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JOSÉ VICENTE RODRÍGUEZ. Málaga Luis de la Maza defiende que las cajas rurales con actores cada vez más relevantes en el sistema financiero, entidades que trabajan la responsabilidad social corporativa (un concepto tan de moda) desde hace 40 años. Cajamar tiene cerca de 600.000 socios cooperativistas que aportan capital –unos 1.090 millones de euros– y que reciben a cambio una remuneración del mismo. Y destina un 10% de nuestros beneficios a acciones sociales y culturales. Su plantilla, de casi 4.100 personas, mantiene una paridad del 50% entre hombres y mujeres y en la región sur, un 34% de los directivos son mujeres.
–Según muchas instancias parece que podemos asistir a los primeros síntomas de recuperación, algo que en España podría percibirse a finales de 2010. ¿Comparte el análisis?, ¿cree que a Málaga le costará mas trabajo aparcar la crisis por su dependencia de la construcción?
–Soy prudente, y creo que todavía falta algo de tiempo. A mi juicio, lo veremos cuando las cifras del paro dejen de crecer mes a mes y se empiecen a crear de nuevo puestos de trabajo. La recuperación en Málaga estará en sintonía con el conjunto de España. Es cierto que la dependencia del sector de la construcción es mayor que en la media, pero también que la recuperación europea ayudará a reactivar el turismo en Málaga. A mi entender, el sector turístico, por las infraestructuras, los profesionales y la bonanza del clima en Málaga, tiene que ser uno de los motores económicos y de creación de empleo. Saldremos antes y con más fuerza que el resto, pero también porque caímos antes y de forma más pronunciada.
–El origen de esa crisis fue financiero por las malas prácticas de la banca de Estados Unidos, ¿el sistema ha aprendido la lección o estamos condenados a repetirnos?
–La Historia siempre nos demuestra la extrema fragilidad de la memoria. No obstante, los mecanismos de control se van perfeccionado y las autoridades regulan de manera más precisa. En la actual crisis, la posición del sistema financiero español ha sido mucho más sólida que la resto de países gracias a las medidas impuestas por el Banco de España tras las anterior crisis de principios de los 90. Pero desgraciadamente, cuando pasan los momentos de debilidad, la euforia financiera es algo recurrente y seguro que antes o después nos llevará a que en algunos países se repitan episodios de esta naturaleza. La memoria durará un tiempo, pero no toda la vida.
–Un reproche a los bancos y cajas ha sido la paralización del mercado del crédito, que ha estrangulado a familias y a empresas. ¿Deben hacer ustedes hacer autocrítica?
–El problema ha sido la desconfianza que ha habido en el mercado, pero creo que ya se está recuperando la liquidez. En este escenario, se han tenido que valorar mucho más los riesgos y el control, y esto ha podido ralentizar los créditos, pero nunca paralizarlos. Por lo menos, Cajamar ha mantenido sus cuotas e incluso que las ha aumentado. También es verdad que han disminuido mucho los demandantes de crédito.
–Esta época se caracteriza por una necesidad casi imperiosa de fusionar entidades financieras. En el ámbito de las rurales, ¿ha terminado Cajamar con estos procesos tras la fusión con Caja Rural del Duero y con la formación del grupo cooperativo con Caja Campo, la Caixa Rural de Albalat dels Sorells y la Caja Rural de Casinos?
–En este momento, el proceso de reordenación financiera está todavía abierto, y hay que esperar a próximos meses para ver cómo se cierra. Cajamar aspira a mantener su liderazgo en el sector de las rurales y a ampliar presencia a nivel nacional. Por eso hemos promovido este primer grupo cooperativo de crédito en España junto a esas cajas valencianas. Estamos pendientes de la aprobación e inscripción. Esperemos que esté plenamente operativo en tres o cuatro meses.
–¿Qué ventajas e inconvenientes tiene esta opción por encima de una fusión?, ¿se incorporarán nuevas cajas al proyecto?
