Alfonso Vázquez
Diego Antona es un artista afable que reparte sonrisas mientras habla de su vida, que comenzó en Madrid en 1930, en la calle de las Aguas.
Su padre tenía un puesto de carnicero en el mercado de la Cebada y allí que se incorporó, dejando la escuela hacia 1945. Pero la vocación artística ya le asomaba desde mucho antes y todavía recuerda la caja de acuarelas con la que, un día de los Santos Inocentes, pintó a la perfección un billete de un duro, atado a una cuerda, con la que tiraba cada vez que algún peatón descubría ´ese tesoro de posguerra´. "Una señora rompió el hilo y se lo llevó", recuerda riendo.
El joven Diego repitió la hazaña en algunos comercios ´y coló´, hasta que un tendero con las manos mojadas emborronó el billete y comentó: "lo han pintado encima", creyendo que era auténtico. "A partir de ahí no volví a pintar más billetes", cuenta.
Sus inquietudes artísticas le llevaron a compaginar el puesto en el mercado con la Escuela de Artes y Oficios, en donde conseguiría un premio extraordinario por oposición. Además, los días libres hacía retratos a amigos, "que primero no se animaban y luego me decían que les retratara con pipa, hasta que me pasé al paisaje: el que quisiera un retrato que lo pagara", señala sonriendo.
Diego Antona empezó a ser conocido en España y fuera de ella gracias a una exposición que montó en el propio puesto de carnicería del mercado. "Allí desfiló el NODO (todavía guardo la película) y la prensa nacional y extranjera". La muestra duró bastante y como recuerda, realizó entre los clientes el sorteo de un cuadro de la Virgen de la Paloma, mientras su padre se desesperaba por el ´acoso´ de los periodistas, aunque lo cierto es que el puesto familiar y los de alrededor se beneficiaron de estos nuevos clientes, que además de cuadros se llevaban productos del mercado.
Otro reto superado por el artista fue la confección, con la reforma del mercado de la Cebada, de un lienzo de diez metros de largo con todos los productos que ofrecía el mercado. "Lo titulé ´Arte por metros, llévese usted la cantidad que necesite´ y la gente iba cortando lo que quería".
La primera visita ´pictórica´ a Málaga se produjo en los años 60. Diego Antona siguió los consejos de un cura en Córdoba que le animó a mostrar su arte en la capital de la Costa del Sol. Escribió una carta a la Caja de Ahorros de Ronda y a partir de ahí, comenzó a realizar dos exposiciones anuales en la Caja de Ahorros de Ronda y en la Sociedad Económica de Amigos del País.
El éxito de sus paisajes y rincones de Málaga fue enorme. "Había años en los que me tenía que marchar sin haber concluido", cuenta el pintor, que recuerda cómo pintando una vista del Peñón del Cuervo para un cliente, "venía una persona y me pedía otro cuadro igual". Tanto le gustó Málaga que en 1975 compró un piso en Echeverría del Palo, una sorpresa para Carmen, su mujer. Desde entonces, se ha convertido en malagueño de adopción y sigue pintando. De hecho, conserva unas 300 obras listas para exponer. Algunas de ellas viajarán a Galicia en breve pero al artista le gustaría que se disfrutaran más en Málaga.