J. TORRES. MÁLAGA
Sobre las 14.00 horas, varios policías irrumpen en un piso de El Palo. La investigación les decía que los inquilinos, una pareja, podían acumular una cantidad importante de drogas en la vivienda. El registro finalizó con la detención de ambos y la incautación de un gramo de revuelto de cocaína y heroína, 20 gramos de marihuana, tres dosis de hachís, 390 euros en metálico y material para la manipulación de estupefacientes.
La denominada operación ´Manme´ consiguió desarticular un punto de venta el pasado 5 de noviembre, aunque la droga intervenida fuera menor de lo previsto. "Quizás pudieron deshacerse de la droga en muy poco tiempo o llegamos en el momento menos indicado", dice un agente. Como este caso hay muchos o los que se quedan en el intento.
Enumerarlos sería casi imposible, ya que la capacidad de sorpresa de los agentes se ha agotado a la hora de encontrar droga escondida en un punto de venta. Desde los más surrealistas a los más ingeniosos. Los que se acaban descubriendo y los que terminarán por descubrirse. Como un bote cilíndrico de desodorante cuya base se desenroscaba o una pareja que ocultaba las dosis en el interior de los pañales de su bebé. Un tornillo gigante también con rosca, los mangos de los destornilladores o el interior de unas pilas ocultas en su correspondiente ´walkman´ son otros de los lugares en los que los agentes ya han aprendido ha repasar por si acaso, ya que la inventiva de los traficantes sobrepasa la linea de lo inverosímil.
No obstante, no es raro que los agentes de policía enchufen, durante los registros domiciliarios, electrodomésticos en todas las tomas que ofrece la vivienda, ya que aquel que no dé corriente es susceptible de haber sido acondicionado como un pequeño depósito de drogas.
La sorpresa también llega en el momento en que los agentes inician una incursión en una vivienda sospechosa. Puertas superblindadas, rejas interiores (alguna vez electrificadas) o perros de presa con hambre acumulada son algunos de los obstáculos que los agentes han tenido que sortear para llegar hasta la droga. Y cuando no hay escondite ni tiempo, llega el recurso de toda la vida: arrojarlo todo por la ventana.