Tribunales

El asesino en serie siente «gran asco» por las prostitutas

La novia del supuesto homicida aseguró a la Policía Judicial que su pareja decía que eran «sucias»

 05:00  
El presunto asesino en serie, arrestado el 24 de septiembre en Riviera del Sol (Mijas).
El presunto asesino en serie, arrestado el 24 de septiembre en Riviera del Sol (Mijas).  Efe
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José Antonio Sau Si algo queda claro tras leer la declaración que prestó el supuesto asesino en serie de dos prostitutas ante la Policía Judicial de la Guardia Civil a las ocho de la tarde del mismo día de su detención, el 24 de septiembre, o lo que dijo su novia, también arrestada por su vinculación con los crímenes, es que éstos tienen sobre todo una motivación psicológica. La joven pareja del autor material de las muertes de dos mujeres, una en Mijas, a mediados de agosto, y otra en San Pedro, ya en septiembre, fue clara en su comparecencia: «Él tiene un gran asco y habla mal de las prostitutas, porque fue el motivo de la separación de sus padres, y porque éste era un gran asiduo a este mundo».

Es más, aseguró tener miedo del mismo por las posibles represalias, y aclaró a los sorprendidos investigadores, quienes le preguntaron si habían hablado sobre si su pareja había tenido relaciones con prostitutas, lo siguiente: «Sí, pero él me contestaba que le parecían sucias».
El supuesto asesino en serie se llama realmente Abdelkader S., tiene 44 años y nació en Wiesbaden, Alemania, aunque usaba el nombre de Martin S., correspondiente a un súbdito irlandés. Habla alemán, inglés, español «de forma vaga», explicó, y chapurrea, según dijo su novia, algo de árabe.

Para haber sido detenido esa misma mañana en su apartamento de la urbanización Riviera del Sol, junto a su compañera y la madre de ésta, no estaba nervioso, lo que se demuestra en su profusa declaración compuesta por 17 folios, a los que ha tenido acceso La Opinión de Málaga. Se recrea en los detalles y retiene muchos de éstos de forma casi fotográfica.

En un lance del interrogatorio, uno de los investigadores le pregunta directamente si tiene algún problema sexual o con las mujeres que ejercen la profesión más antigua del mundo, a lo que contesta un rotundo «no». Pero, por qué mató a M. A., la mujer ecuatoriana hallada el 10 de septiembre cosida a cuchilladas en un apartamento de San Pedro Alcántara: «No lo sé, soy estúpido», se recoge en el décimo quinto folio de su declaración policial, que se llevó a cabo en el cuartel de la Guardia Civil de Mijas.

Reconoce asimismo que tuvo problemas con la Justicia alemana, ya que en 1988 «entró en un domicilio a robar, asesinando a una mujer que se encontraba en su interior», hacen constar los agentes. Cumplió 18 años de condena. «La maté con un objeto contundente, como una estatua» –la declaración está escrita en tercera persona, pero se relata en primera para facilitar la comprensión de los lectores–.

Luego, eligió la nacionalidad marroquí. En un momento dado, se le pregunta por un tercer cadáver, también de una mujer, hallado a mediados de septiembre en Calahonda, y su respuesta es, una vez más, muy sincera: «No he tenido que ver con esta muerte, me daría igual decir que he matado a otra mujer, pero no tengo nada que ver».

Ya sobre los hechos, indica que entra en contacto con Micaela, apodo de la argentina de 45 años cuyo cadáver se localizó el 10 de agosto en la mansión Alhamar de Calahonda, por medio de la versión inglesa de un periódico. Estuvo dos veces con ella. En la primera no hubo sexo, pero sí en la segunda, aunque no se dio el acto completo, porque ella se negó sin preservativo.

Iba con la intención desde un principio de robarle el dinero, por lo que se aprovisionó de un cuchillo con una hoja de treinta centímetros de alto y seis de ancho; lo tenía en su domicilio, se lo metió en los pantalones y, al llegar al lugar de autos, lo dejó en un bolso, duchándose luego, relató.
Salió desnudo, envuelto en una toalla, señaló, mantuvieron las relaciones y le dio 50 euros. Ella se dio la vuelta, y la amenazó con el cuchillo pidiéndole todo el dinero. Sólo tenía 60 euros en el bolso. Se quedó además con las tarjetas bancarias. «Le pinché con el cuchillo en diversas ocasiones, sin saber por qué lo hacía. Ella cogió un cojín que estaba en la cama para defenderse, pero la pinché a través del mismo», aclaró. Salió herido del forcejeo, en concreto en su antebrazo izquierdo y el pecho, dijo. «Le miré el pulso en el cuello y pensé que estaba muerta», apuntó. La mujer gritó, y él trató de callarla tapándole la boca con la mano y la funda de la almohada. «La televisión estaba encendida», añadió.

Atento a todos los detalles

Luego se lavó las manos, cogió dos móviles y, tras salir del piso, tiró el cuchillo a un contenedor, junto a la camiseta y un móvil. Acto seguido, junto a su novia, según afirmó, recorrió varias entidades de la Costa del Sol para sacar dinero. Su pareja le preguntó por el cuchillo de cortar carne, y él le dijo que lo había tirado a la basura. Le regaló un móvil a su novia, y ésta, a su vez, se lo dio a su madre.

En relación al asesinato de la segunda prostituta, también de más de 40 años y de origen ecuatoriano, en un apartamento de San Pedro, aseguró que contactó con ella a través de la sección de contactos del periódico.

Esta vez rehusó darse una ducha, la mujer encendió el televisor y, cuando llega al dormitorio, sacó el cuchillo que llevaba bajo la ropa, en la pelvis. «Me lo compré en una tienda de chinos». La amenazó, poniéndole el arma en el cuello. Le exigió dinero, tarjetas y su PIN, ella se lo dio y luego la maniató con unas cuerdas azules de tender. «Sólo recuerdo que la maniaté y la pinché con el cuchillo». Hubo una lucha. Ella se puso de rodillas y la pinchó en un brazo. «Recuerdo haberle clavado el cuchillo en la garganta». La mujer se zafó de la atadura de una de sus manos, él la empujó hacia la cama, y le clavó de nuevo el cuchillo en su brazo derecho. «Escuché un pequeño respiro».

Lavó el arma y la dejó en la cocina, se limpió la ropa con una toalla e hizo lo mismo con el salón y el cuarto de baño. Esta vez, sí apagó el televisor y tiró el móvil, ya fuera de la casa, por una alcantarilla. Se había encontrado con la mujer a las 14.00 horas de ese día. Metió su ropa en una bolsa de deporte donde llevaba mudas de respuesto para cambiarse y tiró también sus deportivas a la basura. Ya en su casa de Riviera del Sol, metió la ropa en la lavadora, y le dio las tarjetas a su novia, volviendo, de nuevo, a peregrinar por diversas entidades para sacar dinero. No intentó violar a la meretriz, según dijo.

Su novia, además de haber echado de menos el cuchillo de cortar carne en el primer crimen, notó las heridas de defensa que presentaba su novio. Éste añadió, además, que eligió a sus víctimas al azar.

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