PRINCESA SÁNCHEZ. MARBELLA
«No saben ni lo que es». Manuel se refiere a la vergüenza. Está convencido de esta cualidad, entendida como pundonor, escasea entre la llamada «clase política». Le da igual el color del partido. Ha llegado a la conclusión de que todos son lo mismo. Y, precisamente por vergüenza, la redactora prefiera ahorrarse el adjetivo citado por este vecino de Nerja y que continúa tras «lo mismo».
«Cómo pueden engañar a la gente. Cómo pueden decir que la pensión media está en más de 700 euros», se exalta. Manuel Medina tiene 82 años y está jubilado como autónomo agrícola. Trabaja el campo desde que tiene seis y, a día de hoy, no puede relajarse. Con 452, 68 euros (le gusta contar los decimales), resulta difícil. Pero reniega de tirar del bolsillo de sus hijos. «Es una auténtica pena que les tenga que pedir tres euros para tomarme un café», lamenta.
De haberlo sabido, hubiera guardado en una hucha cada una de las pesetas, primero, y euros, después, que ha pagado a la Seguridad Social durante más de 30 años. «Me hubiera convenido», reconoce. Lo hecho, hecho está y ahora es tarde e inútil reprochárselo a sí mismo. Pero no advertírselo a los más jóvenes y llamar la atención de los gobernantes.
«¿Por qué se retiran ellos con el 80% de su paga tras estar uno o dos años de mandato?», se pregunta Manuel. Algo parece fallar, en su opinión, en la democracia actual cuando hay unos pocos privilegiados que dicen trabajar al servicio de los demás. Pero, sin embargo, parecen vivir a su costa.
María lo ha visto de cerca. Ha trabajado como funcionaria del Estado durante treinta años. Actualmente, a sus 71 años, reflexiona sobre la falta de control del régimen de pensiones y subsidios mientras hace la compra en su ciudad, Marbella.
Es una mujer guapa y coqueta. Lleva carmín en los labios y su bolso conjunta con sus zapatos. «Cualquiera que me vea se cree que soy rica», considera. Pero, lejos de la apariencia, mira de cerca las etiquetas de los productos que introduce en su carrito. ¡Ojo con las galletas que anuncia la tele! Se decanta por las imitadas del supermercado. Total, la calidad es la misma, pero se ahorra el dinero que cuesta la publicidad.
Está convencida de que hay más de uno que vive del subsidio. «Lo que tienen es que dar trabajo y no tantas ayudas», critica. De esta forma, desde su punto de vista, comenzaría a incentivarse el mercado. «Si le ponemos almohadas a una persona que está tumbada, no la ayudamos a que se levante», argumenta. Es la metáfora que usa para hablar de los desempleados. Pero que también aplica a los beneficiarios de algunas pensiones no contributivas.
Cálculos matemáticos
Manuel Molina es un administrativo malagueño que, por tanto, controla mejor que los anteriores protagonistas de este reportaje los cálculos contables. Dice que los redondeos de la Tesorería estatal son inexactos. Y lo demuestra con ejemplos claros.
«Si llego a los 65 años y he cotizado durante 35, debería percibir el cien por cien del último sueldo cotizado. Pues bien, no me sale», argumenta. Además, jubilarse antes de esta edad penaliza. Y aquí viene la injusticia.
Si en lugar de a los 65, un trabajador se prejubila a los 63, la Seguridad Social descuenta el 4% del total a percibir por cada uno de los dos últimos años que le falta hasta llegar a los 65 y le aplica un coeficiente para equiparar lo cotizado por los distintos sueldos que se han tenido a lo largo de la vida. «No debería ser así, porque cada año uno cotiza con respecto al nivel de vida de cada momento».
En su caso, se jubiló a los 65 pero tenían que descontarle los nueve años que le faltaban para llegar a los 35 cotizados. «Me descontaron un 18% del total que me salía a percibir», indicó.
Molina cree que este porcentaje deberían descontarlo de la diferencia entre el sueldo mínimo interprofesional («¡qué es sagrado!», vocifera) y el total que le salga a percibir. De esta forma, las pensiones no serían «tan ridículas» como resultan en la mayoría de los casos.