MATUCHA GARCÍA
Lucía tiene once años y a su temprana edad se ha tenido que enfrentar con un gran, duro, penoso y largo obstáculo: la leucemia. La pequeña es toda una luchadora y su entereza, serenidad y optimismo han sido un ejemplo para sus propios padres, vecinos y todos los que la rodean. Después de unos meses duros, está logrando vencer a la enfermedad aunque aún está en tratamiento. Lucía, un ejemplo de valentía, es uno de los 1.100 casos de cáncer entre niños de 0 a 14 años que se diagnostican cada año en España, según el Registro Nacional de Tumores Infantiles (RNTI-SEHOP), que contabiliza 20.747 casos registrados desde 1980.
Pese al elevado número de casos, no todo es negativo: la supervivencia en la infancia y adolescencia es, en general, mejor que para el resto de las edades, alcanzando el 77 por ciento. Y es que desde los años 80 la mortalidad ha disminuido un 50 por ciento y, actualmente, el índice de supervivencia llega al 100 por ciento en algunos tumores.
¿La razón? La detección precoz, la investigación científica y los nuevos tratamientos oncológicos que permiten a los pequeños vencer este mal y recobrar la normalidad en sus vida. Como lo desea Lucía, que quiere regresar pronto al colegio con sus compañeros. «Es una excelente estudiante», apunta su madre, Rosa Lares.
Sus padres, orgullosos, sólo tienen palabras de halago para su hija y para el personal del propio Materno Infantil y de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) que les brinda apoyo, consuelo, compañía y entretenimiento.
«Ha sido Lucía la que ha tirado de nosotros», comenta su padre Federico López. Ahora, todo está volviendo a la normalidad, y se muestran más tranquilos, pero el proceso ha sido duro, reflexionan. «Cuando llegas aquí ni te lo crees, ni lo asimilas, vives una pesadilla día a día y gracias a las personas del hospital y de la asociación pones los pies en el suelo», explica Rosa.
La pequeña Lucía es muy querida por todos y sus padres intentan sacar lo positivo de esta mala experiencia. «Aprendes a ver las cosas de otra manera y le quitas importancia a otras cosas. Además te das cuenta de lo que la gente está dispuesta a ayudarte», dice Rosa.
Unas palabras que corrobora su marido que comenta que han sentido el calor y el apoyo de sus vecinos y hasta la comprensión y flexibilidad de su empresa, en el caso de Federico, ya que Rosa se ha pedido una baja por estas circunstancias, una opción que posibilita actualmente la ley.
Y es que la vida completa de una familia se trastoca, se modifica y se pone patas arriba. Los trabajos, el orden, la rutina... Afecta de forma directa incluso al cuidado de su otro hijo, de 15 años. La vida les ha dado un mazazo pero ellos se han hecho más fuertes. «Además de comunicarle que tenía la enfermedad me preocupaba las noticias que tenía que darle día a día, como que se le iba a caer el pelo. Es una niña muy madura y lo ha asimilado todo fenomenal», afirma su madre.
Fue en agosto cuando le diagnosticaron la enfermedad. A Lucía le dolía una pierna, pero el traumatólogo no le encontró nada. La alerta saltó cuando su madre observó que este dolor le producía fiebre. Fueron al pediatra y le realizaron una analítica con el fatal resultado. La pequeña de once años ya ha superado la fase de hospitalización y ahora acude al hospital de día tan sólo para recibir su tratamiento.
«Desde agosto hasta enero han sido ingresos prácticamente seguidos. Casi vivíamos aquí y ya el 17 de enero pasó a otro ciclo», explican sus padres, que además comentan que residen en Marbella con lo que se enfrentaban cada día a un desplazamiento largo. Se han ido turnando las noches con la pequeña e insisten en resaltar el gran apoyo de sus vecinos. Lucía acaba de recibir su tratamiento y está viendo una película en su iPad, un regalo, por cierto, que le han comprado todos sus vecinos. «Ella me dijo: mamá no me imaginaba que me quisieran tanto».
Ésta es una de tantas familias malagueñas que tienen que pasar por el duro trance de ver a sus hijos atravesar una penosa enfermedad y hoy, Día Internacional del Cáncer Infantil, la familia Lares López quiere colaborar con la visualización de la enfermedad y el reconocimiento de la labor callada de la AECC.