L. MARTÍN
No se sabe si habrá más caballistas. Tampoco si soplará el terral o si los ritmos tradicionales se unirán a la canción del verano, pero lo que parece claro es que la Feria de este año será diferente. Incluso, en lo más elemental, sus fechas, que cambiarán para integrar en el calendario la conmemoración del 19 de agosto, la de la toma de Málaga por parte de los Reyes Católicos. El cambio implica retrasar un día el inicio de las fiestas y prolongar otro tanto su final, por lo que la feria se desarrollará esta vez de domingo a domingo, en concreto del 12 al 19, ambas jornadas incluidas.
Según Damián Caneda, concejal de Cultura, Turismo y Deporte, la medida propiciará la vuelta al programa festivo de la efeméride, que quedó desplazada después de la supresión, dictada por la austeridad, de uno de los días de la feria. La entrada de los Reyes Católicos es el motivo original de las fiestas. La iniciativa, en esta ocasión, no presume ninguna rebaja en cuanto a horas, aunque troca una jornada por otra; precisamente un domingo por un sábado, el de inicio, tradicionalmente boyante en consumo y en ventas.
La iniciativa, de momento, no ha suscitado controversia. Los principales afectados, los hosteleros, piden tiempo para estudiarla, si bien alertan de que el domingo de cierre suele ser más parco en afluencia. «También es verdad que ese día el pasado año no hubo Feria. Nos ha cogido de sorpresa, declara Rafael Prado, presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería de Málaga (Aehma).
Los vecinos, por su parte, no observan ningún inconveniente. No obstante, dejan claro su planteamiento. María José Soria, de la asociación del Centro, cree que el único cambio de fecha positivo para el barrio sería una nueva reducción de las jornadas festivas. «Es una de las ferias más largas del país», señala.
El cambio gusta, sin embargo, a otros colectivos ligados tradicionalmente al negocio de los días de fiesta. Los comerciantes, a través de Fecoma, se muestran conformes con la idea, que, en su opinión, supondrá la oportunidad de disfrutar de un nuevo día añadido para las compras. «En los días de feria no solemos vender nada, pero esto serviría para que la gente haga las compras de los preparativos tranquilamente y, además, en clave festiva», puntualiza Enrique Gil, presidente de la organización.
En una línea parecida se expresa Jesús González, responsable de la Federación de Peñas de Málaga, que considera que la iniciativa no acarreará ningún tipo de perjuicio para los intereses económicos que se concitan en las fiestas. «Ese fin de semana se facturará con holgura porque aunque no haya oficialmente feria la gente se animará a salir y consumir. En realidad, se ganan un día más, porque es fin de semana», opina.
La incidencia en el turismo, en principio, tampoco suena negativa. La marca turística de Málaga, y especialmente de la Feria de agosto, se antoja lo suficientemente consolidada como para resistir el cambio de fecha.
Los turistas, en este sentido, son fieles y han aprendido a acercarse a los festejos con independencia de sus días centrales de celebración. Así lo cree, al menos, Joaquín Fernández Gamboa, vicepresidente de la Asociación Empresarial de Agencias de Viaje (Aedav), quien considera que, en principio, la medida no debe por qué notarse en la entrada de viajeros y en las pernoctaciones en la ciudad.
La feria de 2012, la feria del cambio. El retraso de la fecha inaugural no será la única novedad con la que arranque la próxima edición de la Feria. El concejal de Cultura, Turismo y Deporte, Damián Caneda, se propuso desde su llegada al cargo, en mayo del pasado año, reformular la fiesta. Sobre todo, en lo que respecta a la feria del Centro, que en las últimas ediciones ha sido especialmente polémica por la multiplicación de la práctica del botellón.
Las medidas impulsadas por el edil han ido encaminadas a corregir esa tendencia y recuperar los motivos originales de las fiestas, fundamentalmente en su apartado folclórico y colorista. En estos propósitos, Caneda, ha encontrado la colaboración y el trabajo del tejido asociativo, aunque también la oposición de otras organizaciones y colectivos. Una de las decisiones más controvertidas, por ejemplo, fue la eliminación de las barras de alcance y las casetas que se instalaban en el Centro, caso de la plaza de la Constitución y de la Marina.
El concejal, que se ha entrevistado periódicamente con comerciantes, hosteleros y vecinos, también ha promovido un mayor control de la música de los bares, que no podrá enfocarse hacia los exteriores de los recintos. Asimismo, se proyectan iniciativas destinadas a reforzar el componente tradicional de la feria: programas culturales, exposiciones de artes plásticas, bailes típicos, mercado de artesanía. También se creará una caseta joven en la plaza de la Marina y se trasladará la feria infantil del Parque a la calle Alcazabilla.