–Las fusiones en Cajamar ya se produjeron. En el año 2000 fue la de las cajas rurales de Málaga y Almería y en 2007 la de Caja Rural del Duero. Ambos fueron procesos voluntarios de todas las partes y por ellos somos líderes del sector de las rurales. Pero en el actual escenario de concentraciones ha aparecido este concepto distinto que Cajamar ha aprovechado: una fórmula de integración y apoyo mutuo basada en la Ley de Cooperativas y en el Sistema Institucional de Protección (SIP) con la que aumentamos la ratio de solvencia y liquidez. Cada entidad mantiene su personalidad jurídica y sus propios órganos de gobierno, pero se unifican las actividades y las decisiones económicas (que en este caso se toman desde la cabecera, Cajamar). Se respeta también la actividad social de cada en su zona de origen. ¿Si se unirán más cajas? Es un proceso abierto.
–¿Entiendo entonces que esta nueva fórmula elimina la posibilidad de futuras fusiones de Cajamar?
–Tenemos abiertos todos los conceptos. Indudablemente, esperamos que el Grupo Cooperativo Cajamar tenga largo recorrido, porque encaja perfectamente con estos tiempos, aunque no digo que las fusiones no lo hagan también. Pero quizá una fusión requiera que todas las entidades que concurran sean de gran tamaño, con más dimensión. Sí quiero resaltar que las fusiones entre cajas rurales son siempre de suma de activos, integraciones puras. No hay pago de dividendos de unos a otros.
–¿Tan necesarios son estos procesos de concentración?
–Todas las entidades financieras, para competir, necesitan dimensión. Los mercados internacionales lo primero que miran es la dimensión, y si no la tienes estás fuera del mercado. Esto es así, por lo que es necesario que las entidades se agrupen, que se fusionen y que sigan dando buenos servicios, pero con una dimensión que las haga más fuertes. El proceso continuará y lo veremos en bancos, cajas de ahorro, y en cajas rurales. El camino al que vamos requiere más concentraciones.
–¿Serán también de ámbito interregional?
–Nosotros ya lo hicimos con la Caja Rural del Duero. Buscar relaciones con cajas de otras comunidades es importante porque normalmente se evita la conflictividad en cuanto a la concurrencia de oficinas y no hay problemas laborales. Es más, normalmente una fusión de ese tipo te invita a seguir creciendo, a generar más empleo y, por otro lado, a abrirte a nuevos sectores económicos.
–Se lo preguntaba porque siempre entran al final las rivalidades e intereses políticos.
–Las fusiones hay que hacerlas cuando las entidades tienen fuerza y capacidad para hacerlas y luego hay que olvidarse de los personalismos y de los protagonismos, como siempre he dicho. Es cierto que quienes de alguna forma son mayores o tienen mas dimensión tiene que evitar los agravios. Lo importantes en estos casos es que las entidades fusionadas sigan dando un buen servicio en sus lugares de origen y una atención personalizada al cliente, para que en cada sitio las personas se sigan sintiendo acogidos. Aunque la sede social esté en el sitio de más dimensión, la fusionada tiene que mantener sus bases y el apoyo social al entorno en todos los ámbitos geográficos.
–De lo que se desprende que si se hacen así las cosas, ningún territorio (ya sea provincia o comunidad) pierde.
–Eso es, de esta forma nadie pierde nunca. Pero sí es verdad, repito, que cuando se da una fusión hay que ver dónde está la de mayor dimensión para tener el menor gasto posible. Si ahora fusionamos a dos cajas y deshacemos la más grande sería una barbaridad. Es preferible añadir a la grande las demás, y mantener en primer términos los criterios económicos. El problema es cuando vienen los intereses políticos, en los que no me quiero meter. Creo que las entidades financieras dan un servicio estrictamente económico y sólo si respetamos eso llegamos al resto de conceptos: buen servicio, personal especializado, diversidad geográfica. Todo debe responder a criterios económicos y confío en que los políticos con el tiempo sepan poner cada vez más las cosas en su sitio.
–Tanta concentración, ¿no va en detrimento de una competencia que beneficia a los clientes?
–Competencia va a existir siempre y va a ser abierta entre bancos y cajas, ya sean de ahorros o rurales. Lo que hay que hacer es crear entidades ordenadas y fuertes.
–Volvamos a Cajamar. En los resultados al tercer trimestre del año se observa una reducción del resultado neto del 25% por las dotaciones acumuladas a pérdidas por deterioro de activos financieros (170,8 millones de euros). ¿Siguen Cajamar y el sector financiero pagando los excesos del 'boom' inmobiliario?
