Lola Sánchez. villanueva del trabuco
La pregunta es recurrente: ¿qué va primero, el huevo o la gallina? La respuesta resulta más difusa y metafísica, y adquiere multitud de interpretaciones en función de la teoría a la que uno se adhiera. En el momento actual, sin embargo, los interrogantes que se plantean son mucho más mundanos, centrados en la supervivencia del sector avícola en un momento económico marcado por la bajada de precio del producto final, el huevo, y el incremento del coste del pienso, tan necesario para «criar» a las gallinas productoras.
A partir de aquí se perfila la problemática a la que se enfrentan las granjas dedicadas a la cría de gallinas y a la producción de huevos frescos, un sector cada vez más mermado en la provincia de Málaga, cuyos establecimientos y grandes superficies tienden a adquirir este producto alimenticio en otras empresas ubicadas en Andalucía, preferentemente en Sevilla y Córdoba.
El empresario malagueño José Luque, gerente de una granja avícola en Villanueva del Trabuco, se confiesa como uno de los «pocos supervivientes» en el sector. Su hermano y él apostaron por dedicarse a la producción de huevos frescos hace años, y con el tiempo sólo se quedó él. Ahora, Luque cuenta con dos furgonetas de reparto, seis trabajadores a su cargo, y una cartera de clientes que supera los 200. «Sin embargo, los costes siguen superando a los ingresos. En la compra de un lote de 30.000 pollitos invierto 16.000 euros, a lo que se unen los 90.000 euros que necesito para alimentarlos y ponerlos en 17 semanas, cuando una gallina ya puede empezar a producir. Las cifras, como ven, no cuadran», confiesa el empresario.
El aprovechamiento que se obtiene de una gallina tampoco alcanza el 100%. En este sentido, una pita pone en un año natural unos 270 huevos de diferente «grosor», que son clasificados por tamaños. Posteriormente son envasados en hueveras, dispuestas también por tamaños, y puestos a la venta mediante su reparto en furgonetas. El punto de llegada: pequeños establecimientos y tiendas tradicionales.
«Apuesto por estos enclaves porque las grandes superficies trabajan con márgenes de pago de más de 180 días que harían el negocio inviable», aclaró Luque.
La granja de José Luque alcanza una salida mensual de 55.000 docenas de huevos, que por lote sólo le aportan unos 20 céntimos. Hasta hace relativamente poco tiempo la venta de 12 huevos a los pequeños establecimientos podía rozar el euro. El descenso del precio de salida «es otro de los grandes inconvenientes para el mantenimiento del sector», que se enfrenta, además, a las demandas de modernización que exigen desde la Unión Europea. Los primeros datos hablan del desembolso de unos 240.000 euros para mejorar las actuales granjas.