yo desde luego no he roto relaciones con nadie.
–La prisión de Archidona descargará bastante la prisión de Alhaurín de la Torre...
–Claro. Pero, ¿se puede permitir España el lujo de estar continuamente construyendo cárceles? ¿La política es construir una cárcel detrás de otra? Pues pienso que no. No quiere decir que nos acostumbremos al delito. Cuando pase este crecimiento de población, nos van a sobrar muchas plazas. Hoy estamos casi al límite de la ocupación. ¿Por qué se hace un centro nuevo en Málaga? Pues porque éste que se hizo era pequeño. ¿Por qué se hace uno nuevo en Murcia? Porque el que se hizo allí es bastante pequeño. ¿Por qué Ceuta va a contar con otro? Porque el que se edificó en 1959 sólo tenía poco más de 200 plazas. Se hacen centros intermedios y grandes. Porque existen capitales de provincia que tienen presidios pequeños. Haciendo a lo mejor pocos centros, medianos o grandes, según el caso, nos ponemos al día. Se están haciendo en Murcia, Archidona, Pamplona... Cuando se terminen nos van a sobrar plazas. Pero para eso no se puede meter a tanta gente en la cárcel.
–¿La política para favorecer la reinserción es exitosa?
–Sobre todo con los que entran por primera vez en la cárcel. Éstos se dan cuenta de que han cometido un error y la mayoría de ellos no vuelven.