IGNACIO A. CASTILLO. MÁLAGA
El ministro de Educación ha lanzado un globo sonda. Ahora se trata de conocer qué opina la comunidad educativa sobre la posibilidad de que sea obligatorio ir a clase hasta los 18 años. Porque, como en el mítico concurso ´Un, dos, tres´, Gabilondo hasta ahí pudo leer. Fue sólo una sugerencia sin más honduras. Y precisamente es eso lo que reclaman los principales agentes educativos de la provincia: quieren conocer más detalles. En principio, aunque pueden estar a favor en el fondo, consideran que la medida sería ineficaz y hasta perjudicial si la oferta académica no se hace más flexible.
"No puede haber café con leche para todos", resume Pilar Triguero, presidenta de la Confederación Democráticas de Asociaciones de Padres (Codapa). El diagnóstico es compartido por casi todos, si no por todos. El sistema, en la actualidad, es demasiado rígido. Y, a juicio de muchos expertos, es una de las causas de las elevadas tasas de abandono temprano de los estudios (en España, casi un tercio de los alumnos deja de ir a clase sin lograr su título de graduado en ESO, el doble de la media europea) y de los cada vez más frecuentes episodios de violencia escolar. "Los alumnos no son tontos y saben lo que les interesa y lo que no. Hay que ofrecerles alternativas atractivas. Mantener un único itinerario sería persistir en el mismo error de ahora", asegura Gonzalo Guijarro, portavoz en Málaga del sindicato Apia (Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía).
Aportación a la sociedad. El delegado provincial de Educación, Antonio Escámez, considera que sería fundamental orientar esta formación hacia el empleo, "como una aportación social de la escuela a la sociedad". Es decir, que obligar a ir a clase porque sí sería contraproducente. "En los centros hay alumnos que no encuentran sentido su presencia en el aula y protagonizan actitudes de rechazo a la recepción de los conocimientos", reconoce el delegado. Y esto perjudica al resto. "Para ´reventar´ una clase basta sólo con un alumno", explica el catedrático de la UMA Miguel Ángel Santos Guerra.
Sin embargo, otra lectura es posible. Santos Guerra aplaude cualquier tipo de iniciativa que sirva para ampliar la educación obligatoria, ya que considera que se trata de una medida democratizadora, aunque también coincide a la hora de destacar que sería necesario flexibilizar la oferta. "No se puede mantener a adultos en clase en contra de su voluntad como si fueran trabajos forzosos", dice. Pero también hace el siguiente ejercicio de autocrítica: "¿Qué puede mejorar la escuela para ser más atractiva?"
En la Universidad de Málaga también se apuesta por presentar una oferta académica adicional encaminada a la Formación Profesional, con más módulos de grado medio o, incluso, nuevas y diferentes modalidades de Bachillerato ya que, según Juan Antonio Perles, vicerrector de Estudiantes de la UMA, "un único Bachillerato bajaría la calidad de la enseñanza". "Todo lo que signifique aumentar el nivel educativo de nuestros jóvenes significa facilitarle nuevas oportunidades, pero hay que diversificar los itinerarios y que cada uno elija lo que mejor le convenga, de acuerdo a sus aptitudes, ya que si no, la nueva situación acabaría incidiendo en la disciplina en el aula", resume Perles.
"Al final vamos a tener que recuperar el espíritu de la Logse", interviene Pilar Triguero, que precisamente buscaba adaptar la formación del alumno a sus capacidades. "Defendemos que los jóvenes tienen que terminar su etapa educativa lo mejor formados posible", añade.
¿Qué haría falta además? Más medios, más profesores, más espacios, aulas específicas... muchas cosas. "Por eso digo que según y como", responde Felipe Foj, profesor de Bachillerato del IES El Palo, que también opta por aumentar los ciclos formativos y otras enseñanzas complementarias prácticas.
Más recursos. En la misma línea se manifiesta José Fernández, secretario de Enseñanza de CCOO en Málaga. "Todo lo que sea aumentar la edad de escolarización obligatoria tiene que venir acompañado, necesariamente, de más recursos", sobre todo si, como queda demostrado, hay que ampliar la oferta, algo que incluso reconoce el propio ministro, que admite que el sistema es "demasiado rígido".
Con esta medida, España emularía a otros países de la UE que ya han hecho lo mismo. El mapa de la escolarización en Europa muestra que hay que ir obligatoriamente a clase hasta la mayoría de edad en países como Bélgica, Holanda, Alemania, Polonia o Hungría, aunque en todos ellos, las tasas de abandono son muy inferiores (en Polonia sólo cinco de cada cien alumnos).