josé vicente rodríguez. Málaga
No cabe duda de que Málaga es una de las provincias que con más crudeza está pagando los efectos de la crisis económica, debido en gran parte a su especial vinculación al sector inmobiliario –el más afectado por la pésima coyuntura desde inicios del pasado 2008– y al sector turístico que, según un informe publicado ayer por Analistas Económicos de Andalucía (AEA), ha empezado ya a pagar el peaje de la bajada del consumo en el primer trimestre de 2009. Tal y como están ahora mismo las cosas, se prevé que la provincia de Málaga cierre el año con un crecimiento negativo del 5% en su Producto Interior Bruto (PIB), superando de largo las caídas calculadas para Andalucía (3,9%) y España (3,7%).
El informe de AEA, institución perteneciente al Grupo Unicaja, constata un "especial deterioro" económico en Málaga, que ha pasado de ser una de las provincias más dinámicas todavía en 2008 a encabezar la mayor caída de la producción en Andalucía. Ya en el primer trimestre de 2009 se produjo un desplome del PIB a ritmo del 4,5%, que se acercará a 5% a medida que avance el año.
Lo que más preocupa, lógicamente, es la destrucción de empleo, sin que las perspectivas a corto y medio plazo permitan ser optimistas ni a nivel malagueño ni andaluz. El paro alcanzará en Andalucía los 1,2 millones de personas, con un crecimiento de 315.000 parados en un año, lo que situará la tasa de desempleo en el 29% de la población activa.
Según AEA, Málaga rebasará con toda seguridad el 30%, en consonancia con las previsiones de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM), que vaticinó hasta un 33% a cierre de 2009. Teniendo en cuenta que la última EPA ya daba 210.000 parados en Málaga con una tasa del 27%, la provincia podría llegar a 230.000.
Futuro. Otra mala noticia para Málaga es que el turismo, uno de los sectores que mejor había aguantado la crisis, comienza a dar síntomas de debilidad. AEA afirma que se ha producido en la provincia malagueña un "acusado empeoramiento" del turismo y que la demanda hotelera, con una caída de la ocupación del 20% en Málaga, se ha visto "seriamente afectada". La ocupación se sitúa por debajo del 40% en la media andaluza.
"Andalucía y, en especial la Costa del Sol y Almería, están siendo las más afectadas por la caída de la actividad turística, una bajada que se espera que se mantenga a lo largo del año", subrayaron el consejero delegado de AEA, Francisco Villalba, y la directora del informe, Felisa Becerra. Las previsiones apuntan a que, en el conjunto de este año, el número de viajeros en establecimientos hoteleros andaluces podría descender en torno a un 12% y otro 16% en cuanto a tráfico aéreo.
"Con el consumo de las familias e inversores cayendo hasta un 10%, es difícil pensar que el turismo pueda sustraerse a esta situación durante este verano que empieza", explicó Villalba en alusión a familias que sacrifiquen sus vacaciones o turistas que reduzcan el gasto.
Hasta aquí lo negativo. La parte buena, para consuelo del que quiera, es que lo peor de la crisis podría ya haber pasado. Villalba y Becerra apuntaron que el primer trimestre del año podría haber sido "el peor" del actual ciclo económico y que los ritmos de decrecimiento ya "han tocado fondo". Es decir, seguiremos bajando, pero "a un ritmo menor". En especial se citó el caso de la construcción donde la pésima evolución de indicadores como las compraventas o las hipotecas permiten predecir que estamos en las mayores tasas negativas posibles y que el futuro tiene que ser, por lo menos, de caídas más suaves.
Villalba afirmó que no será hasta finales de 2010 y principios de 2011 cuando se retomen las tasas de crecimiento positivas, aunque recordó que mientras no se vuelva a crecer por encima del 2% no se empezará a crear empleo. "Y para eso falta todavía más tiempo", añadió. ¿Soluciones? El consejero delegado dijo que todo pasa por crear un nuevo modelo constructivo, incidir en los factores que potencien la competitividad del sistema productivo (innovación, reformas del mercado trabajo, mayor formación e internacionalización), así como que el Gobierno actúe en materia de política fiscal para incentivar el consumo.