PRINCESA SÁNCHEZ. MARBELLA
Para callar a un sobrino o para comprar un capricho de marca blanca. No da para mucho más la subida de la pensión media en Málaga. En un año, de agosto a agosto, han sido 22 euros. Los pensionistas malagueños cobraban 712,8 euros mensuales en 2009. Ahora son 734, 9. Un pellizco que no viene nada mal. Muchos lo consideran insuficiente en comparación con el alto precio que cuesta vivir. Y, otros tantos, elevado respecto de las reducciones que aún quedan por aplicar.
Las estadísticas dan una idea de las situaciones que estudian, aunque no reflejen problemáticas personales. Las de la Seguridad Social, en este caso, contabilizan 225.527 pensiones otorgadas en la provincia. En Andalucía, suman un total de 1.382.398. El 15, 9% de las 8.690.240 registradas en el conjunto de la nación y que suponen un gasto de 6.790 millones de euros al mes. Siempre de acuerdo con los últimos datos de agosto.
Fuera de Málaga
Tan sólo Sevilla tiene mayor número de pensiones que Málaga, dentro de la comunidad autónoma. La capital acapara 327.543, unas 100.000 más. Su cuantía media, eso sí, sólo supera a la malagueña en apenas siete euros. Por detrás de la provincia, en número de pensiones, siguen Cádiz, Granada, Córdoba, Jaén y Almería. Por último se encuentra Huelva, con alrededor de 86.700.
Curiosamente, la pensión media más alta no es la de Sevilla. Es la de Cádiz, que se sitúa en 804,8 euros antes de la siguiente; la sevillana, con 742,5. Huelva está por encima de Málaga en esta materia, con 741, 8 euros.
Las perspectivas cambian a medida que se avanza del Paso de Despeñaperros hacia el norte. Cataluña acapara el 17,9% de todas las pensiones españolas. Un 2% más que Andalucía. Todo ello, a pesar de que la comunidad andaluza la supera en habitantes. Cataluña registra 7,5 millones frente a los 8,3 de la región sureña. La pensión media supera, como la gaditana, a la española, con 806 euros mensuales. La más alta de todas es la del País Vasco. Sus pensionistas cobran una media de 968 euros.
La gran mayoría de los pensionistas son jubilados. Tanto en el caso de la nación como el de la región y el de la provincia. Las siguientes clases, en número, son la de los viudos y la de los incapacitados. En concreto y en ámbito estatal, acaparan 4,5 millones, 1,3 millones y más de 797.000 pensiones respectivamente.
Con menos números y más lógica, a nadie se le escapa que cada vez son más los pensionistas y menos los contribuyentes. Y estas grandes sumas no salen de la nada. Cada ciudadano tiene que engrosar, de sus propios ingresos, la caja común de la que saldrán todas estas pensiones. Contributivas y no contributivas.
Las pirámides demográficas experimentan un vuelco. Si antes se apoyaban en los jóvenes; ahora, su base la constituyen personas cada vez más mayores. La esperanza de vida aumenta mientras que la de cobrar, tras años de trabajo, disminuye.
El debate está hoy día en la financiación del sistema de la Seguridad Social, un método heredado de la dictadura franquista, en una sociedad globalizada con buena parte de su economía sumergida. En la democracia, se convirtió en uno de los pilares de la sociedad del bienestar junto con el acceso universal a la sanidad y educación y los subsidios para desempleados. El futuro de estas prestaciones es hoy incierto.