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Policía científica

Los traductores del fuego

Los agentes de la Sección de Inspección Ocular protagonizan las investigaciones más difíciles en incendios

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Imagen del incendio que destruyó el teatro Magic Palace de Torremolinos el pasado mes de febrero.
Imagen del incendio que destruyó el teatro Magic Palace de Torremolinos el pasado mes de febrero.  La Opinión

JOSÉ TORRES. MÁLAGA A simple vista, el fuego es la manifestación visual de la combustión. Redundancias aparte, su consecuencia más temida es la destrucción absoluta. Un todo reducido a cenizas. Su poder es tal que incluso un agente especializado en investigar incendios sufre una «sensación descorazonadora» al enfrentarse a su primer caso real.

Lo reconoce uno de los seis agentes de la Sección de Inspecciones Oculares de la Policía Científica de Málaga que trabaja una de las especialidades más difíciles, si no la que más, en el ámbito de las investigaciones policiales. Trabajo no les falta. Durante el año 2010, esta sección investigó en zonas urbanas de la provincia un total de 155 incendios de los que 69 (el 44,5%) fueron catalogados como intencionados, según los datos de la Comisaría Provincial de Málaga.

El inspector subraya las palabras que minutos antes ha pronunciado el jefe de la brigada: «El fuego habla. Sólo hay que saber interpretarlo». Mensajes sin palabras con los que traducen el idioma de la lengua de fuego.

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«Un trabajo laborioso» es demasiada modestia para definir una actividad con la que averiguan la dimensión del fuego, el tiempo que han estado activas las llamas, su altura, las vías de respiración, la temperatura que ha alcanzado y, más importante aún, la dirección que les puede señalar un foco accidental o intencionado. Aunque la dirección es variable en los espacios al aire libre, en los recintos cerrados casi siempre es única. «Hay excepciones. En un interior se pueden producir cambios de condiciones», matiza el agente. Una ventana quebrada por el fuego, abierta a conciencia o la presencia de un acelerante son posibilidades en las que los investigadores no pierden detalle.

Para los casos más complejos, los agentes pueden tardar varios días en recomponer un escenario en el que ya no quedan objetos, «sólo cascajos y materiales desnaturalizados». La presencia de un cadáver no altera el protocolo, aunque sí es preciso controlar ciertos parámetros.


El inspector destaca la importancia y dificultad del papel de los bomberos que se enfrentan a la bestia. «La seguridad prima sobre la investigación, pero ellos siempre tratan de desvirtuar el escenario lo menos posible», apunta. Una vez sofocado, los bomberos aportan toda la información de utilidad. Cómo se encontraron el fuego, los principales focos, los daños propios del incendio o de la extinción del mismo son los principales elementos con los que parten estos investigadores antes de seguir la huellas del fuego. Paralelamente, la Policía Judicial abre una investigación que recoge los testimonios de propietarios, víctimas o testigos. "Nosotros no detenemos a nadie. Nuestra labor es técnica y nos centramos en confirmar o descartar la intencionalidad del siniestro», añade.

Lo primero, evaluar el grado destrucción. Hay casos, como el devastador incendio que afectó el Palacio de la Magia de Torremolinos el pasado mes de febrero, en los que los agentes no entran por el riesgo de derrumbe. Cuando la autoridad judicial lo autorice, la solución pasará por la «demolición controlada» del edificio desde el exterior hacia el interior. Paso a paso, pieza por pieza, los agentes reconstruirían el inmueble como un puzle para seguir el rastro que ha dejado el fuego.

En las inspecciones oculares, las recogidas de muestras son fundamentales. Si es necesario, la Policía Nacional cuenta con perros adiestrados que detectan el olor de los acelerantes más comunes. Con perro o sin él, son los investigadores del laboratorio químico los que confirman la presencia de sustancias inflamables que casi siempre dejan su marca.

Las rencillas, detrás de la mayoría de los fuegos intencionados
Entre 2009 y 2010, la Sección de Inspecciones Oculares de la Policía Nacional de Málaga ha investigado casi 300 incendios en los municipios en los que tiene competencia. Ambos años sumaron 136 siniestros catalogados como intencionados. Uno de los responsables del grupo asegura que el accidental, con mayor o menor negligencia, es el más común. Entre los intencionados en viviendas, el agente destaca como causa principal las rencillas entre parejas, familiares o vecinos. Un segundo grupo lo formarían los incendios provocados en comercios, donde el motivo tiene una mayor connotación económica.

En el caso de los incendios de vehículos prima el vandalismo protagonizado por jóvenes, ya que el accidental es bastante infrecuente por la mayor preparación ignífuga con la que se fabrican los vehículos. Aunque no lo parezca, son los más fáciles de demostrar  la autoría.

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