JUANDE MELLADO
Lo que viví ayer en el corazón del Centro Histórico, en San Julián, debe ser ejemplo de que si se quiere se puede. Más cuando Málaga está muy necesitada de buenas noticias y es saludable presenciar que el entendimiento entre administraciones de distinto signo propicie regalos tan fabulosos como el que se presentó ayer, el Museo de las Cofradías. Un centro que hábilmente ha sido conducido en su recta final por el actual presidente de la Agrupación, Rafael Recio, que al igual que sus predecesores ha logrado meter en un mismo varal a la Junta de Andalucía y al Ayuntamiento de Málaga y zanjar de esta forma una deuda que se mantenía con el movimiento cofrade. Gracias a que ambos han metido el hombro, Málaga tiene hoy una joya museística que supone una recompensa para cientos de hermanos que durante décadas han trabajado silenciosamente arañando horas de su familia o de su ocio para que hoy Málaga pueda presumir de un espacio que muestra una de sus principales señas de identidad.
Y aunque el proyecto ha tardado años desde que José Atencia lo dibujara allá por los 70, muchos son los que han sumado trazos a ese boceto como Celia Villalobos y Clemente Solo de Zaldívar que creyeron en él. O Rafael Recio, que lo ha terminado, y Jesús Castellanos, quien ha diseñado la exposición y la selección de piezas. O Endesa y Bandera Vivar que han aportado también trazos al dibujo cofrade cuyos mecenas, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga, dejaron ayer de lado cualquier tentación de realizar un pulso y arrimaron hombro bajo el mismo varal.
La penitencia la llevará cada uno como quiera, si no pregunten a José Bono, pero ayer se evidenció que si se quiere, se puede y que en Málaga hay bastantes varales donde meter el hombro. ?