lucas martín. Málaga
La Clínica de la Encarnación, situada en las proximidades del hospital Carlos Haya, está en proceso de desalojo de los pacientes derivados del sistema público, que en algunos casos están siendo dados de alta y, en otros, realojados por el SAS en instituciones sanitarias de Málaga. Según confirmó a este periódico el director del complejo, Jesús Burgos, la medida responde a la conclusión del convenio suscrito con la Junta de Andalucía, que permanece, en la actualidad, en fase de renovación.
En total, se trata de una veintena de pacientes, la mayoría de edad avanzada, que fueron ingresados en la clínica tras una estancia previa en los hospitales públicos y conforme al concierto de servicios aprobado por la Administración. Un acuerdo que, según fuentes de la Delegación Provincial de Salud, será presumiblemente ampliado en las próximas semanas. La dirección del centro ha decidido, no obstante, interrumpir las prestaciones a enfermos del SAS durante el periodo de negociación.
El proceso, ordinario y periódico, engloba a muchas otras clínicas concertadas de Málaga, que, en la mayoría de los casos, optan por prolongar los servicios hasta la resolución de la convocatoria. Los familiares de los pacientes se quejan de la urgencia de los cambios, que les fue comunicada, dijeron, el pasado miércoles.
En los dos últimos días, los enfermos se han enfrentado a una situación gobernada por la crispación y el desconcierto. Margarita Mateos, hija de una de las pacientes, asegura que el personal de la clínica les exhortó a abandonar el edificio en un plazo de veinticuatro horas. Las primeras informaciones recabadas por los pacientes aludían a un eventual cierre de las instalaciones, extremo que fue recusado tajantemente por Burgos en diversas ocasiones. Dos de los trabajadores de la Encarnación, que prefieren permanecer en el anonimato, confesaron a este periódico que desconocían las intenciones de la clínica, aunque ratificaron la salida de los enfermos. El pasado miércoles, los empleados compartían la inquietud de los pacientes. "No sabemos si vamos a poder trabajar mañana ni qué será de nosotros. Algunos rezaremos para que nos lleven a la otra clínica de la empresa", precisaron.
El caso de Mateos no era único en el centro. Los familiares se mantenían agrupados y manifestaban su indignación. A ninguno le habían ofrecido alternativas y la única respuesta era el traslado a casa. María Victoria, una de las pacientes, comentaba su situación: "Vivo con mi hermana, que también está enferma. No sé dónde voy a ir, porque no están la camas adaptadas". Otros familiares hablaban, incluso, de la inminencia de altas clínicas para enfermos en estado precario.
Los rumores se zanjaron con las primeras movilizaciones a otros centros, que se iniciaron durante la tarde de ayer. La empresa, que acaba de inaugurar el hospital CHIP, colindante a La Encarnación, aunque completamente privado, no descarta que el centro vuelva a atender a pacientes del SAS en el momento en el que se renueve el convenio con la Junta de Andalucía.