Obras

Negocios con el agua al cuello y molestias: la cara gris de las zanjas

Los comercios del entorno de la calle Cuarteles aseguran que han perdido el 50% de sus clientes por las obras

 
Intervención. Perspectiva de las obras de la calle Cuarteles.
Intervención. Perspectiva de las obras de la calle Cuarteles.  Arciniega

lucas martín. Málaga Los solares no representan sólo una manera, abrupta y elemental, de entender el paisaje. Su presencia significa transformación, obra, cambio. Málaga está cuajada de metamorfosis, pero la rebelión no tiene a todo el mundo contento. Entre otras cosas, porque lo único que ha traído hasta el momento, según vecinos y comerciantes, es polvo y pérdidas. Incluso, despidos.
Las quejas van en aumento en función de la magnitud y la continuidad de las máquinas. Los que sufren una pequeña zanja, fruncen el ceño y se preocupan por un eventual retraso y por las primeras molestias de los escombros. Nada que ver con los que padecen las grandes intervenciones, que en algunas zonas empiezan a cuestionar los beneficios del arreglo, del andamio, de la infraestructura promovida por la Junta, Fomento o el Ayuntamiento.
En el entorno de la calle Cuarteles, la paciencia empieza a debilitarse. Las obras, necesarias para la prolongación del Cercanías, han comprimido sus ingresos durante los últimos dos años. "No nos van a devolver lo que hemos perdido", señala José Caballero, uno de sus comerciantes.
De acuerdo con la mayoría de los comerciantes consultados por este periódico, la facturación de los negocios se ha reducido más de un cincuenta por ciento por la providencia del martillo y la interrupción de la circulación en el grueso del último ramal de la calle, el más cercano a la estación de ferrocarriles. "Teníamos mucha clientela de gente que circulaba por aquí, esto es una calle de tránsito", indica José Antonio Carmona, empresario de la zona.
La impresión se hace casi universal en los doscientos metros que gobiernan la zanja. O mejor dicho, en su perímetro, donde apenas queda espacio para transeúntes y puertas de entrada. Fernando Liñán asegura que las obras han diezmado la clientela de su restaurante y lamenta el descenso del tráfico, que todos los días le reportaba parroquianos. "Ahora sólo vienen los que viven por aquí", precisa.
Caballero va más allá y dice que las molestias influyen, incluso, en la relación con los proveedores y la demora en los pedidos. Además de otros efectos peligrosamente colaterales: grietas y material electrónico destrozado por la potencia de las excavadoras. "Dicen que no van a hacer aparcamientos, las pérdidas serán para siempre", puntualiza. El ´gallardonismo´, la proliferación de obras, no convence demasiado.

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