JOSE TORRES. MÁLAGA
El asesinato de María Victoria O. M., de 64 años, el pasado martes a manos de su ex pareja en plena calle arrojó durante la jornada de ayer numerosas reacciones de condena y nuevos datos sobre la investigación. El suceso estalló en la calle Carlos Falgueras de la capital sobre las 11.20 horas. María Victoria caminaba cuando recibió a traición "una única y certera puñalada en la espalda", según las fuentes consultadas por este periódico. Acto seguido, su presunto agresor se infligió varias heridas con el mismo cuchillo de cocina, una de ellas en el cuello, con la intención de quitarse la vida. Esta vecina de Gamarra, madre de un policía nacional, se llevó la peor parte y murió en la ambulancia. El presunto agresor continuaba ayer estado muy grave en la UCI de Carlos Haya tras ser operado en el cuello. El anciano requería de ventilación mecánica.
Una de las declaraciones más llamativas las realizó en Sevilla a Europa Press la consejera para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta, Micaela Navarro, a quien le "cuesta creer" que nadie tuviera sospechas de la situación de riesgo en la que vivía esta mujer. Por ello, Navarro pidió una mayor implicación "porque muchas veces no le damos credibilidad a esa situación de vulnerabilidad y no podemos seguir minusvalorando el riesgo". La consejera señalaba como primordial la colaboración entre las administraciones públicas. "Son las primeras responsables en desarrollar todos los programas destinados a una persona que sufre violencia", apuntó, pero también incidió en la importantísima aportación de la "colaboración ciudadana y en la mayor implicación de las propias familias".
Mientras tanto, fuentes de la investigación aseguraban ayer a este periódico que este nuevo caso de violencia doméstica estaba bien claro desde el principio. Según estas fuentes, la fallecida tuvo una relación sentimental con su presunto agresor durante un tiempo no precisado en el que incluso llegaron a convivir juntos. Sin embargo, fue la propia víctima la que hace unos meses puso fin a esta relación. A pesar de que A. G. C. no aceptó esa ruptura, ni a las administraciones ni a la policía les constaban denuncias o acoso previo sobre la fallecida.