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Alfonso Vázquez Uno de sus primeros compradores se fue directo para la copia que pintó de El aguador de Sevilla y no descansó hasta tenerlo en su casa de Cuenca. «Me gusta más que el original porque está más fresco», le argumentó.
El autor de esta copia es Salvador Cobos (Málaga, 1930), el único copista de Velázquez que pinta los cuadros del genio sevillano a tamaño natural, un reto al que se enfrenta desde los años 90 este artista extrovertido, tenaz y apasionado de 82 años , cuando el fallecimiento de María, su mujer, le hizo volcarse en su gran vocación, la pintura. «Y no he parado desde entonces», confiesa.
Hijo y nieto de vecinos de los Montes, su padre, Antonio, era un carpintero que estuvo trabajando en la Vers, mientras que dos hermanos de su padre fueron inspector y conductor de tranvías en Málaga, respectivamente.
Llegó a ingresar con sólo 9 años en la Escuela de Bellas Artes de la calle Compañía, pero precisamente su corta edad hizo que durara muy poco. «Allí no entraban hasta los 14 años, yo entré por mediación de unos masones y me tuve que ir», explica, por lo que se formó por cuenta propia.
En su niñez fue monaguillo en la Victoria, la Catedral y la Purísima y de adolescente trabajó en una peluquería de la calle Panaderos, para luego pasar a los materiales de construcción de Félix Caballero y de ahí al Grupo Sofico, donde destacó por su entrega al trabajo. Hasta el punto de que, una vez quebrada la empresa, se encargó de inventariar y entregar los edificios cerrados. También estuvo al frente de la Distribuidora Malagueña de Ediciones, que repartía Sol de España. Y con la muerte de su mujer llegaron los primeros cuadros sobre tranvías de Málaga, escenas costumbristas de la ciudad y sobre todo, Velázquez. «Es mi maestro espiritual», confiesa.
Cada copia de Salvador Cobos es una lección de precisión y laboriosidad en la que no faltan los cálculos matemáticos para copiar, a tamaño real, la obra del genio sevillano. Una excepción, Las Meninas, que están copiadas a la mitad de su tamaño original «porque la hice en mi casa y no la podía sacar por la puerta».
Salvador Cobos calcula (incluidas ecuaciones y raíces cuadradas), cuadricula, pinta a lápiz y luego con tinta china antes de pintar al óleo. Y siempre teniendo muy en cuenta el color, porque las litografías de los libros y láminas que emplea para copiar las obras no siempre reproducen el color exacto. Y cuando finaliza, queda la visita al Museo del Prado para comprobar con el original los fallos o detalles que faltan, y que apunta en una hoja de acetato sobre una lámina del cuadro.
Hasta la fecha el artista ha pintado 13 velázquez y entre ellos, La rendición de Breda (7,5 meses de trabajo) porque como explica, «son treinta y tantas lanzas más las figuras que hay en el cuadro y que tú no las ves pero sí las caras».
Los borrachos, Las hilanderas, Cristo crucificado, La fragua de Vulcano, Vieja friendo huevos... su obra ha podido admirarse en el aeropuerto de Málaga y en 2008 en una gran exposición en el palacio de Crópani. Un trabajo que envuelve la vida de Salvador Cobos, el Velázquez de Málaga, un artista a tiempo completo que disfruta con la pintura, la vocación de la que no pudo disfrutar en su infancia. Si la dicha es buena, nunca es tarde.
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