ALFONSO VÁZQUEZ
Además de postales y programas de cine, Ciriaco Aranda ha coleccionado amigos desde su infancia en el pueblo pacense de Fregenal de la Sierra, donde nació hace 70 años. Como la vida nunca se la regalaron, Ciriaco confiesa que ha hecho "de todo en la vida" y no exagera: trabajó en el campo hasta los 15 años, ha sido camarero, minero en su pueblo y hasta cambió los raíles de la línea Zafra-Huelva.
La mili en Córdoba le enseñó una profesión, pintor de coches, aunque en Córdoba llegó también a pintar tanques. Marchó a trabajar en Barcelona donde conoció a su mujer, Juana, una joven de su pueblo que acudió a trabajar a la Ciudad Condal y con la que se casó en 1966.
Su aterrizaje en Málaga se produjo en 1965. "Vine a visitar a una abuela mía que se llamaba Ciriaca y esto me gustó", confiesa. Ciriaco trabajó primero en la casa Austin, de Taillefer, y luego en la Renault de la avenida de La Paloma hasta el "cerrojazo" de 1992.
Entre tanto trabajo y la llegada de la familia, fue naciendo en él un hobby que le ocuparía los ratos libres de las próximas décadas: el coleccionismo.
En 1969, Ciriaco descubre los puestos que se instalaban en el interior del colegio de la Normal, en la plaza de la Constitución. Pero lo suyo con las postales antiguas llegaría con el tiempo. "Yo empecé antes con la filatelia, porque en la numismática lo malo es que los álbumes pesan mucho". España, Andorra, Marruecos y las colonias españolas no tuvieron secretos filatélicos para él. "Me gustaba el trapicheo, comprar y vender y cuando hacía un poquito de dinero, volvía a comprar. Lo comido por lo servido y con las postales lo mismo", señala.
Y pasado el tiempo, empezó a fijarse en las viejas postales con sellos de Alfonso XII o Alfonso XIII. "Me dije que era una pena mojar la postal para sacar el sello y pensé que lo mejor era vendérselas a los coleccionistas de sellos con la postal", cuenta.
Así, sin hacer ruido, fue naciendo esta vocación por la ´cartofilia´, el coleccionismo de postales, que compaginó con la compraventa de programas de cine y cromos. Porque Ciriaco nunca ha sido un vendedor al uso sino vocacional. "Esto siempre lo he hecho porque es un hobby muy bonito, es cultura y es historia", explica. Su objetivo nunca ha sido la ganancia económica sino compartir esta afición con un mayor número de clientes que luego engrosaban su lista de amigos.
En 1982 los vendedores se trasladan a la vecina plaza de la Constitución, dado que el colegio público ya no permite los puestos al tratarse de una actividad lucrativa. "Nos pusimos con un permiso del Ayuntamiento pagando 5.000 pesetas al año", recuerda Ciriaco Aranda. En total, este malagueño de raíces extremeñas estuvo 30 años repartiendo postales de Málaga y acudiendo a convenciones fuera la capital.
Sostiene Ciriaco que las mejores postales de Málaga "están fuera de ella", pues los turistas las reparten por el mundo. La más cara que ha vendido costaba 30 euros. "Salía un tranvía tirado por mulas, no hay muchas".
Su afición también le ha llevado a mantener una colección exclusiva "con 200 ó 300 postales antiguas de Málaga pero de las buenas". Ahora que tiene libre los fines de semana, cuenta que disfruta más que antes. "Ahora me distraigo más, me doy un paseo por el rastro y voy también por gusto al de Fuengirola". Confirma que los puestos de coleccionista ya se están perdiendo por internet y antes de despedirse quiere mandar un saludo muy afectuoso que aquí no faltará: "Para todos los clientes y amigos de Málaga".