Entrevista a Adelaida de la Calle

´Wert es inflexible en el debate y no tienes opción a que cambie de postura´

Aunque el trato con el ministro es cordial, Adelaida de la Calle se ha convertido a su pesar, al defender posicionamientos opuestos, en su principal antagonista

16.10.2013 | 12:12
La rectora de la Universidad de Málaga, Adelaida de la Calle, en su despacho.
La rectora de la Universidad de Málaga, Adelaida de la Calle, en su despacho.

La rectora describe un panorama negro para las universidades públicas. Los investigadores no investigan porque no reciben recursos. Los profesores se van jubilando y ni siquiera se pueden contratar sustitutos, produciéndose la descapitalización de la docencia. Y los alumnos son expulsados del sistema porque no logran beca. Son temas que preocupan porque resumen el concepto de Universidad

Desde que preside la CRUE no para. Dice que su trabajo se ha multiplicado por dos y que esto le impide atender obligaciones familiares. Aún así, presume de nieto y enseña sus fotos en su móvil. Le queda poco porque no va a optar a la reelección de presidenta de los rectores españoles. Entrevistar a Adelaida de la Calle siempre es sorprendente. Hacerlo después de que haya pronunciado un discurso combativo para inaugurar el nuevo curso, es aún más interesante. Azote de Wert, aunque lo niegue, no tiene reparos en posicionarse en contra de las políticas de austeridad del Gobierno. Tampoco en reclamar a la Junta que pague lo que debe, con el consejero presente en el acto. Aunque asegura que no le gusta tener que sacar los colores a nadie.

¿Le ha cogido el gusto a la reivindicación o no es de su agrado usar un tono tan contundente?
Mis discursos pueden ser reivindicativos, pero sobre todo quiero ser amable. Yo preferiría ofrecer un discurso más programático, centrado en los proyectos que pretendo llevar a cabo durante el curso que empieza. Es cierto que porque las circunstancias han cambiado en los últimos años, he tenido que hacer un discurso más reivindicativo, pero académicamente. Tampoco pretendo hacer un discurso político. Mis demandas se centran en las necesidades académicas y las deficiencias y problemas con los que nos enfrentamos en el día a día. Ésa es mi pretensión. Mi tono es más bien cordial que peleón.

¿Le pueden achacar ser mala anfitriona?
Dejo las cosas claras pero sin pisar el callo de nadie. Lo que transmito es la opinión de la comunidad universitaria.

¿Lo hace también para dejar claro que usted no es la responsable de las penurias de la Universidad? Se lo digo porque en otras instituciones hay alumnos y profesores que culpan directamente a los rectores.
Yo lo hago más bien porque me erijo en la voz de la propia Universidad. Mayoritariamente pensamos así. Y no lo hago por dar gusto a nadie. Sino porque realmente es nuestra idea.

Pero el lunes dio un auténtico zas en toda la boca al consejero Sánchez Maldonado. ¿Tuvo una buena bienvenida?
La ventaja de tener como consejero al profesor Sánchez Maldonado, que ha sido hasta este momento miembro del Consejo de Gobierno de la UMA, y todas estas cosas que yo expuse las he dicho también en este foro. Y él las sabe. Por eso tengo muchas esperanzas en su gestión, porque es conocedor de los problemas que tiene la UMA y el sistema universitario en general. Creo que está ahí por varias razones, pero una de ellas es por ser un gran conocedor de las universidades públicas andaluzas.

La Junta decía que saldaría su deuda con las universidades cuando llegaran los fondos del FLA, y, sin embargo, todavía no lo ha hecho.
Es que todavía no han llegado los de la segunda fase. A las universidades nos dieron participación de los que llegaron de la primera fase, pero como deudores, no como acreedores de la deuda de la Junta de Andalucía. Entonces, las que tenían deudas con empresas o proveedores, recibieron dinero para hacer frente a esos pagos. Ahora, lo que hemos pedido es que seamos nosotros los acreedores de la Junta para que ésta salde sus deudas. Nada más tomar posesión de su cargo, los rectores tuvimos una reunión con la nueva presidenta de la Junta, Susana Díaz. Ella conocía muy bien los acuerdos firmados por su antecesor en el pacto andaluz por la educación, y ahí estaba previsto hacer un calendario de pagos e incluirnos directamente en el FLA, siempre que el Gobierno de la nación lo autorice. Pero no será el pago de toda la deuda.

