ALFONSO VÁZQUEZ
El catálogo de especies de La Concepción, el mejor jardín subtropical de Europa, contabiliza en su edición de 2007 un total de 1.020 especies pero seguro que esta cifra sigue subiendo. La riqueza del jardín pueden disfrutarla malagueños y turistas no sólo en cada visita, sino también con las plantas que, desde hace algunos años, el jardín botánico designa como plantas del mes, descubriéndonos su secretos, el origen de su nombre o las propiedades medicinales.
En este inicio del año hacemos un repaso a la docena de joyas botánicas de 2001 que inauguró la Dombeya burgessiae, un arbusto africano que florece en enero y que puede alcanzar los cinco metros de altura. Con la corteza de su tronco se fabrican canastos y tanto la corteza como las hojas son las favoritas del rinoceronte negro. Resistente al frío, en invierno nos regala florecillas color rosa pálido.
La planta de Cela
La del mes de febrero, el boj, tiene ecos literarios, pues Madera de boj es la última obra de Camilo José Cela. Precisamente con su madera se fabrican instrumentos musicales. En La Concepción encontramos dos bonitos ejemplares en el jardín histórico, cerca de la cascada, pero los más espectaculares, por su nutrida floración, se encuentran en la Vuelta al Mundo en 80 Árboles.
A la Ciudad del Cabo, la urbe sudafricana, debe su nombre la planta de marzo, la margarita del Cabo, aunque la primera parte de su nombre científico (Osteospermum ecklonis) es un misterio, pues los botánicos desconocen por qué viene del griego osteon (hueso) y sperma (semilla). Sin embargo, ecklonis se le puso en honor del farmacéutico alemán del siglo XIX Christian Friedrich Ecklon. Sus resistentes flores, que pueden ser blanquecinas o de un intenso color entre azul y morado, alegran el inicio de la primavera.
La planta oficial de abril está muy unida al padre de la Teoría de la Evolución, pues en su honor se llama la orquídea de Darwin, al trabajar el famoso naturalista en la fertilización de las orquídeas. Originaria de Madagascar, esta especie fue descubierta en 1822 y los tres primeros ejemplares fueron enviados a Inglaterra en 1855, floreciendo dos años más tarde. Su flor es como una enorme estrella de marfil pálido.
Jugosa y colorista fue la planta de mayo, el granado, famosa por su fruto, pero no hay que despreciar su preciosa flor, de un naranjo intenso. El fruto, además de rico, es antidiarreico y la raíz y la corteza se han usado para combatir la tenia. Con la semilla se hace, cómo no, esa famosa bebida llamada la granadina.
En junio la elegida fue una hierba perenne sudafricana llamada Plectranthus neochilus, amiga de suelos escasos de agua y que resiste a las plagas. En medicina tradicional se empleaba contra la insuficiencia hepática y es útil para purificar el aire. Sus flores de un azul intenso son memorables.
El relajante tilo fue el protagonista de julio. El botánico sueco Linneo le puso su nombre botánico y, curiosamente, Linneo le debe su apellido al tilo (lind en sueco), en recuerdo de un gran tilo que había en casa de su abuelo. En el jardín podemos encontrar tres especies de tilo: el de hoja grande, el de hoja pequeña y el de hoja plateada.
Y en agosto, un clásico: la higuera. Un tipo de ficus resistente a los suelos más ingratos y que no necesita mantenimiento. Los higos, que se pueden consumir frescos o secos, son laxantes y hervidos en leche alivian la tos.
La planta del mes de septiembre fue la ruselia, originaria de México y con unas llamativas flores tubulares que podemos ver casi todo el año salvo en los meses más fríos, de un brillante rojo coralino, de ahí que la ruselia sea conocida como la planta del coral. Su larga floración la convierte en una magnífica planta ornamental.
En octubre tuvimos un prodigio de la Naturaleza, una maravillosa planta insectívora llamada nepentes, con el nervio central de las hojas más grandes transformado en una especie de jarra con tapa. Esa jarra segrega un néctar dulce para los insectos, que quedan atrapados en el interior y que contiene un líquido pegajoso usado también para quemaduras o enfermedades de la piel. Homero habla de esta hambrienta planta en La Odisea.
Del nombre científico de la planta de noviembre, la Schefflera actinophylla, encontramos que la especie, actinophylla, viene del griego aktis (rayo) y phyllon (hoja), por la forma radial en que se disponen las hojas, gruesas y grandes, al final de las ramas, de ahí que también se le conozca como el árbol de los paraguas. Su floración de un rojo intenso y el bonito color verde brillante la convierten en planta ornamental y también e planta de maceta en interiores.
Y 2011 se despide con un verdadero clásico, el pino canario, del que encontramos un precioso grupo en la entrada al jardín botánico, frente al Museo Loringiano. La madera de tea que produce y que se encuentra en el centro de los pinos viejos, por acumulación de resina, es muy apreciada por los ebanistas y carpinteros.
Con el pino canario se despide la selección anual del inagotable jardín de La Concepción, que prepara doce nuevas maravillas botánicas para este 2012.