ALFONSO VÁZQUEZ
La estructura metálica, digna de una superproducción de Samuel Bronston, parecía volar ayer, ingrávida, por la calle Héroe de Sostoa gracias a una grúa que no tuvo problemas con los cerca de 2.000 kilos que pesaba el artefacto.
Transportada días antes en tres partes, fue soldada en el suelo de la barriada de Fernández Castany (conocida también como de Obras Públicas) y colocada ayer en la trasera del bloque, en Héroe de Sostoa, para acoger uno de los primeros ascensores de los que disfrutará esta barriada tras medio siglo de vida.
Es el capítulo final a un largo libro de reclamaciones que se abrió en La Opinión de Málaga en el verano de 2007, cuando un grupo de vecinos reivindicó un ascensor para este bloque que daba a Héroe de Sostoa, algo que conllevaba ocupar un pequeño espacio de vía pública. El barrio tiene 17 bloques de cinco plantas y sólo uno de ellos cuenta con ascensor. La Junta de Andalucía, que comenzó la rehabilitación de todo el barrio en 2008, se comprometió a instalar los elevadores en el resto de los bloques pero el de la calle Héroe de Sostoa quedaba en el aire porque ocupaba parte de la vía pública.
Obstáculos salvados. «Hemos tenido que salvar muchos obstáculos, primero la vía pública con el Ayuntamiento», recuerda Oscar González, portavoz vecinal.
Otro obstáculo fue convencer al propietario de la farmacia que da a Héroe de Sostoa, en la planta baja del bloque y finalmente –algo que afectó a la instalación de ascensores de todo el barrio y que publicó la sección semanal Línea Directa– los vecinos tuvieron que capear el enfrentamiento entre Endesa y la Junta de Andalucía por ver quién costeaba el trasformador, necesario para poner los ascensores. Al final, Endesa tuvo que pagarlo, obedeciendo el dictamen de la Junta. Los vecinos, entre tanto, protagonizaron dos caceroladas de protesta porque veían cómo se alejaba su sueño.
La instalación de los elevadores forma parte de las obras de rehabilitación del barrio, que han costado en total unos 2,5 millones de euros, de los que la Junta ha costeado el 95 por ciento y el resto los vecinos.
La guinda son los 16 ascensores, con un precio total de 700.000 euros. «Antes de mayo tienen que estar cuatro funcionando y el resto para noviembre», señala Oscar González, que recuerda que cuando los vecinos comenzaron a reivindicar el ascensor que ayer se comenzaba a instalar, «mi mujer estaba embarazada y hoy mi niño tiene cuatro años».
Este vecino, que ha trabajado codo con codo con Francisco Calazans, un veterano de la barriada, se muestra aliviado por la llegada de todos los ascensores y de paso confía en que «todos los pisos se revaloricen».
Para Francisca Espinosa, de 80 años, también es una buena noticia, a pesar de que ha cambiado su tercer piso, que ahora se lo ha alquilado a su hijo, por una planta baja. «Es que ya me pesa la edad», comenta.
Antonio Padilla, que lleva en el barrio desde 1974, sonreía ayer viendo elevarse la torre metálica que albergará el ascensor. «En mi bloque alguno ya ha fallecido, con muchas ganas de que pusieran un ascensor. Ya cuesta más trabajo hacer ejercicio y a mi mujer más todavía por las piernas».
Por último, Trini Fernández, vecina de la barriada de Obras Públicas desde hace unos 43 años, cree que la llegada de los elevadores «es estupendo». «Va a venir muy bien porque yo vivo en un tercero y a mi marido, que tiene cerca de 80 años le cuesta subir las escaleras». El sueño, peleado por los vecinos, se ha hecho realidad.