MATUCHA GARCÍA. MÁLAGA
"La primera imagen que vi fue la de mi antiguo cole derrumbado, zonas que conocía y que ya no existen, donde tenía amigos que no voy a volver a ver nunca". Fernando, de 22 años, es haitiano y reside en Málaga desde hace dos.
Haití fue devastada y arrasada por un fatal terremoto de siete grados en la escala Richter el pasado 12 de marzo. Las cifras de muertos, heridos, damnificados y la destrucción causada han sido de tal magnitud y envergadura que la hecatombe ha sido calificada como una de las mayores catástrofes humanitarias de la historia. Sin agua, sin comida, sin techo, sin colegios... Sin nada. En Haití no queda nada. Vacío. Silencio. Terror. Muertos. Y lamentos, los de un pueblo que aún llora a sus víctimas.
Ante este escenario el mundo entero se está volcando en proporcionar ayuda. Pero todo esfuerzo es poco, ya que las necesidades son numerosas y tras esta primera atención de emergencia (alimentos, agua y asistencia médica) es necesaria la reconstrucción completa de un país. Algunos hablan de que acometer tan amplio proyecto requerirá de al menos una década.
Fernando ha tenido suerte, al igual que Viergela, Nagor y Eline. Todos son naturales de Haití y residen en Málaga actualmente. Aquí viven, trabajan y estudian. Están con vida, pero han tenido que sufrir, soportar y padecer el duro trance de ver su país destrozado. Todo, absolutamente todo, se ha venido abajo. Las casas ya no están, ni sus colegios, ni las personas... Las comunicaciones continúan presentando muchas complicaciones y les resulta difícil hablar con sus seres queridos, relatan. Eline explica que su hermana mayor, que tiene once hijos, aún desconoce el paradero de tres, casi tres semanas después del siniestro. "Están viviendo ahora en la calle. La gente tiene miedo", declara a este periódico.
En primera persona. "Hay amigos de los que no sé nada. Posiblemente están muertos porque esas zonas donde vivían ya no existen, y de los que he tenido noticias está viviendo en la calle", explica Fernando. "Mi padre, mi madre y tres hermanos míos que están allí y que viven cerca de Puerto Príncipe están bien. Lo supe algunos días después del terremoto. No podía comunicarme con ellos".
Fernando está realizando estudios de informática en Málaga, concretamente de programación y diseño web. Recuerda que ese fatal día conoció la noticia a través de un amigo de EEUU que lo llamó por teléfono. Rápidamente consultó internet. "No tenía noticias de mi familia. Sentía mucha impotencia, no sabía que hacer. Lloraba todo el tiempo, no podía ni estudiar", relata.
"Aunque ya después sabes que tú familia está bien, tengo amigos que han perdido a su madre, que yo también conocía, donde yo he pasado mi tiempo", dice. Fernando declara que tampoco su familia puede entrar en casa, ya que "aunque ésta no se ha roto, tienen miedo porque se producen muchas réplicas".
Viergela, de 39 años, es también haitiana y reside en Málaga desde hace seis años con tres de sus hijos. Su sueño ahora es lograr que su hijo de 20 años, que aún está en Haití, pueda volar a Málaga. "Ha muerto mucha familia mía", dice.
Nunca olvidará ese día. "Yo duermo con la radio puesta y de repente escuché lo del terremoto y ya me levanté y puse la televisión. Cuando lo vi empecé a llorar y llorar. Llamé a Eline y sólo le gritaba: ¡Puerto Príncipe está roto!", relata.
"Ese día lo pasé fatal. Fatal. Mi hijo vive en la capital y no podía dejar de pensar cómo estaría mi niño. A la semana me enteré de que estaba bien. Una prima de mi madre tiene siete hijos y los siete han muerto", lamenta.
El relato de Eline tampoco deja indiferente. Hace más de cuatro años que vive en Málaga con un hijo y su pareja. Actualmente trabaja en el Liceo Francés. "Viergela me llamó para decírmelo, le dije: ´¡No puedo creerlo!´. Fui corriendo a la tele y me quedé sin palabras. Intentaba entrar en contacto con mi familia, pero no podía", recuerda.