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Alfonso Vázquez. málaga
Trabajar en el castillo palacio de los Condes de Oropesa, convertido en parador en 1930, fue el sueño de muchos niños de Oropesa, en Toledo. Víctor Teodosio fue uno de ellos. «Era una de las principales fuentes de negocio del pueblo y siempre fue un espejo donde se veía a gente conocida y grandes coches y te llamaba la atención», cuenta.
Así que con sólo 15 años, en 1970, entró a trabajar en la curiosa categoría de «aspirante a aprendiz» y tres años más tarde, viendo que era lo suyo, estudió Hostelería y Turismo en Madrid, sacando el número 1 de la promoción, así que tras el paréntesis de la mili regresó al Parador de Oropesa, llegando a jefe de recepción.
«Aquello me gustaba, en el fondo he nacido para Paradores», admite este afable y simpático toledano de 55 años, cuya carrera dio un importante giro con sólo 28 años, cuando se convirtió en director del Parador de la isla de Hierro. «A mí me daba igual dónde me mandaran, me daba igual montaña, que isla o playa, la ilusión era ser director de un parador, un cargo que entonces se llamaba administrador». Una etapa, confiesa, casado y con dos niños chicos, que fue muy feliz. «El parador estaba en un paraje impresionante y había muy buena relación con todos los estamentos oficiales de la isla, que sólo tenía 5 ó 6.000 habitantes y que tenía de todo», señala. Todavía recuerda las primeras jornadas de cocina gastronómica que organizó y esas piñas reina de sabor insuperable.
El único paréntesis en la vida laboral en Paradores de Víctor Teodosio surgió en 1990. Antes había estado dirigiendo el Parador de Benicarló y una consultoría para la que había hecho un pequeño trabajo le ofreció un gran reto: dirigir un hotel en Cancún con 1.200 habitaciones. «En Hierro había 47 habitaciones y en Benicarló 108, ¿cómo se dirige un monstruo?», se preguntaba. Para contestarlo, aceptó el reto y se convirtió en director del hotel Oasis Cancún, de cinco estrellas, con 800 empleados, además del cambio de aires para toda la familia y de colegio para los hijos.
«Pero al final, uno descubre que dirige a veintitantas personas, el jefe de mantenimiento, el jefe de tiendas, etc...», cuenta. La experiencia le sirvió para conocer una hostelería muy adaptada al sistema americano, que ya por entonces estaba totalmente informatizada, «cuando aquí en España estábamos aprendiendo a hacer cositas en el PC». Como ejemplo del adelanto tecnológico, cuenta que, dirigiendo el hotel en Cancún (y estamos a comienzos de los 90) «ya había compañías aéreas con las que había acuerdos especiales y el check in del hotel lo hacíamos con las azafatas en el avión, así que cuando bajaban del avión los clientes ya tenían la llave de la habitación».
Pero Víctor Teodosio volvió a su casa de Paradores encargándose de los paradores de Aiguablava en Gerona, la dirección regional de Levante, el parador de Mérida y entre 2000 y 2004 le tocó dirigir la que considera la joya de la corona de los paradores españoles: el Hostal de los Reyes Católicos en Santiago de Compostela, situado en la plaza del Obradoiro.
Su trabajo coincidió con el Año Xacobeo y explica bromeando, «es el sitio donde más puerta haces porque estás continuamente esperando a alguien». Y no esperando a cualquiera: los Reyes de España, el presidente del Gobierno, jefes de estado, premios Nobel... Por eso asegura Víctor Teodosio que «en dos o tres meses recibías a más gente en Santiago que en cinco años en otro parador».
En ese tiempo, por cierto, sus hijos tienen el privilegio de ir andando a la universidad. «Era el primer parador que los niño veían la calle desde casa porque los paradores siempre suelen estar lejos», explica Merche su mujer, que también es de Oropesa.
La penúltima etapa, antes de llegar a Málaga en 2007, fue hacerse cargo del servicio de restauración de Paradores, con central en Madrid. La nueva carta de vinos y comidas fue implantada en ese tiempo, así como las cartas especiales para celíacos, diabéticos y vegetarianos y una carta de bodegas muy novedosa.
En diciembre Víctor Teodosio cumplirá cuatro años al frente del Parador Málaga Golf, aunque un director de paradores nunca sabe si dentro de dos meses debe marcharse a otro destino, pero señala que, precisamente, su término medio es de cuatro años dirigiendo el mismo establecimiento. «Quién sabe, a lo mejor estoy aquí más tiempo que nunca, pero en mi sueldo está el tener las maletas preparadas».
Pero este listado de paradores de ensueño no debe llevar a engaño: la vida de director es sacrificada, de ahí que la vocación por la hostelería sea una condición imperiosa.
Las llamadas las 24 horas del día para solucionar los problemas que se van presentando también están en el sueldo, aunque Víctor Teodosio señala que «lo mismo que sabes quedarte hasta la hora que sea, tienes que saber marcharte». Muchas vidas ha vivido este oropesino, y ha conocido clientes de todo tipo, como ese canario que estuvo viviendo unos cinco años, alojado por sus parientes, en el Parador de Hierro y se convirtió en una presencia muy entrañable en el establecimiento.
Este año toca marcharse unos días de vacaciones a Oropesa, coincidiendo con las fiestas del pueblo, a reencontrarse con sus orígenes y probablemente con algunos amigo que, como él, se iniciaron de adolescentes en la hostelería y hoy dirigen hoteles. Cuando mira al futuro, el director del Málaga Golf tiene un deseo: «Me gustaría terminar mi carrera aquí, en Málaga». Eso sí, la decisión la tendrá que tomar Paradores, la casa de Víctor Teodosio.
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Alfonso García-Rabadán Gascón, abogado multidisciplinar y procesalista en Roji Abogados, ha respondido las preguntas de los lectores
Mónica Fernández- Mejía, miembro de Roji Abogados, responderá el miércoles, 23 de mayo.
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