IGNACIO A. CASTILLO. MÁLAGA
La llamada de Dios está en espera. La diócesis de Málaga necesitaría ordenar una decena de nuevos sacerdotes al año para dar servicio religioso a los fieles y sólo reciben este sacramento tres o cuatro jóvenes, a lo sumo. Hay crisis de vocaciones. También en las órdenes religiosas. La salida de las monjas del Císter de la Abadía de Santa Ana para ser reagrupadas en un único convento, en El Atabal, muestra a las claras cuál es la situación real, sobre todo cuando hace sólo dos años que las dominicas también abandonaron su cenobio, durante siglos, en la iglesia de la Aurora y Divina Providencia (Las Catalinas) en la calle Andrés Pérez.
En la provincia, hay establecidas 22 órdenes de religiosos. Prácticamente están todas las tradicionales: carmelitas (calzados y descalzos), franciscanos, dominicos, trinitarios, agustinos... y otros de gran tradición docente como maristas, jesuitas y salesianos. No hay benedictinos. Tampoco quedan mínimos, a pesar de su gran tradición en la capital, ya que fueron los que acompañaron al ejército de Fernando El Católico en la toma de Málaga en 1487, trayendo consigo la imagen de la Virgen de la Victoria, patrona de la diócesis.
También mantienen su actividad once órdenes de monjas dedicadas a la vida contemplativa en 22 conventos (la mayoría fuera de la capital) y 47 congregaciones de religiosas de vida activa y que se dedican a la educación, la sanidad o los más necesitados, como Adoratrices, Hospitalarias, Reparadoras, Hermanitas de los Pobres, religiosas de La Asunción o de San José de la Montaña, por ejemplo. Además están las Hijas de la Caridad.
La edad media de los monasterios malagueños es muy alta y apenas si hay postulantes o novicias a la espera de profesar los votos (siguen habitualmente una vida monástica, acogida a una serie de reglas, entre las cuales suelen estar la obediencia, la pobreza, el celibato y, en algunos casos, aislamiento total de la vida civil). Según la Confer en Málaga (Conferencia Española de Religiosos), "son hombres y mujeres que dejan otros proyectos de vida para centrar su vivir en ese otro proyecto que han recibido como un regalo de Dios".
El vicario para la vida consagrada de la diócesis de Málaga, José Ferrary, destacó que no todas las órdenes gozan de la misma salud y que es difícil de precisar el número exacto de religiosos de Málaga, ya que cada convento es autónomo y no dependen del Obispado. Por su parte, el delegado de la Pastoral Vocacional y rector del Seminario Menor, Javier Guerrero, da algunas claves sociológicas que sirven para comprender por qué cada vez son menos los jóvenes que quieren ser curas, frailes o monjas.
Para empezar, es obvio que la sociedad ha cambiado mucho y los jóvenes de hoy tienen que renunciar a más cosas que los de antes. "Cuando se da este paso uno no debe fijarse en lo que puede perder, sino en lo que puede ganar y en lo feliz que va a ser. Es como quien se casa y piensa en las mujeres que va a dejar de conocer. No tiene sentido", explica Guerrero. Pero está claro que ayer como hoy, hay que hacer sacrificios, "con el añadido de que ser cura ya no goza de prestigio social", reconoce el rector del Seminario Menor. Por ejemplo, hay que desistir de una buena posición económica (un sacerdote diocesano cobra al mes 780 euros, así que no llega a ser ni siquiera ´mileurista´); y de formar una familia.
¿Habría más vocaciones si los curas se pudieran casar? "Ahí están los pastores protestantes, que sí pueden y tienen más crisis de vocaciones que los católicos. Además de que no podríamos mantener una familia, sería como profesionalizar la vocación y habría que elegir entre atender a la mujer y los hijos o a los fieles", señala Guerrero.
Otra razón de peso sociológico para explicar la crisis de vocaciones se encuentra en que las familias tienen menos hijos que antes. "Sin dudar de aquellas vocaciones, el Seminario se convertía en la única alternativa que muchas familias tenían para que, al menos uno de sus hijos, pudieran estudiar. Hoy en día es muy difícil. Hay muchos hijos únicos y hemos tenido casos de padres que se han molestado cuando sus hijos les han comunicado que querían estudiar para curas, como si nosotros los hubiéramos captado", añade.
Todo esto hace que la edad media del clero sea alta, aunque desde la Confer se asegura que "en la diócesis de Málaga hay mucha vida vocacional". "Podemos decir que la vida consagrada y los sacerdotes están trabajando intensamente en nuestra diócesis para ayudar a la juventud a encontrar su vocación, para que el Sueño que Dios tiene sobre cada uno se pueda ir realizando. Para que nuestra diócesis viva inmersa en una cultura vocacional. El valor de una vida, de una vocación no se mide por el número sino por la calidad de quienes la vive", concluyen en la Confer.