JOSÉ A. SAU
Se acabó el tiempo de los rumores, de las medias sonrisas y de los cuchicheos de pasillo: el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó el lunes la convocatoria y el respectivo plazo oficial para que los aspirantes a fiscal jefe de Málaga hagan oficial su candidatura. Tienen una semana desde anteayer para presentarla si ejercen en Málaga o diez días naturales si lo hacen en otra provincia española. A partir de ahora, el futuro sucesor de Antonio Morales tendrá mucho que hacer. Los aspirantes siguen atrincherados en su proverbial cautela y poco a poco toman posiciones de cara a este crucial proceso.
De momento, y de forma oficiosa, podrían presentar candidatura el fiscal de Medio Ambiente, Juan Calvo-Rubio; el de Seguridad Vial, Javier de Torres; Juan Carlos López Caballero, titular de la Fiscalía Anticorrupción, y Julio Martínez Carazo, fiscal que ejerce en Penal. Otros que podrían sumarse a la baraja son el especialista en Civil y responsable del área de Protección a las Víctimas, Francisco Luque, y el fiscal Antidroga, Gabriel Gómez.
Una vez que se cierre el plazo la semana que viene, el Consejo Fiscal deberá reunirse para proponer al elegido al nuevo fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, aunque su decisión es soberana y no tiene por qué hacer caso de lo que dictamine el Consejo.
Fuentes judiciales de toda solvencia fueron claras al respecto: «Lo que se busca ahora es a un conservador moderado, muy moderado, con un perfil muy profesional», porque, por más que Torres Dulce quiera, tendrá que prestar atención a las sensibilidades del partido que gobierna, que, por cierto, ya tiene un favorito para Málaga.
Otra cosa es que ese candidato favorito, el que más gusta, sea el que más tirón tiene entre sus compañeros. Aquí tendrá mucho peso la Asociación de Fiscales, también de signo conservador moderado, quien siempre ha mantenido un mismo criterio en todos los lances: apoyar al más antiguo, y si se aplica esa vara de medir puede haber sorpresas. Aquí es donde surge el problema que requerirá de una solución salomónica: el preferido de la asociación, y el que más prestigio reúne entre sus compañeros, no coincide con los gustos de otros que indirectamente también tienen que decir por más que se invoque una utópica, necesaria y sanísima independencia.
En principio, todos los contendientes tendrían grandes posibilidades: experiencia, trayectoria, han llevado grandes casos y tienen prestigio entre la tropa, pero aquí ocurre como en las carreras de velocidad: una mínima diferencia puede marcar la distancia insalvable que hay entre el oro y la plata. Cuando fue elegido Antonio Morales como fiscal jefe, el segundo en número de apoyos fue López Caballero; tiene gran predicamento entre sus compañeros y su aportación a la democracia, con casos como Malaya, ha sido fundamental. Recientemente se ha destacado en la lucha Martínez Carazo, acusador que ha ejercido en Marbella durante años, y que es muy querido y respetado por sus compañeros. Su currículo también es intachable. Éste, en un principio, no pensaba concurrir, pero el saberse «bien visto» en ciertos ambientes podría precipitarle a dar un paso en firme.
Calvo-Rubio lleva años llevando la dificilísima tarea de Medio Ambiente y Urbanismo, y ha sido el azote de alcaldes prevaricadores desde mediados de la pasada década. Tiene la experiencia y la capacidad de gestión requeridas para el cargo, y un buen cartel entre los ciudadanos y las asociaciones e instituciones que se interrelacionan con la Fiscalía.
De Torres asumió la novedosa área de Seguridad Vial, coordina las ejecutorias con éxito y su papel público más relevante se concretó en la magnífica investigación efectuada en torno al kamikaze de la calle Larios. Con buen cartel y prestigio, no es un candidato cojo.
Luque y Gabriel Gómez también han hecho importantísimas aportaciones a la Fiscalía, defendiendo la legalidad en casos complicados y gozan de gran apoyo, respeto y reconocimiento. Sus nombres se han rumoreado. Queda la duda de si algún fiscal de otra provincia muestra sus intenciones y concurre a esta batalla. El que lo haga demostrará, por lo menos, valentía.