L.O. MÁLAGA
La relación entre la prosperidad del planeta y el bienestar de los ciudadanos parece condenada a un logaritmo irresoluble. Mientras la sociedad se ahoga, la capa de ozono respira. La crisis económica, unida al uso de energías alternativas, ha contribuido a rebajar la emisión de gases contaminantes, situación a la que tampoco ha sido ajena la provincia.
De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, el país ha alcanzado la cifra más baja de perturbación de la atmósfera de los últimos diez años. Los niveles de dióxido de carbono empiezan a descender conforme la pauta exigida por los especialistas. En Málaga, los expertos coinciden en sancionar el cambio de tendencia, aunque carecen, por el momento, de datos circunscritos en exclusiva a la provincia.
El área de Medio Ambiente del Ayuntamiento asegura que editará un tríptico en las próximas fechas en el que especificará la evolución de la contaminación en la capital, que, por el momento, según fuentes municipales, suscita "un baile de cifras". De lo que no cabe duda es que el resultado será positivo en términos de ralentización del cambio climático y fundación de una nueva dinámica.
La Delegación Provincial de Medio Ambiente propone una lógica aplastante. A menor número de vehículos corresponde una exhalación menor de gases con efecto invernadero. Un argumento al que se une el descenso de la actividad fabril y de la producción, que ha contribuido a frenar el aumento de las emisiones.
De acuerdo con la Diputación de Málaga, el tráfico concentra el 40 por ciento de la contaminación ligada al calentamiento del planeta. El resto se debe a la producción y, en el caso de la provincia, sobre todo, a la actividad de la cementera. La reducción del consumo energético de los ciudadanos resulta en esta ecuación enormemente relevante, ya que la administración ha decidido estrechar el cerco a las empresas.
Ese es uno de los objetivos de buena parte de la inversión en Medio Ambiente de la Diputación de Málaga, donde se trabaja con la mira puesta en 2020. El diputado Cristóbal Guerrero asevera que las instituciones públicas reducirán un 25 por ciento sus emisiones si aplican las recomendaciones inscritas en el documento de la Agenda 21, que prescribe, entre otras cosas, el uso de energías alternativas y la optimización de los recursos existentes.
La bajada del número de vehículos que transitan la provincia tampoco resulta una aportación residual o menor. En términos medioambientales, un litro de combustible equivale a 2,5 kilos de CO2, lo que agiganta la emisión si se tienen en cuenta las pautas de consumo habituales de los vehículos, que hablan de entre siete y diez litros cada cien kilómetros. Una proporción que se traduce en toneladas con un tímido paseo diario entre poblaciones situadas en la Costa del Sol tan distantes entre sí como Marbella y la capital. El camino empieza a espejear. Aunque a un precio, el de la crisis, demasiado caro.