–El sector financiero forma parte de la economía española y no ha estado al margen de la misma, tampoco de los excesos que se hayan podido cometer. Pero quiero recordar que también en la larga época de bonanza se hacían provisiones por parte de las entidades financieras que han permitido que ahora se capee el temporal con más desenvoltura que en otros países. Cajamar seguirá actuando con prudencia, cumpliendo su presupuesto y blindándose de cara al futuro para mantener su elevada solvencia, una de las mayores del sistema financiero español. Las provisiones son algo voluntario pero necesario, y nosotros destinamos más del 80% de nuestro beneficio a reservas, a consolidar la empresa. Hay que ser rigurosos y cuidar la gobernanza de la entidad.
–¿Qué previsión tienen a cierre de año?
–La mayoría de las entidades tienen previsto cerrar el ejercicio con una reducción de beneficios de entre el 30% y el 40% por las dotaciones, en algunos casos del 50%. Cajamar estará en la tónica de este panorama. Las entidades prudentes est año sacrificarán beneficios para aumentar sus dotaciones y provisiones. En el momento actual, nadie entendería una actuación de otro tipo. Cajamar hará provisiones para mejorar la tasa de cobertura y blindar a la entidad.
–¿Cómo afrontan la morosidad?
–Controlarla es uno de los objetivos de todas las entidades. Nuestros clientes pueden dejar de pagar algunos recibos por circunstancias personales difíciles, aunque eso no significa que esas deudas sean incobrables, porque muchos de ellos terminan pagando. En cualquier caso hay que cubrir ese riesgo con dotaciones. En Cajamar, la evolución de la morosidad ha sido favorable y estamos, con un 4,42% a septiembre, por debajo de la media de las cajas de ahorros (5,34%). Mientras siga cayendo el PIB y aumentado el paro seguirá habiendo clientes que retrasan sus pagos. Hay que estar atento.
–Imagino que mucha de la morosidad que padecen tiene que ver con el ladrillo.
–Viene en gran parte del impago de cuotas hipotecarias o de créditos de promoción. Cajamar, en todo caso, siempre busca soluciones antes de llegar a un embargo. Es norma de la casa. No queremos quedarnos con casas, nuestra razón de ser no es esa, sino prestar dinero a la gente para que creen riqueza, empleos y trabajo.
–Pero algunos pisos se habrá tenido que quedar. ¿Es difícil darles salida?, ¿cree que el plan de la Junta, que propone vender esos pisos en stock rebajados en un 20% y con préstamos incentivados por el mismo Gobierno andaluz, puede ayudar?
–Sí que nos hemos tenido quedar viviendas, generalmente de nueva construcción y que no han llegado ni a venderse. Hemos creado una empresa propia, Cimenta2, para buscar salida comercial a estas casas, pero es complicado en esta época. ¿El plan de la Junta? Me parece bien pero creo que hay que iniciar el desarrollo del mercado del alquiler, tan desfasado en España.
–Están también reduciendo oficinas. Ahora tienen 902.
–Sí, el propio Banco de España ha pedido un esfuerzo de racionalización. España es un país muy bancarizado, con unas redes enormes de oficinas. En los últimos tiempos se han cerrado 1.000 sucursales en España. En Cajamar hemos integrado 22 oficinas en un año, buscando nuevos locales para poder unir dos o llevando una a la otra. Con esto contenemos los gastos de explotación y apostamos por oficinas más grandes y con más personal. Tenemos previsto integrar algunas más pero siempre sin que se pierda empleo de por medio. Eso no significa que no hayamos abierto nuevas oficina. Recientemente abrimos la primera de Asturias. Ya estamos en 34 provincias y 11 comunidades.
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Los autores de las instantáneas premiadas podrán recoger sus premios el próximo martes, en la sede de La Opinión de Málaga. Especial Festival de Cine de Málaga
El director de Roji abogados, Francisco Javier Roji, ha respondido a las consultas sobre herencias de los lectores.
Alfonso García-Rabadán Gascón, abogado multidisciplinar y procesalista en Roji Abogados, responderá el miércoles, 16 de mayo.
Mónica Fernández- Mejía, miembro de Roji Abogados, responderá el miércoles, 23 de mayo.
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