Política

Ponga una mancomunidad en su comarca, es la última moda

Los enfrentamientos políticos y el uso partidista empañan el funcionamiento de las mancomunidades de la provincia. Los proyectos del Guadalhorce y de Nororma tampoco se libran de la polémica

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Guadalhorce. Alcaldes de la comarca con Miguel Ángel Heredia. l. o.
Guadalhorce. Alcaldes de la comarca con Miguel Ángel Heredia. l. o. 

VIRGINIA GUZMÁN. MÁLAGA Aunque suene a muy tópico, la unión hace la fuerza. Y, sobre todo, trae beneficios. Eso deben pensar los partidos políticos de Málaga, que de repente han decidido centrar sus esfuerzos en poner en marcha de mancomunidades por todo el territorio provincial. Hasta el momento, sólo funcionaban las de la Costa del Sol Occidental, la Costa Oriental-Axarquía y la de la Sierra de las Nieves, ésta última creada hace tan sólo unos años. Pero ahora se multiplican los proyectos y las apariciones públicas para dotar de este organismo al Valle del Guadalhorce y a Nororma (comarca de nombre inventado que agrupa a Archidona, las ´Villanuevas´ y las ´Cuevas´). Y todo ello sin olvidar que el PP ya amenazó en su día con crear una mancomunidad alternativa en la Costa del Sol, tras su abrupta salida de la ya existente –provocada por los movimientos que siguieron a la moción de censura de Benalmádena–.

Las mancomunidades están de plena moda. Y en el centro de la polémica. Pero, ¿por qué? Como en botica, hay respuestas para todos los gustos. Por aunar servicios básicos como basura o abastecimiento y dar mejor servicio, por conseguir más subvenciones del resto de administraciones públicas, por ayudar a los más pequeños… y por tener más empleo y más rédito político. Y esto último, en plena carrera ya hacia las elecciones municipales de 2011, es un factor nada desdeñable. Fuentes socialistas consultadas por este periódico explican que con la creación de una mancomunidad se trata de aplicar "el principio de la solidaridad", es decir, dar vida a un organismo que ayude a los pueblos más pequeños a acceder a gestiones o ayudas que por su falta de medios no podría llevar a cabo o, en el caso de municipios de tamaño medio, a abaratar costes de unos servicios que se pueden prestar de forma común (crear empresas de agua, de recogida de residuos, de tipo social…).
Pero este principio de solidaridad no siempre gusta a los ayuntamientos, muchos de los cuales prefieren seguir su camino en solitario, ya que su economía no necesita de apoyos y se vería diezmada si tienen que aportar dinero para mejorar unos servicios que funcionan bien en su territorio pero que pueden ser deficientes en el pueblo vecino.
Y todo ello sin olvidar el coste que supone crear de la nada un nuevo organismo de esas características, un coste que tendrían que asumir sus participantes. Del lado positivo, los partidos destacan las posibilidades económicas, ya que los pueblos podrían acceder a ayudas de todo tipo: turísticas, sociales, tecnológicas… De hecho, el Plan ZP también ha beneficiado a las mancomunidades malagueñas.

Pero la política puede ser un mala compañera y dar al traste con cualquier posibilidad de unión. Ejemplos los hay a montones. Cierto es que el funcionamiento propio de una mancomunidad no da más poder a las siglas más votadas en global. De ahí la paradoja de la Costa del Sol: el PP es el más votado, pero el gobierno del organismo está en manos de IU y PSOE. En la Costa Oriental, a la que recientemente se unieron numerosos pueblos del interior axárquico, los conflictos entre los alcaldes de distinto signo han sido una costumbre. Y es que las posibilidades políticas que ofrece tener otro órgano de gobierno controlado son infinitas. La más importante: es una fuente de empleo para cargos de confianza y políticos que no han obtenido un puesto. Y eso es una de las principales armas de guerra entre los partidos, que se acusan unos a otros de utilizar este tipo de organismos como oficina de empleo.
Y como oficina propagandística. Más aún con unas elecciones medianamente cerca. Los proyectos conseguidos, las obras llevadas a cabo, las mejoras en la prestación de servicios básicos… todo ello se puede asociar a una marca política, ya que al fin y al cabo los presidentes y vocales de las mancomunidades tienen detrás unas siglas políticas y responsabilidades en ayuntamientos de la comarca de turno.
Y aunque una mancomunidad es cierto que puede traer muchísimos beneficios, también es cierto que puede nacer herida de muerte si no hay acuerdo político. No todos los casos son iguales. En Sierra de las Nieves, por ejemplo, no se han oído grandes conflictos, pero no hay que olvidar que sus pueblos son más pequeños y no hay tantos votos ni tanta presencia pública en juego.
Otra cosa es lo que está ocurriendo en el Valle del Guadalhorce y en Nororma. En el primer caso, se han unido los alcaldes socialistas de Coín, Álora, Cártama, Valle de Abdalajís, Almogía y Pizarra, con el beneplácito del PSOE provincial, pero en su presentación no estuvieron Alhaurín de la Torre y Alhaurín el Grande, dos de los municipios con más peso comarcal y los únicos gobernados por el PP. ¿Tendría sentido una mancomunidad sin ellos? ¿Se seguirá trabajando en su incorporación? Desde luego, sin un acuerdo global la mancomunidad puede iniciar su camino bastante coja.
Y en el otro caso, tras muchos dimes y diretes, la que se ha desvinculado del proyecto ha sido Archidona. Y con la negativa, precisamente, de ediles socialistas de la localidad, que en un principio incluso optaba a la sede. Como en el Guadalhorce, cabe preguntarse qué sería de esta futura mancomunidad si en ella no está presente el municipio de más peso geográfico y poblacional.
Y, por último, otra cuestión que queda en el aire: ¿Por qué los municipios más necesitados de la provincia, en este caso los de la Serranía, no están mancomunados? Esa comarca, con problemas de despoblación, empleo y carreteras, entre otros, sí que se podría beneficiar del principio de solidaridad, aunque no se puede olvidar que Ronda, la cabecera, tiene tantos habitantes como el resto de los pueblos juntos. En estos casos, la respuesta política es clara: a falta de nuevos proyectos, se dan pequeños grandes pasos y destacan la meritoria labor realizada por los grupos de desarrollo rural, el Ceder de Ronda u otro tipo de organismos, como el Consorcio de Guadalteba, que en los últimos años ha conseguido cambiar la cara de los municipios que lo integran.

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