ALFONSO VÁZQUEZ
Los dos autores han conseguido, cada uno en su especialidad, revivir la Málaga de la Guerra Civil y dar a conocer aspectos ocultos de esta feroz contienda. Leonardo Cervera, funcionario malagueño en Bruselas, y Jesús Majada, profesor de Literatura extremeño, con más de 30 años de estancia en Málaga, cuentan esta relación entre escritura, historia y guerra y de paso destacan algunos aspectos del 7 y 8 de febrero de 1937.
"Queipo de Llano carecía de medios suficientes para desencadenar una ofensiva general. El terreno accidentado y montañoso era propicio para los milicianos", recuerda Leonardo Cervera. De su novela histórica ´La primera en el peligro de la libertad´ cuenta que todos los acontecimientos militares fueron supervisados por el historiador militar Juan Antonio Ramos Hito.
En una Málaga en la que las autoridades republicanas no lograban domeñar la ´justicia popular´, que había asesinado en seis meses a unas mil personas, las cosas empezaron a torcerse para el gobierno legítimo a partir de diciembre del 36, cuando desembarcan en Cádiz las fuerzas de Mussolini. "Su objetivo final era dar el golpe definitivo a los defensores de Madrid pero como la mayoría de las tropas italianas eran bisoñas, se decidió que se foguearían en una campaña fácil: la toma de Málaga", explica Cervera.
El frente se rompió el día 5 de febrero y el 7 al mediodía, los malagueños contemplaron cómo las columnas de camiones italianos bajaban sin oposición por el Camino de Colmenar, emplazando en las curvas las piezas de artillería "y empezaban a bombardear el centro de la ciudad".
Jesús Majada, coautor del libro ´Bethune en España´ y responsable de una impactante exposición sobre la Carretera de Almería, que tras pasar por Málaga se exhibe ahora mismo en Montreal y en la Universidad Autónoma de México, cuenta que lo que ocurrió en la tarde noche del 7 de febrero "fue un episodio de histeria colectiva". A su juicio, tanto las amenazas por radio del general Queipo de Llano como "las advertencias quizás exageradas de la República de que cuando llegaran los franquistas iba a tomar grandes represalias", empujaron a decenas de miles de malagueños a huir por la Carretera de Almería. Una pequeña franja de tierra, la única conexión con el resto del territorio leal a la República, "estando sitiada Málaga por Cádiz Sevilla y Granada", recuerda Leonardo Cervera.
Ambos escritores coinciden en que también azuzó la escapada la apresurada salida de las autoridades republicanas, que dejaron Málaga sin dueño. "Las tropas republicanas que llegaban a la ciudad en retirada, al no encontrar ningún líder, se sumaron a la huida por la carretera", añade el autor de ´El primero en el peligro de la libertad´.
No es de extrañar que las fuerzas franquistas (mitad españolas, mitad italianas) entraran en la ciudad al amanecer del 8 de febrero de 1937. Los italianos desfilaron por la calle Larios y el Paseo del Parque siendo jaleados por los malagueños afines a Franco y por otros que se adaptaban al nuevo panorama político.
Los ´libertadores´ se lanzaron a perseguir a la población civil por la Carretera de Almería, bombardeando y ametrallando a placer en ese estrecho pasillo entre el monte y el mar. El día 9, los italianos alcanzaron a los refugiados cerca de Maro. "Algunos testigos, hoy muy mayores, me contaban que veían cómo los soldados saltaban en la cubierta del barco cuando acertaban", cuenta Jesús Majada.
El profesor de Literatura destaca que fue la primera vez que se atacó de forma sistemática a la población civil en una guerra. "Lo de Guernica fue en abril y lo de la Carretera de Almería en febrero. Además, Guernica duró unas horas y aquí fueron siete días de persecución". Para Majada, falta por conocer cuántos miles de civiles huyeron y cuántos fueron asesinados. Leonardo Cervera añade que el general Queipo de Llano prometió matar "a cinco rojos por cada uno de los suyos y cumplió su amenaza en un par de semanas".