LUCAS MARTÍN MÁLAGA
No se sabe si la crisis es realmente una oportunidad, pero lo que está claro es que alienta la imaginación. Al menos, en Málaga, donde la mayoría de los trabajadores están obligados este año a transformar una duna de Torremolinos en el desierto del Sáhara o convertirse en cosmopolitas de salón. Aquí los viajes al extranjero van camino de derivar en productos de lujo. Según la Asociación de Empresas de Agencias de Viaje (Aedav), el descenso de la contratación ha sido brusco este año, que cerrará, de acuerdo con las previsiones, con alrededor de un 50% de trayectos menos que en 2008.
La depresión económica se ha cebado con las rutas más lejanas. Si en los últimos años, los desplazamientos al extranjero suponían el 70% del total, este curso apenas representarán un 30%. Las razones apuntan directamente a la coyuntura económica y sus efectos, especialmente en lo que respecta al mercado laboral.
Joaquín Fernández Gamboa, vicepresidente del colectivo, explica que los malagueños no han renunciado a las vacaciones, pero que la perspectiva ha demudado, de manera radical, su manera de viajar. Este verano el producto más demanda es la escapada de cuatro o cinco días a playas cercanas, principalmente Cádiz y casi siempre con la búsqueda de la oferta como condición indispensable para la contratación.
El perfil del viajero se corresponde con una familia con hijos, a menudo azorada por la inestabilidad laboral de uno de sus miembros y pocas ganas de asumir riesgos. Los trayectos más ambiciosos se reservan para los trabajadores por cuenta ajena y con salario garantizado. En líneas generales, retornan las clases a la hora de tomar un avión.
Lo que no cambia en exceso, a pesar de la gripe porcina y las tensiones bélicas, son las preferencias de la población de la provincia. Los más pudientes se decantan mayoritariamente por los vuelos transoceánicos, principalmente Estados Unidos y Tailandia. Una propuesta que aglutina entre el 17% y el 20% de los viajes al extranjero que se contratan en Málaga, de acuerdo con el representante de Aedav.
También gozan de predicamento las ciudades patrimoniales de Europa, entre las que destacan las de Francia, Inglaterra, Italia, Países Bajos y, en menor medida, las pertenecientes al extinto bloque del Este. Se trata de una modalidad requerida por el 35% y el 40% de los viajeros que optan por el extranjero, que se decantan, salvo excepciones, por un máximo de cinco días de turismo. El resto de la tarta de los desplazamientos se la lleva El Caribe, principalmente Cuba y Punta Cana. Con el permiso claro está de los cruceros.
Destinos soñados. En este último subsector sí que se han detectado cambios como consecuencia de los aprietos del dólar y de la actualidad competitiva. Uno de ellos, resalta Fernández Gamboa, es la guerra de precios, desatada entre las diferentes compañías que pugnan por introducir al turista en un barco y llevárselo a recorrer países en periodos raras veces superiores a los quince días.
En cuanto a la influencia de la gripe A, el especialista tiene claro que no se deben magnificar en exceso. Lo único que se ha advertido es un descenso de las contrataciones en formato ´todo incluido´ en hoteles de México. "Aquí somos muy hipocondríacos, pero con precaución en los aeropuertos, no existe ningún tipo de problema", señala.
El ránking de ciudades más solicitadas por los malagueños, entendiendo por éstos a los que pueden permitirse un viaje al extranjero, está encabezado por Nueva York, que es el destino con mayor demanda de fuera del continente, seguido de Tailandia y la India. En clave más cercana, los puntos en los que más se oirá el acento local durante este verano serán París y Londres, casi con el mismo número de contrataciones, y la plétora de capitales italianas, Roma, Florencia y Venecia, sobre todo. Siempre quedarán las postales.