JOSÉ LUIS JIMÉNEZ. MÁLAGA
El blanco brillante de sus pieles los delatan. Así llegan todos pero unas semanas más tarde, con suerte, muchos de ellos pueden decir que se llevan un buen bronceado. Son los turistas sin los que la Costa del Sol ya no tendría sentido. En estos días, el aeropuerto Pablo Ruiz Picasso de Málaga recibe la mayor afluencia de pasajeros dispuestos a pasar unos días disfrutando de las bondades de su clima en sus playas o en las distintas alternativas de ocio y cultura que ofrece nuestra provincia.
Exactamente, desde el pasado viernes hasta el próximo martes el aeródromo malagueño operará un total de 1.780 vuelos con un total de 288.829 pasajeros entre los de que llegan y los que se van. De esos cinco días el de hoy, precisamente, será el de mayor trasiego de viajeros con 399 vuelos, un 4,7% más de operaciones con respecto al año pasado, en los que vendrán y se irán un total de 65.264 personas desde la capital de la Costa del Sol.
Y es que la llegada de agosto, el mes veraniego por excelencia, dispara las cifras y la actividad del aeropuerto. Nada más que este mes, las pistas del que ya es tercer aeródromo comercial de España registrarán cerca de dos millones de visitantes (1.752.361) y 10,825 vuelos, un 10,5% y un 7,9% más con respecto al año anterior, respectivamente.
Subidas que se hace notar estos días, sobre todo, en la terminal de llegadas de la, no muy lejana en el tiempo, inaugurada Terminal 3 del aeropuerto malacitano. Colas interminables para coger un taxi, carteles requiriendo la llegada de turistas que han contratado un autocar hasta el hotel y maletas, muchas maletas, es lo que se puede observar en el enorme y moderno vestíbulo de la T3.
Vuelos venidos de media Europa y, prácticamente, de toda España, sitúan a Málaga como una de las capitales turísticas del mundo. Tal es la fama de Málaga, que la mayoría de esas personas que llegan ahora a la ciudad y a los distintos municipios de la provincia no es la primera vez que vienen.
Más gente, pero por menos días
Es el caso de Patrick Sheils. Es la sexta vez que viene a España y siempre lo ha hecho aterrizando en Málaga. Confiesa que la Costa del Sol es lo que más le gusta de nuestro país.
No viene solo. Llega con su mujer, su hermana y su cuñado y pasarán una semana completa en un hotel de Benalmádena. «Antes venía por más tiempo, casi un mes. Pero aquí comienza a estar todo muy caro», explica algo disgustado este amable turista irlandés.
De no muy lejos, de Escocia, vienen las familias Docherty y Jekinson. Ambas con hijos, es la segunda vez que vienen a la Costa del Sol y, como hace tiempo de la primera, miran con gran asombro el cambio «a mejor», según Martha Docherty, que ha sufrido el aeropuerto. Al contrario que nuestro anterior protagonista, estos escoceses de Glasgow han decidido alquilar una casa en Fuengirola. «Tiene piscina y el clima aquí es genial. Además nos sale más barato que una semana en un hotel, y nosotros estaremos dos aquí», comenta la madre de la primera de las familias.
Por otro motivos viene a Málaga Eugenia Esteva, una joven canaria cuya familia materna es de Antequera. «Suelo venir todos los veranos desde que era pequeña para ver a mi abuela y a mis tíos», dice. Se queda en casa de su tía María Jesús y aprovechará, igualmente, para bajar unos días a la playa.
En cuanto a la nueva terminal del aeropuerto reconoce que «ha quedado genial», pero a la vez lamenta que haya tenido que esperar mucho tiempo para recoger su maleta.