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Pronunció un discurso en el Ateneo

Garzón, el hombre que vio anochecer

Protagonista del libro "El hombre que veía amanecer", de Pilar Urbano, recibió ayer un caluroso homenaje en el Ateneo

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María Gámez, Baltasar Garzón y la fiscal Dolores Delgado, avanzan hacia el Ateneo. A su derecha, la tribuna de Semana Santa.
María Gámez, Baltasar Garzón y la fiscal Dolores Delgado, avanzan hacia el Ateneo. A su derecha, la tribuna de Semana Santa.  Carlos Criado

JOSÉ ANTONIO SAU. MÁLAGA Baltasar Garzón ofreció ayer una conferencia sobre Derechos Humanos en el Ateneo de Málaga. Exmagistrado de la Audiencia Nacional, aficionado a dormir poco o nada, lector y conversador incasable, expolítico, escritor, etcétera... No hay nadie que no conozca al jiennense universal que en 1998 mandó detener al general Pinochet en su lujosa residencia sanitaria de Londres, o que no sepa que el Tribunal Supremo ha abierto juicio oral contra él por grabar a los abogados de «Gürtel» hablando con sus defendidos en la cárcel; o que Falange Española lo acusa de prevaricación por investigar los crímenes del franquismo, o que tiene pendiente otro caso por la forma en la que cobró sus honorarios en Estados Unidos. Curiosamente, uno de los libros más famosos sobre el togado es El hombre que veía amanecer, de Pilar Urbano. Ahora, sólo es capaz de ver cómo anochece a su alrededor.

La abarrotadísima sala de conferencias, que se desbordaba por los lados, sabía esas circunstancias; la conocían María Gámez, candidata a la alcaldía de Málaga, que dijo recordar, como ciudadana, la imagen de la detención del genocida Pinochet y la lucha por conocer la verdad de lo que pasó durante la dictadura española.

Curiosamente, en el pasillo ateneísta había una exposición del Marruecos español: en una de las fotografías que componen la muestra puede verse a Franco y a Millán Astray, marciales y aguerridos en una visita al cuartel militar de la Legión en Dar Riffien. Ni Garzón los miró ni ellos parecían incómodos con la presencia del único juez que les ha plantado cara, aun muertos. La plana mayor del socialismo malagueño acudió a la cita: Remedios Martel, flamante delegada del Gobierno, llegó tarde pero le cedieron el sitio mientras una de sus acólitas decía: «Os tenéis que quitar que llega la delegada del Gobierno». También andaba por allí Fernando Arcas, historiador y socialista.

La charla sobre Derechos Humanos también contó con la fiscal Dolores Delgado García, experta en jurisdicción universal y que, en cuanto pueda, le meterá mano al dictador libio Gadafi. El presidente del Ateneo, Diego Rodríguez Vargas, entregó a ambos conferenciantes un detalle tras un encendido discurso que enardeció al auditorio. Gámez también tuvo una intervención muy sentida. Pero Garzón, recibido entre aplausos, también habló de su situación personal, de su noche oscura del alma, que diría San Juan de la Cruz. Primero ante los medios y después ante sus admiradores: «Nadie está por encima de la ley; estoy en una situación adversa, y quiero afrontarla con los mismos derechos que cualquier ciudadano».

Garzón se defiende


Antes, a las puertas del Ateneo, dijo que la intervención de las comunicaciones de abogados y reos de «Gürtel» «fue absolutamente proporcional». «Está fuera de lugar que se aproveche la cuestión de las comunicaciones en prisión para sacar partido en el caso principal, no hay ninguna relación, ninguna diligencia de ese procedimiento partiendo de esas observaciones», apuntó. No quiere que Correa y compañía saquen tajada de su mala estrella. Así, cree que no hay base para procesarlo por prevaricación, puesto que «cualquier juez se puede equivocar en la interpretación de la ley». Y, mostrando flema británica, se negó a criticar a las instituciones. «Sólo espero que el juicio llegue cuanto antes para presentar las pruebas denegadas».

Después, habló de Justicia Universal, de Derechos Humanos y de la declaración, «la más infringida en la historia de la humanidad». Entonces un asistente le pidió que hablara más fuerte. «Ojalá tuviera su voz», le dijo entre las risas. «El mejor programa político es la declaración universal de los Derechos Humanos», reflexionó mientras miraba al acalorado público.

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