paloma gálvez. Málaga
1954. Boston y París se convierten en escenario de los primeros trasplantes de riñón. Hoy, es el hospital Carlos Haya de la capital malagueña el escenario sobre el que se posan los ojos de expertos y pacientes. Y es que son más de 2.000 los trasplantes renales que se han realizado en el complejo hospitalario en apenas tres décadas.
Generosidad y esfuerzo adquieren forma de bisturí y vendas en manos de los profesionales sanitarios, que ayer se declaraban orgullosos de ser el primer hospital de Andalucía que alcanza esta cifra. Con una media de 100 intervenciones por año, la predisposición de la sociedad malagueña en la donación supone uno de los pilares para que cientos de afectados sientan como su calidad de vida da un vuelco de 180 grados. Tanto es así que hace poco años, el 50 por ciento de los familiares se negaban a donar los órganos. "A día de hoy, sólo se pierde un 10 por ciento de esas oportunidades", afirma Miguel Ángel Frutos, coordinador de Trasplantes del Sector Málaga, el cual incluye también Almería, Ceuta y Melilla. El especialista también resaltó la importancia de la reducción en los tiempos de espera, una de las principales preocupaciones de los enfermos renales. "La espera se ha reducido a poco más de un año", aclara.
Agradecimientos y homenajes emocionados se suceden en boca de los trasplantados. Aquellos que esperan ansiosos una llamada que, pese al miedo y las dudas, aporta libertad e independencia a sus vidas. Éste es el caso de Pepi Gómez que, a sus 39 años, ya ha pasado por tres trasplantes. "Cuando te dicen que eres compatible, surge una mezcla de sensaciones: dudas, alegría, pena por la persona que ha fallecido y que es tu donante", explica la joven que, además, es una de las responsables de la Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades de Riñón (ALCER). Tras 15 años de su segunda intervención, Pepi tuvo que volver a pasar por quirófano y olvidar así los años de diálisis cuando era una niña. "Ahora llevo una vida más normal y eso se nota en el trabajo, en la familia y hasta en el propio carácter", puntualiza. Experiencias avaladas por las propias estadísticas. Los índices de supervivencia del injerto son superiores al 85 por ciento al año y los de rechazo agudo se ubican por debajo del 15 por ciento. Sin embargo, la mejora de la calidad de vida y las actuaciones médicas ha supuesto el descenso de donantes fallecidos.
Espera. La esperanza es lo último que se pierde. Ese es el lema vital de Antonio Montero que ha sido receptor de un riñón en dos ocasiones y está a la espera de una nueva oportunidad. "Llevo en hemodiálisis diez años. El problema son los anticuerpos que me convierten en un caso especial que hace difícil el poder encontrar un riñón compatible", afirma Antonio, de 45 años y graduado social de profesión. "Estoy casado, tengo dos hijos y llevo una vida lo más normal posible. Quiero dar esperanza a los enfermos porque el trasplante es otra vida que nos regalan", añade.
Pese a centrarse en el campo del trasplante, la gripe A también estuvo presente en este encuentro ya que el propio gerente de Carlos Haya, Antonio Pérez Rielo, recomendó la vacunación al personal sanitario y afirmó que él mismo ya se ha sometido al tratamiento.