jose torres. Málaga
Mientras las autoridades celebraban ayer en Málaga el 50 aniversario de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil en una sala con aire acondicionado, Lucas Santos y Andrés Zambrana cumplían con su deber en un coche patrulla en el turno que comenzaba a las 14.00 horas. Bajo un terral y un sol implacables, su zona de trabajo es el triángulo que delimitan la ronda Oeste –a la altura de El Limonar–, Casabermeja y Fuengirola.
Entre incidentes y comunicaciones por radio, los agentes explican a La Opinión de Málaga cómo ha evolucionado la agrupación en los últimos años, tanto en medios como en recursos humanos. De hecho, la agrupación nació en la provincia en 1961 con un total de 40 motoristas por los 280 que cuenta en la actualidad.
"Ha cambiado todo. Nuestra forma de trabajar, la normativa, la forma de conducir de las personas y los propios vehículos", apuntaba Santos. Mientras su compañero Andrés enciende la sirena y pisa el acelerador para dar cobertura a una colisión por alcance producida en la autovía del Guadalhorce, a Santos le sorprende el comportamiento de la gran mayoría de los conductores a los que sanciona. "Lo que más les importa son los puntos. Incluso más que la cifra de la multa, apunta el cabo primero, quien añade que los conductores más afectados son aquellos que ya han perdido alguno de sus puntos.
Alcoholemia. El siguiente punto de trabajo se establece en la rotonda del Parador de Golf a las 16.00 horas, donde los dos agentes establecen en apenas dos minutos un control de alcoholemia. "No es la hora en la que más positivos encontramos, pero nunca se sabe", señala Zambrana a la hora de la sobremesa.
En tres cuartos de hora, con los zapatos sobre un asfalto de fuego, los dos agentes, posteriormente apoyados por otra pareja de guardias civiles, realizan el test a una treintena de conductores sin tener que sacar la libreta y el bolígrafo. Un 0,15 y un 0,17 no sancionables de dos jóvenes (el límite es 0,25) son los únicos incidentes que acaban en advertencias y un saludo militar. Aquí, Lucas Santos señala cómo mujeres y hombres se han equiparado al volante en todos los sentidos. "Hace unos años la mayoría de los conductores eran hombres. Ahora está más igualado, incluso cuando hablamos de sanciones por conducir bajo los efectos del alcohol", abunda el jefe del dispositivo. Sin embargo, el caso más escandaloso al que se ha enfrentado ocurrió en Albacete, cuando un camionero conducía un tráiler con una tasa de 2,25. "Necesitamos hasta diez kilómetros para que el hombre se diera cuenta de que queríamos que se detuviera", recuerda.
La ruta continúa en dirección Fuengirola, pero el conductor de una furgoneta es sorprendido mientras hablaba por un teléfono móvil. Tras las indicaciones oportunas, los agentes invitan al conductor a parar el vehículo en una estación de servicio, lugar en el que el hombre reconoce su error y le comunican una sanción de 150 euros y tres puntos menos. Apenas unos metros después, los agentes asisten a un conductor con el coche averiado en el arcén. Este hombre esperaba la grúa, pero le indican que es obligatorio poner los triángulos. El coche patrulla continúa su camino hacia Fuengirola. Llegado el límite, Zambrana vuelve hacia Málaga. La ausencia de incidentes da pie a la conversación sobre el cómo y el por qué los agentes trabajan para la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. En el caso de Santos, que suma 32 años en el cuerpo y 29 en Tráfico, manda la tradición. "Mi padre es guardia civil, y dos de mis hijos han seguido nuestros pasos", explica el agente. Andrés, por su parte, es un caso puramente vocacional, ya que "desde pequeño siempre tuve condición de motorista y mi meta siempre fue la agrupación".
La conversación la interrumpe otra. La que mantenía una conductora a través de su teléfono a la altura del Palacio de Ferias y Congresos en dirección Málaga. Otros 150 euros y tres puntos menos.