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El personaje de la semana

El pulso a los deshaucios

Isabel Jiménez pertenece a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, donde ha logrado parar cuatro desahucios

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La activista Isabel Jiménez, una luchadora incansable que trata de proteger a los más débiles del poder omnímodo de los bancos.
La activista Isabel Jiménez, una luchadora incansable que trata de proteger a los más débiles del poder omnímodo de los bancos.  Gregorio Torres

Melanie SOler Si el altruismo o la solidaridad tuvieran nombre de persona ése podría ser Isabel Jiménez. Esta madre soltera de 53 años y en paro desde hace tres años, conmovida por el drama familiar que viven diariamente innumerables personas, se ha volcado de lleno con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y en la actualidad es uno de los miembros más activos en Málaga.

No ha sido desahuciada, pero tiene un familiar muy cercano al que califica como «su hermana» que se encuentra en una situación crítica. Con dos bebés y una ayuda de poco más de 400 euros, la familia tiene que ayudarle a pagar una hipoteca de más de 900 euros, además de los gastos que suponen comer y vivir. «Fui a solicitar información a la plataforma y decidí quedarme y luchar por los derechos de las personas».
Sin ánimo de protagonismo, Isabel explica que la PAH es una plataforma horizontal donde no existen líderes ni jefes, «cada uno ayuda como puede» y a día de hoy cuenta con unas sesenta o setenta personas dentro de la organización malagueña.

La plataforma nació en el año 2009 y desde entonces cada vez son más provincias las que, a través de personas que se ven afectadas directamente por los desahucios o simplemente desean cambiar la situación, conforman una nueva organización de la misma. En Málaga existe desde hace unos dos años y como bien dice Isabel, esta «lacra» afecta a camareros, albañiles, abogados o arquitectos. No entiende de estatus sociales y el abanico de personas tan variadas que conforma la PAH es un fiel reflejo de la realidad.

Recoger firmas para llevar ante el Congreso la dación en pago y paralizar desahucios son las principales armas con las que luchan. En el caso de Isabel, se dedica a recoger diariamente firmas, megáfono en mano para informar a todos los viandantes, aunque a veces le juegue malas pasadas y tenga que quedarse en casa descansando por forzar la garganta. Asegura que es la primera vez que pertenece a un movimiento, el cual asume con la misma responsabilidad que un empleo, e insiste en los corazones «tan grandes» que lo conforman.

«Lo más emocionante que te puede pasar después de tener un hijo es ver cómo las familias te abrazan y lloras con ellos», esa es la sensación que Isabel explica cuando consiguen mediante la unión y presión pacífica parar el desahucio de alguna familia. En los cuatro meses que lleva dentro de la plataforma ha asistido a cuatro, de los cinco conseguidos hasta ahora en la provincia, y tanto a ella como a todos los que acuden les invade «mucha emoción» cuando saben que van a tener dónde dormir una noche más los afectados.

El 19 de julio se enfrenta a una situación hasta ahora desconocida para ella, van a intentar parar el desahucio de Kiko, un hombre que reside en Cártama y que gracias a la PAH logró que no lo echaran de su vivienda hace unos meses. Este será el segundo intento. «Estaremos allí, es la única manera», asentó Isabel.

Las asambleas informativas son otras de las actividades en las que participa Isabel, los sábados o viernes, según el día que se celebre en La Invisible. Llevan bizcochos, algo de picoteo y charlan sobre la situación, orientan a aquellos que requieren información para saber qué hacer y abordan todo tipo de cuestiones que puedan surgir. Asegura que en muchos casos las personas son engañadas por las entidades financieras y la falta de nociones sobre cómo actuar ante el problema, juega en su contra. «Esto afecta a todos pero los más desfavorecidos son la clase humilde por falta de conocimientos. Cuando van a por una Rebeca –la chica de 25 años que lograron que no echaran de casa a inicios de semana– no saben a dónde recurrir», sentencia Isabel, que se pregunta cómo no les «da vergüenza» a los políticos ser ajenos a esta realidad que sólo en Málaga supone la ejecución de 67 viviendas a la semana. Entienden el papel de la policía, «les mandan a algo que no es agradable», pero exigen mayor sensibilidad para jueces y políticos y modificaciones en las leyes que rigen estos procesos.

Mientras tanto, Isabel seguirá recogiendo firmas por barriadas y poniéndose frente a las autoridades para frenar los desalojos que sean necesarios. Mientras tanto, la PAH luchará por los más azotados por la crisis hasta lograr que todos los afectados tengan un lugar en el que dormir.

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