Las tareas del hogar en los pisos de los hombres son un escollo a salvar frente al de las mujeres, según explican las responsables que coordinan y controlan el funcionamiento de estos inmuebles.
Manolo en esta faceta ha logrado un giro radical. De hecho, ahora tiene el piso como los chorros del oro, que dicen algunos. "Yo pongo la lavadora, hago la cama, limpio la cocina, la terraza, de todo", indica. Tiene 74 años y hace ya entre diez y doce que reside bajo estas paredes de la calle Pinosol. Casi ni se acuerda.
Normalmente cada día colabora en el Mercado del Carmen. "Yo estoy contento aquí. Además, ¿dónde voy a ir?", dice. "Antes vivía en una casa por Mármoles, pero se vino abajo y nos echaron. Estuve ocho meses en una residencia, en el centro de mayores, y posteriormente pasé a este piso", relata el inquilino.
La coordinadora de la red de acogida municipal, Rosa Martín, explica que se trata de que tengan claro que esta es su casa y que tiene que colaborar. Las personas beneficiarias de este recurso son válidas. Una vez van envejeciendo o ven mermada sus capacidades ya pasarían a otro recurso más adecuado, como una residencia, indica Martín.
En este piso tienen plena libertad para continuar sus vidas, aunque eso sí, siempre respetando las normas mínimas de convivencia establecidas.