josé antonio sau. Málaga
Pilar de Haro Mañas entró en el Colegio de Abogados como empleada en 1978. Sólo tenía 18 años. En ese tiempo, se licenció en Derecho y, en 1988, accedió a la Secretaría Técnica. Es el cerebro gris de la institución y sus compañeros no sólo reconocen su valía profesional, sino también su profunda humanidad y su compromiso con la profesión de letrado. El Consejo General de la Abogacía le concedió en mayo la Medalla al Mérito en el Servicio a la Abogacía tras más de treinta años ejerciendo de mano derecha de los decanos más recordados. El actual, Manuel Camas, le entregó ayer el galardón en un acto que contó con la asistencia de numerosos amigos, familiares y letrados en ejercicio.
–¿Qué supone para usted la concesión de esta medalla?
–Sólo siento agradecimiento y es, lógicamente, un reconocimiento. Yo no soy abogada en ejercicio, pero es la primera vez que se le concede este distintivo a una mujer en la provincia, y también la primera en la que se distingue a una responsable administrativa. Todos mis compañeros se la merecen por el apoyo demostrado.
–¿Cuál ha sido la evolución del Colegio en treinta años?
–Ha sido enorme. Por ejemplo, en el número de colegiados. Cuando yo entré, en 1978, había 400 ó 500, y ahora hay más de 5.000. El colegio ha tenido muchos avances, porque la profesión crece con la sociedad, está en la calle, en contacto con los ciudadanos. Debe adaptarse a la realidad. Otra gran evolución ha sido, sin duda, la incorporación de las mujeres a la profesión. Cuando llegué había como mucho 20 compañeras, y ahora el porcentaje es del 50%, muy significativo.
–¿Qué persona le ha marcado más en su trayectoria?
–Todo el mundo me ha marcado un poco. Tengo un recuerdo especial para los que no están, que son los decanos que han faltado y que por su cariño y afecto deberían haberse encontrado ayer en el acto: Agustín Moreno, José Antonio Peláez y Andrés Oliva. También, lógicamente, me han marcado mucho los abogados y mis propios compañeros.
–¿Cómo entró al colegio?
–El Colegio necesitaba contratar a alguien y el entonces decano, Fernando García Guerrero Strachan, preguntó a un despacho allegado. Allí le dijeron que había una chiquita a la que le gustaría entrar en el colegio. Mi tío era muy amigo de Fernando. Como se entraba antes a los sitios. Me llevaron, me hicieron una entrevista y hasta hoy. Al cargo llegué en 1988 por concurso. En esos diez años estudié la carrera en la primera promoción de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga.
–Tendrá muy buenos recuerdos de esa época...
–Pasé muchos ratos fantásticos. Hoy –por ayer–, durante mi discurso, hemos puesto una galería de fotos y hay muchos recuerdos. Cuando te paras y piensas un poco, recuerdo que entré en la sede colegial del Muelle Heredia, pasé después por el Palacio Miramar y ahora, desde 1994, estoy en la sede actual. En el camino he hecho muchos amigos y he conocido a mucha gente. Hasta los malos ratos están llenos de comprensión por parte de mis compañeros. Siempre miramos hacia delante.
–¿Cuáles son los retos de la institución?
–Avanzar juntos. Cada vez hay más letrados jóvenes, las nuevas tecnologías nos comen, en aquella época se usaba papel carbón. La abogacía es cada vez más reconocida por la sociedad y así lo reflejan las encuestas, en las que la imagen del letrado es muy favorable.
–¿Nunca le llamó el ejercicio?
–Estuve dos años en un despacho. Y no se me daba mal ¿eh? Pero no llegué a ejercer. Me gustaba mi trabajo actual mucho más.
–Y a partir de ahora, ¿qué?
–A seguir trabajando con mi junta. Ahora tenemos el Congreso de la Abogacía Malagueña, los días 15 y 16 de octubre, al que van a asistir miles de letrados. Y hay muchos más proyectos que continuar. El lunes estaré otra vez en mi puesto de trabajo a primera hora de la mañana.