Tribunales

El kamikaze de Larios se enfrenta a 40 años por 5 asesinatos frustrados

El hombre, ex guardia civil, trató de provocar su propia muerte y buscó a otros policías para acabar con sus vidas. Sufre trastornos mentales, pero dejó el tratamiento que se le obligó a recibir, por lo que es "muy peligroso"

 10:20  
Pánico en la calle Larios. En su aterradora carrera por la calle Larios, llegó a embestir a cinco personas. Dos de ellas estuvieron a punto de morir.
Pánico en la calle Larios. En su aterradora carrera por la calle Larios, llegó a embestir a cinco personas. Dos de ellas estuvieron a punto de morir. L.O.

JOSÉ ANTONIO SAU. MÁLAGA La Fiscalía de Málaga pide 40 años de cárcel para el conductor que trató de atropellar a cinco personas en la calle Larios el 30 de agosto de 2008. Le acusan de cinco delitos de asesinato en grado de tentativa. Por cada uno de ellos se le solicitan ocho años de cárcel.

Según la calificación, A. B. M. (ex guardia civil), "consciente de lo que hacía y queriendo hacerlo, deseoso de su propia muerte y de la de otros", se dirigió a primera hora del 30 de agosto de 2008 desde Fuengirola hasta Málaga. "Tenía la idea de cruzarse por la autovía haciendo un trompo para que le golpearan los coches y así morir, pero no encontró ni la ocasión ni el valor para hacerlo", dice el fiscal.

Ya en la Alameda, pensó "en arrollar a policías con su vehículo, para que así le pegaran algunos tiros y le mataran, pero no los encontró". Al llegar a la calle Larios, lo vio claro: "Pensó en entrar en ella y atropellar a gente, y luego estrellarse con la última pared de la plaza de la Constitución", pero como la vía estaba bloqueada giró para la avenida de Andalucía buscando un agente, sin ver a ninguno.

Al final decidió entrar en la calle Larios, sabiendo que se trataba de una vía peatonal. A las 11.00 horas, la zona se hallaba repleta de gente "confiada en su seguridad". Desde el principio, continúa el ministerio público, quiso "atropellar sorpresivamente a todas aquellas que pudieran huir, asumiendo cualquier resultado que pudiera producirse, incluida su propia muerte".

Una vez en la calle, aceleró, derrapó y, tomando velocidad, se dirigió hacia la plaza de la Constitución. Arrolló, a la altura del BBVA, a un matrimonio de ancianos italianos que iba cogido de la mano. El marido salió disparado a la derecha y la mujer se elevó por los aires. Iba a 70 u 80 kilómetros por hora. Después, a la altura del hotel Larios, dirigió su coche contra una mujer en silla de ruedas, pero la esquivó y se lanzó contra una pareja alemana de mediana edad (iban con ellos los dos hijos). Alcanzó a la esposa, a la que levantó por los aires, cayendo ésta sobre el parabrisas del coche.

Aceleró y continuó hacia la plaza de la Constitución, atropellando a Encarnación G. C. y Antonio G. S. Dio la vuelta y volvió a la calle Larios, pero no pudo escapar al estar bloqueada la calle Martínez. Un camión de Limasa también le dificultó la huida. Dos agentes de policía que estaban fuera de servicio detuvieron al individuo en la rotonda del Marqués de Larios, evitando que fuera linchado por los ciudadanos.

Fallecimiento. Los afectados habrían muerto de no haber recibido una rápida asistencia sanitaria, y hoy en día dos de las heridas arrastran graves secuelas de salud. Una de ellas, la de nacionalidad alemana, ha perdido incluso facultades mentales.

El hombre sufre un trastorno de la personalidad que propició su absolución en un caso del año 99. Se le aplicó la eximente de alteración psíquica por lesiones con arma de fuego. Para no ir a la cárcel, debía someterse a un tratamiento. "Sin embargo, sabedor de su enfermedad, lo abandonó en septiembre de 2006, ocultándoselo al médico que le trataba, lo que pone de manifiesto su alta peligrosidad", afirma el fiscal. Para éste, su trastorno carece de relevancia penal.

Los informes psiquiátricos son contradictorios, por lo que la intención del fiscal de Seguridad Vial, Javier de Torres, es que en el juicio se establezca un debate sobre si el individuo era consciente o no de lo que hacía. En definitiva, sobre si es inimputable o no.

Y, de no serlo, que la Sección Primera establezca qué medidas han de tomarse y por cuánto tiempo. Todo estriba en si se puede entender que el individuo, sabiendo que debía recibir tratamiento para no incurrir en hechos agresivos, lo dejó voluntariamente, por lo que, ´motu proprio´, se colocó en posición de cometer actos de naturaleza peligrosa.

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