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IGNACIO A. CASTILLO. MÁLAGA El problema de las fresas es que duran muy poco. Pero esta característica podría tener arreglo y su vida en la nevera podría prolongarse durante dos o tres días más. Para ello habría que manipular sus genes, al menos aquellos que provocan el reblandecimiento de la fruta durante su maduración y cosecha. Un grupo de investigación de la Universidad de Málaga (UMA), del departamento de Fisiología Vegetal de la Facultad de Ciencias, centra sus esfuerzos en mejorar la textura de la fresa mediante métodos biotecnológicos. En concreto, inhibiendo los genes pectato liasa y poligaracturonasa.
Uno de los directores del proyecto, José Ángel Mercado, explica que la fresa tiene una media de vida muy corta tras su recolección, por lo que el proceso que sigue este grupo de trabajo es el de evaluar el efecto del "silenciamiento" de varios genes encargados de codificar enzimas que intervienen en la degradación de la pared celular durante la maduración del fruto. Este proyecto, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, surgió en 1998. Mercado trabaja desde entonces con otros dos investigadores que codirigen el grupo: Miguel Ángel Quesada y Fernando Pliego.
Las aplicaciones de este proyecto serían interesantes, sobre todo a la hora de exportar el producto a otros países de la UE y haría que la fruta fuera aún más apetecible, "ya que seguiría sabiendo y oliendo a fresas, pero con una piel un poco más dura", añade Mercado.
Aunque este equipo, en el que también participan cuatro becarios, ya ha logrado plantas de fresa con frutos más firmes, la aplicación del resultado de estas investigaciones en el ámbito comercial queda aún lejos, puesto que no se pueden comercializar frutas transgénicas. "Buscamos que las características de la fresa sean mejores para su conservación", asegura el investigador, ya que esto beneficiaría la duración postcosecha del fruto fresco y las características de productos procesados, como la mermelada, "puesto que los trozos del fruto serían más gruesos". Estos investigadores han comprobado que la inhibición de los genes pectato liasa y poligaracturonasa disminuye significativamente el reblandecimiento del fruto maduro y prolonga su vida después de la cosecha sin afectar a otras cualidades, como el peso y el color.
El grupo trabaja en colaboración con la Universidad de Córdoba, donde se realizan los estudios moleculares y el aislamiento de genes, y con el Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (IFAPA) de la Junta de Andalucía, ubicado en Churriana (Málaga), en cuyos invernaderos llevan a cabo la mejora clásica de este cultivo.
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