LUCAS MARTÍN. MÁLAGA
Málaga despedirá esta semana el invierno más accidentado de las últimas décadas con un cambio de tendencia en el régimen de lluvias, que se volverán, por fin, más escasas y acordes con el clima tradicional del sur del Mediterráneo.
Las precipitaciones, que han dejado un largo inventario de incidencias, entre ellas la suciedad de las playas, remitirán a partir del jueves, fecha que se plantea como un punto de inflexión tan deseado como moroso en la tónica del trimestre.
Según detalló Fausto Polvorinos, responsable del servicio provincial de predicción de la Agencia Estatal de Meteorología, el fin de semana se plantea despejado. Las primeras predicciones garantizan la ausencia de lluvia hasta, al menos, el próximo 21 de marzo, lo que supone un hito excepcional en la dinámica del invierno, acaso el más húmedo de los últimos cincuenta años.
El fin de la temporada de lluvias, que se prolonga infatigablemente desde el pasado 18 de diciembre, romperá asimismo la estadística de marzo, que ya despuntaba por encima del balance pluviométrico habitual en la provincia. Desaparecerá también la incertidumbre, los desprendimientos, el lento y continuo manillar de las adversidades, que se han cebado con infraestructuras y viviendas.
El cambio de ciclo incita a guardar, de una vez por todas, el paraguas, pero tampoco se puede hablar de despreocupación, a pesar del excelente nivel que exhiben los pantanos. El problema se traslada a la playas, donde proseguirán los temporales de levante, estruendosamente nocivos para la arena. Marzo y abril no es sólo temporada alta para los turistas, también para los golpes de viento, que podrían complicar aún más la limpieza del litoral.
Las últimas rachas fueron bastante nocivas con la Costa del Sol. En el día de ayer, los servicios de los ayuntamientos y de Costas se afanaron en la retirada de residuos. El trabajo es arduo y el objetivo, la Semana Santa. El cielo contra el hombre y la pala.