JOSÉ ANTONIO SAU. MÁLAGA
A finales de 2007, la ceutí de 44 años Encarnación Salazar acudió a una clínica privada de Málaga para someterse a una liposucción y a una reducción de pecho. Algo salió mal. Pero el hecho es que el estado de la paciente degeneró hasta que acabó muriendo en abril de 2008. La familia denunció a tres médicos, de los que dos están imputados por el juzgado de Instrucción número 13.
En una de las declaraciones en sede judicial, uno de los médicos reconoció que se produjo una pequeña perforación durante la liposucción, algo que también se refleja en la denuncia interpuesta por la familia y que recogen, en parte, los informes forenses preliminares. Lo cierto es que el hermano de la fallecida, Manuel Salazar, acudió ayer, junto al viudo, Vicente Torres, a la Ciudad de la Justicia para reunirse con la jueza instructora, de la que destacaron "el buen trato recibido". La familia pide justicia y reclama respuestas. "Queremos que termine todo esto para que se cumpla el último deseo de mi hermana: ser incinerada", dijo.
La instrucción se ha alargado en el tiempo porque aún no se ha unido a la causa el informe del Instituto de Toxicología de Sevilla, que detallará las causas finales del fallecimiento de la mujer. "La familia está destrozada y los médicos, en cambio, siguen haciendo su vida", agregó. Además, el hermano quiere que se le tome declaración a un tercer sanitario y a un amplio abanico de testigos. "Los médicos están amparados por una presunción de inocencia grandísima", alegó, ya que, según indicó, ni el Colegio de Médicos ni la Consejería de Salud se han pronunciado sobre lo ocurrido.
Estuvo cinco meses ingresada a causa de las lesiones supuestamente producidas en la operación; fue sometida a otras dos intervenciones de urgencia y doce días antes de morir se le trasladó a Carlos Haya, pero nada se pudo hacer por salvar su vida. Incluso logró superar una peritonitis. La familia sospecha que fue sometida a una tercera intervención de la que los forenses no han sido informados.
El marido, Vicente Torres, aclaró lo siguiente: "Esperamos que caiga todo el peso de la ley sobre los médicos. Nos han destrozado la vida". Ahora, según dijo, toda la familia está en tratamiento psiquiátrico y apuntó que van a ir a por los facultativos que tomaron parte en el asunto.
"Me tuvieron engañado, diciéndome que estaba bien", aseveró, al tiempo que aseguró que uno de los facultativos le dijo que "había pinchado el intestino". Además, afirmó que los sanitarios no le dieron importancia a la peritonitis que sufría la mujer durante varios días. El hermano matizó que éstos creían que estaba fingiendo. "Queremos que acabe esta angustia", dijo Torres.