CARMEN ROMERA. MÁLAGA
El cielo de Málaga perteneció ayer durante casi cinco horas a los mejores pilotos de Europa. Desde las 10.00 y hasta las 14.30 horas, el Festival Aéreo Internacional contó con la participación de 35 aeronaves civiles y militares, 90 pilotos y patrullas de España, Italia y Francia, que se exhibieron por las playas de la Malagueta y la Caleta. Los primeros en hacer su aparición fueron Air Ole, con una demostración de paso de vuelo, seguidos de las avionetas de autogiros, que penetraron en el cielo antes de que los primeros hubieran terminado. Giros imposibles y piruetas asombrosas convirtieron el cielo de la capital en lo más parecido a una película de ciencia ficción. El tiempo acompañaba y nadie quiso perdérselo. Desde La Farola y hasta Los Baños del Carmen, no había un sitio vacío en la playa, el paseo marítimo o en las aceras colindantes.
Los más afortunados disfrutaban de las vistas desde los balcones y terrazas de sus pisos situados allí, o desde sus barcos y veleros en primera línea de la costa. Incluso hubo quién probó suerte desde el mirador de Gibralfaro, con la esperanza de aprovechar las alturas para estar más cerca de los aparatos. Pero desde cualquier lugar, todos los espectadores coincidieron en «los espectacular y extraordinario» del pilotaje.
Cuales pájaros gigantes apunto de caer, los aviones descendían tanto que parecían salpicar sus alas con el agua del mar. Podían permanecer durante unos minutos boca abajo sin tambalearse, entrelazándose con sus compañeros de exhibición, para después volver a elevar el vuelo con piruetas que parecían sacadas de un videojuego. Mientras unos se adueñaban de la atención de los aficionados, otros estaban en camino desde la Bases Aérea de Málaga y el Aeródromo de la Axarquía.
Los más esperados fueron los aviones de la patrulla Saeta, que hicieron su aparición a las 11.50 horas, y los ASPA, que se exhibieron una hora más tarde. Desde las ocho de la mañana había gente cogiendo sito en la arena de la playa para poder verlos «lo mejor posible». «Merece la pena verlo, y de paso se aprovecha y echamos el día de playa», aseguraba la familia García, que vinieron desde Granada para disfrutar del espectáculo.
El F-18 fue de los que hicieron más ruido y además de deleitar a los asistentes, también los ensordeció al ser capaz de superar la barrera del sonido. La patrulla Milano, con su grupo de tres Yak-52, fueron los que más se lucieron, junto con los Buckers españoles, que mostraron multitud de piruetas y giros aéreos difíciles de seguir incluso con la vista.
Ramón Alonso, considerado uno de los mejores pilotos acrobáticos del mundo, también puso su grano de arena en este festival, realizando figuras en el cielo con el humo que despedía su avioneta.
Al final del espectáculo, aplausos y caras de satisfacción, sobretodo entre los más pequeños. Después, los más grandes mostrarían cara de sorpresa, pero sería al ver las multas que la Policía Local de Málaga se dedicó a poner a las motos mal estacionadas en las aceras.