PRINCESA SÁNCHEZ
Noelia se balancea sobre una pelota azul. Daniel, sentado justo detrás, la respalda. Las manos de ambos, entrelazadas, simulan una mecedora de mimbre. Acunan una ilusión realizada, un bebé que desesperan porque está a punto de nacer. Ningún extraño artilugio les sobresalta. No ven mascarillas ni metales a su alrededor. No están en una sala de partos ni en un quirófano. Es una habitación diáfana. Con una bañera, una camilla y sillas. Poco más. Sin embargo, están en el Hospital Costa del Sol. Es un parto natural y ´humanizado´.
Hasta no hace muchos años, la matrona y el ginecólogo, en su caso, establecían las normas. Actualmente, lo hacen las parturientas bajo el consejo de estos profesionales. Empezando por la postura en la que prefieren parir.
"Desde los orígenes de este centro hemos apostado por el trato respetuoso al parto; pero en 2006 nos unimos al proyecto de Humanización Perinatal de la Consejería de Salud", explicó la matrona y supervisor asistencial del Área Obstétrica, Juan Carlos Higuero. Esta técnica le ha valido al centro un premio de la Organización Mundial de la Salud y Unicef, que lo ha declarado Hospital amigo de los niños y de las madres.
Noelia ha escogido la pelota durante la dilatación. Pero podría haberse decantado por la bañera. "Estoy mucho más cómoda así que en horizontal", confesó.
La postura tradicional en el parto, tumbada y con las piernas en alto, respondía más a la comodidad del asistente que a la de la asistida, reconocen los propios especialistas. Asimismo y a medida que avanzaron las tecnologías, "se generalizó la intervención sistemática", añadieron. La matrona la observa. No se retira del lado de la madre, que ya cada seis minutos inhala dolor y exhala felicidad. Es una nueva contracción que le acerca a Cristian. "¿Quieres cambiar de postura?", le pregunta.
Anne Marie Sánchez tiene experiencia en asistir alumbramientos. Normalmente, las mujeres suelen cambiar de postura. "La mayoría no aguantan hasta el final de la dilatación", señala. Pero Noelia se muestra valiente. "Todas mis compañeras de las clases de preparación al parto decían que iban a pedir la epidural", comentaba.
Sin separación
Este nuevo trato ´humanizado´ no termina con el corte del cordón umbilical. "Si ha sido natural y el recién nacido no presenta problemas, no se produce separación entre madre e hijo", completó la supervisora de Pediatría y Neonatos, Rosana Medina. En el caso contrario, si la separación es inevitable, los padres tienen la unidad abierta las 24 horas para estar con su bebé. Entonces, comienzan las terapias más entrañables. Los progenitores se desnudan de cintura para arriba para estar piel con piel con su hijo. Noelia le alimenta y Daniel le acaricia. Una vuelta a la luz de los orígenes de la vida.