Cabalgata

Sus Majestades reparten ilusión

El cortejo de 2014 fue el de la seguridad - La belleza se supeditó a la prevención

06.01.2014 | 00:31
Sus Majestades reparten ilusión

El mejor homenaje que podía recibir Miguel V. R. M., el pequeño de seis años que perdió la vida tras ser atropellado por una carroza en la cabalgata de los Reyes Magos de 2013, era que este cortejo saliera ayer a la perfección. Y así ocurrió. La espectacularidad y estética de otros años quedaron este 5 de eneros supeditadas a la seguridad de los más pequeños, que volvieron a desbordar ilusión por más que las carrozas fueran blindadas por 165 policías locales y 50 voluntarios de Protección Civil, buena parte del recorrido estuviera vallado y sólo los mayores pudieran lanzar caramelos. Todo se orientó a que ayer por la noche no hubiera nada que lamentar. Y eso fue lo que sucedió.

En total, la comitiva real repartió 11.000 kilos de caramelos, es decir, 3,6 millones de piezas; el tiempo acompañó, con un sol radiante desde primeras horas de la tarde, y el gentío abarrotó el Centro. Pocas veces se puede ver una marea mayor de ilusión que la de ayer. Los pequeños no entienden de crisis económica, desempleo o seguridad. Sólo tenían ilusión por ver a los Reyes Magos de Oriente. Melchor, Gaspar y Baltasar bajaron por el ascensor de la Alcazaba, donde se hospedan, y se dirigieron, acompañados de su guardia mora, al Ayuntamiento. La avenida Cervantes estaba ayer completamente vallada para evitar sustos. En la Casa Consistorial, el alcalde, Francisco de la Torre, y los miembros de la corporación recibieron a los tres monarcas y el pequeño Diego García Merino, en representación de los niños de Málaga, leyó una carta en la que les pidió fe, esperanza y caridad, además de juguetes, claro está.

La comitiva fue partiendo paulatinamente a partir de las 17.30. Los aplausos se desbordaron cuando Sus Majestades saludaron desde el balcón del Ayuntamiento. Un murmullo colectivo de los infantes recorrió la vía y ya, desde antes de que echara andar el cortejo, los pequeños pedían «calamelos», como un simpático rubito decía en brazos de su padre.

Los Reyes saludaron a los pequeños, e incluso se acercaron a ellos antes de subirse en sus carrozas. Este año, eran nueve: cerraban la cabalgata las de Melchor, Gaspar y Baltasar. La primera de la Asociación de Empresarios Feriantes de Málaga, donde Tadeo Jones era el protagonista; la segunda era de Sabor a Málaga, y potenciaba motivos gastronómicos de la tierra tales como el aceite de oliva virgen extra, queso y leche de cabra. Sus miembros daban mantecados tradicionales a madres y niños.

La tercera carroza estaba comandada por Dora la Exploradora, mientras que en la cuarta, el cartero de los sueños llevaba miles de misivas con peticiones de juguetes de todo tipo. En la quinta, la de la Federación de Peñas, iban la reina y el míster de la última Feria, y en la sexta mandaban los pajes reales, que anoche ayudaron a repartir la mercancía.

Varios auxiliares de seguridad comentaron que este año estaba todo muy controlado: los niños no podían tirar caramelos y las carrozas llevaban una protección perimetral con semicilindros de poliespán, separados 15 centímetros del suelo, para evitar sustos puesto que nadie podía colarse debajo.

La edad para ir en las carrozas era de ocho a 55 años, y 165 policías locales y 50 voluntarios de Protección Civil blindaban el recorrido. Cada carroza iba escoltada por ocho personas, cuatro agentes y cuatro voluntarios, y disponía de hasta cinco walkies, cuyas comunicaciones debían converger en el responsable de seguridad. El responsable de Fiestas comandó todo el cortejo.

Pese a todo, en la carroza de Gaspar se produjo un pequeño susto. Su parte central cedió un poco y la Policía Local pidió que se bajasen de la misma ocho niños o cuatro adultos, de tal forma que finalmente cuatro pajes abandonaron el vehículo y completaron andando el itinerario. Algún responsable de seguridad se quejó de que no se homologase la carroza con el peso de los que debían ir sobre la misma. De cualquier forma, sólo se retrasó el cortejo diez minutos.

Tortugas ninjas, incluido el Maestro Astilla, que bailaban reggaetón; ninfas, hadas altísimas, una sección del mágico mundo de los animales, con una gran abeja y un simpático gusano de color verde; y otros personajes hicieron las delicias de los más pequeños a lo largo del Paseo del Parque, la plaza de la Marina y la Alameda Principal. Por primer año se han evitados calles pequeñas, siendo sustituidas por arterias amplias, espaciosas, en las que es difícil que un niño tenga un percance con una de las carrozas. Así, se evitaron la calle Larios o Granada, y se pasó, por primera vez, por Armengual de la Mota, Mármoles, o Atarazanas.

Los murmullos infantiles de admiración e ilusión fueron la tónica general en todo el recorrido. Sonrisas, alguna que otra lágrima y abrazos de alegría de padres y madres a sus vástagos se repitieron en el itinerario real. Especialmente intensas fueron las peticiones de caramelos a sus majestades, y hubo quien se llevó algún que otro caramelazo en la cabeza. Gajes del oficio.

Abría el cortejo la Banda de Bomberos, institución centenaria con sabor a la Semana Santa que habrá de llegar, que interpretó numerosos villancicos. Entre el cortejo, también la banda de música de Las Flores. Al principio, fue la Banda de Música la que interpretó las composiciones navideñas más clásicas.

Algunos niños sonreían al ser preguntados sobre sus respectivas peticiones a Sus Majestades en la noche más larga del año. Todos habían sido buenos. En la calle Molina Lario, los Reyes abandonaron sus carrozas para hacer una ofrenda al niño Jesús en la Catedral, pasaje bíblico que da sentido a lo ocurrido cada 5 de enero en Málaga. La pasada noche habrá estado repleta de sonrisas furtivas y nervios y pocos adultos y pequeños habrán dormido bien, pues hoy, al despertar, les esperaban un sinfín de sorpresas en el salón familiar. Ayer, la cabalgata acabó sin ningún disgusto. Y eso, pese a la mayor o menor espectacularidad del cortejo, es una buena noticia. Sean buenos hasta el año que viene.

La gala

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