LUCAS MARTÍN. MÁLAGA
El Aula del Mar de Málaga celebró ayer su vigésimo aniversario con la mira puesta en su próximo traslado al Muelle 2 del Puerto de la capital, donde ocupará dos edificios, ambos pertenecientes al denominado Palmeral de las Sorpresas.
La ceremonia, a la que asistieron numerosos representantes de las instituciones públicas, sirvió para repasar la trayectoria de la cooperativa, considerada de referencia a nivel autonómico y nacional. El centro, que alberga desde 1994 el Centro de Recuperación de Especies Marinas Amenazadas de Andalucía (Crema), ha atendido ya a más de 3.500 ejemplares, entre los que destacan trescientas tortugas y más de dos centenares de cetáceos.
La delegada provincial de Medio Ambiente, Remedios Martel, puso el acento en la labor didáctica del colectivo, que tiene su emblema en el espacio museístico del acuario, donde conviven quinientos ejemplares de cincuenta especies diferentes y muestras de más de un millar de familiar marinas, cristalizadas en conchas, esqueletos y otros vestigios. Unos atributos que han cautivado a más de 700.000 visitantes, repartidos entre alumnos, adultos y jubilados, un diez por ciento de ellos, extranjeros.
El presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique Linde, recordó los inicios del centro, caracterizados por el arrojo emprendedor de sus fundadores, un grupo de cinco universitarios que se plantaron en las instalaciones con un proyecto que sugería una rareza innovadora, sin paralelismos en el resto del país.
La presidenta del Aula del Mar, Cristina Moreno, recuerda las primeras dificultades. "Hace veinte años hablar de educación ambiental era estrambótico", dijo.
Por su parte, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, aprovechó el acto para reivindicar el traslado del Centro Oceanográfico de Málaga, al que aludió como una institución de labor afín a la cooperativa.
En sus primeras dos décadas de trayectoria, el Aula del Mar ha incrementado sus competencias y su plantilla, conformada, en la actualidad, por una treintena de personas. Además, cuenta con una red de más de trescientos voluntarios que respaldan las tareas de recuperación de especies en otras provincias de la región. El próximo desafío es el traslado, que será, a su vez, el inicio de Alborania, el remozado acuario de la organización.