ALFONSO VÁZQUEZ
A los más viejos del lugar les sonará el nombre de Federico García Sanchiz, un hombre que como González Marín se hizo asiduo en los cines y teatros desde los años 20 a los 50 por su verbo florido, en este caso encauzado en sonadas conferencias, de ahí que él mismo se describiera como ´charlista´.
Este valenciano extrovertido también dedicó tiempo a la escritura y en 1929 resumió el fruto de sus paseos por nuestro país en ´El viaje a España´, la primera parte de un librito dedicado a Isaac Albéniz, centrado en Andalucía y Extremadura, y que incluye una de las visiones más hermosas, tiernas pero también tópicas sobre Málaga y sus habitantes.
Comienza el viaje, no podía ser de otra manera, en la calle Larios, sentado en los sillones de bejuco de las aceras, describiendo el trasiego de los vendedores callejeros y llegando a una conclusión parecida a la de Salvador Rueda: "Ya se ve que Málaga tiene de zona tórrida. Pues tiene además de África. Y de Alemania, y de Inglaterra. Y es Andalucía".
Descubre el ´charlista´ "en el pueblo, reflejos señoriles, dado el comercio de los gentlemen" y resalta, como ya hizo el británico Carter a finales del XVIII, esa Málaga paraíso del ´nuevo rico´. Así, recalca la "mansa locura" que en ciertos periodos ha flotado sobre Málaga "multiplicándose los millonarios", al tiempo que resalta los tipos "simpáticamente estrafalarios" cargados de adornos y los "borrachos con apellido ilustre, bondadosos, risueños".
Conocía bien García Sanchiz nuestra ciudad de estancias pasadas. Tuvo la suerte además de alojarse en la Aduana, en la esquina del Parque ("uno sobre los magnolios y la otra al mar").
En uno de sus recorridos por Málaga en coche de caballos, utiliza los servicios del cochero del obispo, que aprovecha que su jefe está de visita por la provincia para ´cuadrar´ el presupuesto.
Lo más curioso de este viaje es, sin embargo, la impresión general que recibe de Málaga, a sus ojos, un paraíso a medio civilizar, pero también ´una joya en potencia´, con todos los defectos y virtudes que esto conlleva. De hecho, afirma que Málaga "equidista de la selva virgen y de Montecarlo" y su norma de vida es "abandonarse a las sensaciones".
El Perchel; Gibralfaro; las fincas de San José y La Concepción; El Limonar y Pedregalejo... el ´charlista´ recorre una Málaga bastante idealizada, en la que se muestra encantado del ambiente general salvo a la hora de resumir la oferta cultural: "Existen templos, un museíto, bibliotecas, colecciones particulares de cuadros y la Catedral". Un viaje propagandístico digno de recuperarse.
Enfado
En la plaza del centro de salud de Bonaire y La Luz continúa el enfado por el estado ´semiacuático´ del aparcamiento de Bonaire. Una pintada recuerda al alcalde que debe cumplir sus promesas. Para el Ayuntamiento todo está claro y sin problemas en el ´parking´.