¿Es mucho? ¿Cuánto le debe a la UMA?
Tenemos una deuda reconocida de 111 millones, porque a lo largo del último año hemos recuperado parte, unos 30 millones aproximadamente.

Hace un año eran 750 millones al conjunto de las diez universidades públicas andaluzas.
Y ahora es 600 y pico, según los datos que tienen recogidos los gerentes. Ha habido una inyección a lo largo del año pasado. Es cierto que también tenemos algunos derechos sin reconocer todavía, pero los que tenemos reconocidos nos garantizan que tarde o temprano nos lo tienen que pagar. No nos lo van a poder quitar del presupuesto, como ha ocurrido en otras comunidades. Esa es la esperanza que tenemos las andaluzas.

¿Con 111 millones de euros qué se podría hacer?
Es dinero finalista, que va dirigido fundamentalmente a la investigación, a las inversiones, dinero que hemos ido adelantando parcialmente, y también al gasto corriente. Menos a personal, que lo llevamos al día, el resto son las que tienen asignaciones de esta deuda.

¿Cómo es el ministro Wert en las distancias cortas?
Bueno... es una persona amable. Sobre todo correcta. Con un posicionamiento. Y nosotros con otro diferente. Pero mantenemos siempre un tono respetuoso y educado. Con los miembros de su equipo el trato también es cordial, con interés de colaboración y cooperación. Pero normalmente nuestros informes a los decretos propuestos suelen ser negativos, pero como no es vinculante.

¿Es tozudo?
Él tiene una idea y la lleva hasta el final. Yo hago un resumen de la opinión general de los rectores, él me contesta, me dice que sí que muy bien, pero que el ministro es él. Es un debate un poco cerrado. Es inflexible y no tienes opción a que cambie de postura.

¿Es Adelaida de la Calle la principal antagonista del ministro en este momento?
No, espero que no. No quiero serlo. Como presidenta de la CRUE puedo tener grandes diferencias, pero como Adelaida de la Calle quiero ser una persona de concordia. Mi estilo no es el de la confrontación, sino del diálogo y el debate.

¿Respirará cuando deje de ser la presidenta de la CRUE?
La voz de los rectores es muy unánime, tanto entre los de las universidades públicas y de las privadas. Yo siempre pretendo llevar la voz de la CRUE y cuando hago un posicionamiento diferente, preciso que es propio. Así que lo más seguro es que llegue otro rector a la presidencia que comparta el mismo discurso.

¿Y usted, lo hará?
Hombre, un poco voy a respirar. Pero no sólo por este hecho. La CRUE, la verdad, lleva mucho trabajo y eso hace que yo trabaje el doble, porque no quise dejar de trabajar como rectora de la UMA, y lo que hice es multiplicar el tiempo de dedicación. Hace dos años que olvidé lo que es la conciliación de la vida laboral y familiar, y ahora espero recuperarla, ahora que solamente volveré a ser rectora.

En su discurso apuntaba también los riesgos reales a los que se enfrentan las universidades por las políticas de austeridad impuestas por el Gobierno. Hablaba de retrasos en la investigación, de descapitalizar el conocimiento y de la quiebra del principio de igualdad, con los nuevos criterios de becas. ¿Le preocupa alguno más en particular?
Uff. Me preocupan los tres porque los tres resumen el concepto de Universidad: la docencia y la investigación, que se hace a través de buenos profesionales. Si descapitalizamos a la propia institución porque no recuperamos a los buenos profesores, será muy difícil atender a los alumnos, que se encuentran en desigualdad de oportunidades a la hora de acceder o mantenerse en la Universidad. Además, tenemos menos masa crítica para hacer investigación. Y si encima tenemos menos recursos económicos, también tendremos dificultades para contar investigadores. Así que me preocupan los tres temas, porque son el principio de la propia Universidad.

