JAVIER G. RECIO
Ayer fue el último pleno de la concejala de Economía y Hacienda, Carolina España, que deja el despacho municipal para dedicarse a su nueva responsabilidad de diputada en el Congreso. Fue un día intenso para la concejala, también portavoz del grupo de gobierno. Intervino con asiduidad en el pleno, primero para defender la aprobación definitiva de los presupuestos, los últimos que se aprueban bajo su responsabilidad; luego para fijar la postura municipal respecto a la subida del IBI; en una intervención más política defendió la moción de su grupo que tira de las orejas a la Junta de Andalucía por dejar en la inopia a los ciudadanos sobre qué proyectos ejecutará y cuánto dinero dedicará a cada uno de ellos. Incluso ejerció como presidenta en la sesión plenaria sustituyendo al alcalde, que se ausentó para asistir a la toma de posesión del equipo de gobierno de la Universidad de Málaga (UMA).
Tras una comida de despedida con sus compañeros de grupo, a última hora de la tarde, más allá de las siete seguía interviniendo, esa vez para defender el buen papel del Ayuntamiento en la tramitación de los contratos del publicidad y propaganda. Fue su último acto de servicio al Ayuntamiento tras trece años –doce más uno– de gestión municipal. Ahí estuvo hasta última hora, peleona y constante, como el muñequito de Duracell.
A Carolina España, ¡quién lo diría!, le gusta el color rojo, lo suele usar en las grandes ocasiones municipales, como en los debates del estado de la ciudad. Ayer también quiso despedirse de rojo. Un detalle. En su último día, fue protagonista, quizá en exceso, en el pleno. Ahora en su nuevo escenario político tendrá que hacer ejercicio de igualitarismo. Será una igual de los 185 diputados que representan al PP en el Congreso.
Al filo de las ocho de la tarde intervenía «por última vez» en el pleno para despedirse de este periodo municipal, «que sé que serán los más intensos de mi vida política». Como en todas las despedidas tuvo palabras para el alcalde, para sus colaboradores directos, para los empleados municipales, sus compañeros de partido y los otros concejales, también para su familia: «Mi padre vino esta mañana y lo tuve que echar pues me daba vergüenza verlo aquí». «He sido enormemente feliz. Seguiré trabajando por Málaga», concluyó. Le respondió el alcalde, que agradeció su «trabajo, esfuerzo, sacrificios y los logros conseguidos».