¿Bolonia vino en el peor momento?
El pasado año salieron egresados los alumnos de las primeras ocho titulaciones que se adaptaron al plan. Fueron la avanzadilla. Es verdad que ha llegado en el peor momento. Pero hay un aspecto importante: el número de titulados es mayor que el que teníamos antes de implantar el sistema. Esto quiere decir que, de alguna manera, los estudiantes han cumplido con el primer principio de Bolonia, que es aprender más y mejor. Aunque con deficiencias, sin poder de hacer frente a todo el mecanismo de aprendizaje que requiere Bolonia en sí misma, hemos hecho un esfuerzo importante, y lo ha hecho fundamentalmente el profesor, en cuanto a su dedicación, que la ha multiplicado.

Cuando precisamente está sufriendo bajadas salariales, tiene que dar más clases y dispone de menos tiempo para investigar. ¿Cuál es el secreto para combatir la desmotivación?
Porque en la Universidad somos muy vocacionales. Y esto ocurre también en otros grupos profesionales. Estamos muy concienciados con el espíritu de lo que representa la Universidad.

¿Los ranking son Dios?
No, por supuesto. Los ranking son una manera que las universidades tienen de de hacer márketing. Yo creo que hay cosas que se pueden mejorar y en las que estamos trabajando. Por ejemplo, estamos elaborando un reglamento de buenas prácticas para la publicación científica, porque muchas veces, y no nos damos cuenta, no sabemos con exactitud cómo se miden los ranking. Por eso los hemos tenido que destripar. Así hemos comprobado que sencillamente tenemos que publicar de otra forma, la firma de los trabajos sobre todo, que es lo que cuenta en las revistas científicas. Hay que saber hacerlo. También asignar la nomenclatura, apareciendo la UMA en primer lugar. Es una moda que se ha inventado el sistema anglosajón y que es importante en los criterios.

Se lo preguntaba porque en el Ministerio parece que aman los ranking por encima de todas las cosas.
Sí, sí. Los aman. Ahora mismo el Ministerio está trabajando por tres vías en temas de ranking: con una comisión de la CRUE; luego a través de universidad.es; y también tenemos otro proyecto europeo. Estamos en tres niveles diferentes.

Cuando nuestros investigadores aprendan a firmar y hagan caso de ese manual de buenas prácticas a la hora de publicar, ¿la UMA escalará puestos?
Seguro que lo hacemos, pero bastantes. A pesar de que nuestro presupuesto sea muy inferior al de las universidades que ocupan los primeros puestos. Y aunque la producción científica se divida entre el número de profesores permanentes numerarios y nuestra plantilla tenga más docentes funcionarios que contratados, lo que nos perjudica en este caso.

Pero más allá de una cuestión de firmas o de composición de las plantillas docentes, habrá más cosas por las que la UMA no está en los ranking. ¿En qué tienen que mejorar?
Claro que sí. Nosotros hemos cogido una línea importante y buena: tomar como punto estratégico el concepto de Campus de Excelencia Internacional. Ahí es donde la UMA tiene su perfil. Además de vivir muy pegada a su entorno. De esta relación con el entorno tiene que salir su especialización, y favorecer esos campos. En nuestro plan estratégico está diseñado este escenario, ligado a su vez al plan estratégico del CEI Andalucía Tech. Y ahí tenemos muchas líneas para ir seleccionando hoy por hoy aquellas que se nutren más de la imaginación y del trabajo que de los presupuestos. Tenemos capacidad para hacer cosas y dar respuesta a la sociedad, que sigue esforzándose por financiarnos.

¿Cuándo se recogerán frutos?
Los resultados son lentos. Los planes estratégicos se hacen cada cuatro años. El actual es el tercero. El cambio que ya se está notando en la UMA es producto de haber seguido esas pautas. Y creo que tenemos mucho que mejorar, como elemento de autocrítica lo digo, pero también digo que hemos mejorado mucho. Es una realidad que se puede medir. Y si vamos mejorando quiere decir que no hacemos las cosas mal.

La gala

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