Política

El PA pone fin a 40 años de historia

El 78% de la militancia acuerda en Torremolinos la disolución de la formación andalucista con la presencia de sus líderes históricos

13.09.2015 | 15:18
Alejandro Rojas Marcos, Miguel Ángel Arredonda y Antonio Ortega, ayer en el momento en el que se votó el fin del PA.

El malagueño Marcelino Méndez-Trelles intentó evitar la desaparición del andalucismo - Ruiz: "Esta formación tiene que morir para que surja otra herramienta que sí sea útil a los andaluces"

­A las 18.15 horas de ayer dejó de latir en Torremolinos el corazón del Partido Andalucista pese a los intentos de algunos dirigentes históricos como Marcelino Méndez-Trelles, que presentó «una vía para no disolver el partido» o de las las enmiendas presentadas por las agrupaciones de Marbella, Sevilla, Coín, Ronda y Baza para evitar la disolución. Pero no fue sufiente.

El XVII Congreso Nacional del Partido Andalucista selló ayer tarde el fin de casi 40 años de historia desde su fundación en 1976. Los militantes del partido votaron mayoritariamente la ponencia de la dirección, que supone el «cese de toda actividad política y la no concurrencia a ningún proceso electoral más», y el nombramiento de una comisión para dar cobertura legal hasta 2019 a los algo más de 300 concejales elegidos en los comicios municipales del pasado mayo. La ponencia presentada por el secretario general, Antonio Jesús Ruiz, salió adelante con 243 votos a favor, 57 votos en contra y 10 abstenciones.

Méndez-Trelles defendió como los demás militantes que apuestan por la continuidad plantean que el PA «tiene aún mucho que decir en la vida política española» y entienden que el andalucismo «es una herramienta útil y, por tanto, tiene que seguir viva». Incluso dio un paso al frente antes de las votaciones para que en caso de que dicha propuesta fuera respaldada por la militancia y, por tanto, se optara por continuar, el propio Méndez-Trelles se postuló como candidato a la secretaría general de la formación.
Sin embargo todo fue inútil. En opinión del actual secretario general del PA, Antonio Jesús Ruiz, esta formación «tiene que morir»para que surja otra herramienta que sí sea útil a los andaluces porque tenga cuestiones o cosas diferentes.

El congreso contó la presencia de históricos del partido como Alejandro Rojas Marcos, Miguel Ángel Arredonda o Antonio Ortega.

El PA hunde sus raíces en la década de los sesenta del siglo XX, cuando un grupo de jóvenes sevillanos irrumpe en política de la mano de Alejandro Rojas-Marcos de la Viesca, de aristocrática familia y quien, para bien y para mal, moldeó este proyecto político. Rojas Marcos recuperó el andalucismo de final del siglo XIX que forjó Blas Infante y lo asoció a la conquista de un «poder andaluz» que sacara a Andalucía de su subdesarrollo.

Nació entonces Compromiso Político de Andalucía, grupo nacionalista y antifranquista, mal relacionado con los jóvenes socialistas de Felipe González y acogido con recelo en círculos comunistas.

Rojas Marcos

Un hábil e infatigable Rojas Marcos logró acceder en 1966 al Ayuntamiento de Sevilla, del que décadas más tarde sería alcalde, por la sorpresiva vía de los concejales electos del denominado tercio familiar. Pagará su incuestionable lucha contra la dictadura con pena de destierro en Madrid, donde se une a alianzas antifranquistas y crea Alianza Socialista de Andalucía (ASA), cuyo primer manifiesto fue editado por Ruedo Ibérico.

ASA se expande por Andalucía, Madrid y Cataluña y se integra en 1974 en la plataforma antifranquista Junta Democrática de España. Dos años más tarde, muerto Franco y en pleno fulgor de la Transición, ASA se transforma en el Partido Socialista de Andalucía (PSA) y entra en la Federación de Partidos Socialistas (FPS) que compartía el espectro socialista con el PSOE de Felipe González y el PSP de Tierno Galván.

FPS y PSP concurren juntas a las elecciones generales de 1997 y sólo consiguen seis diputados, lo que fuerza la «rendición» de los socialistas del Viejo Profesor, que ingresan en el PSOE, y la disolución de la alianza federalista. El PSA sobrevive en Andalucía y en 1979 alcanza dos hitos: logra cinco escaños en el Congreso de los Diputados, primer y hasta ahora único grupo parlamentario andalucista, y es el partido más votado de la izquierda en las municipales en capitales como Granada, Huelva o Jerez.

Un pacto con el PSOE para intercambiar algunas de estas alcaldías por la sevillana, para erigir al histórico Luis Uruñuela como primer alcalde andalucista de Sevilla, causa rechazo en las bases del PSA y su desaparición en Granada y en Huelva, tras masivas dimisiones.

El fervor andalucista no se apaga en una Andalucía en la que los socialistas menosprecian a los «señoritos» al PSA, ridiculizan sus movilizaciones con la bandera verdiblanca, «del Betis», y marginan a todo andalucista, incluido el cantautor Carlos Cano. Un sector del PSOE, con el visionario y ambicioso Rafael Escuredo al frente, abraza el andalucismo con la fe del converso y cierta connivencia de la dirección socialista, que entiende la preautonomía como poderosa herramienta para desgastar a UCD.
Las movilizaciones arrecian y demandan sin tapujos una autonomía plena para Andalucía por la vía del artículo 151 de la Constitución, casi imposible pues exige una mayoría absoluta del censo, que no de los votantes. Andalucía «casi» lo logra porque sólo le faltan 20.000 votos en Almería y en Jaén para superar el referéndum del 28 de febrero de 1980, consagrado desde entonces como el 28 F, en mayúsculas, y erigido en el «hecho diferencial» de la autonomía andaluza.

El 28 F supone la muerte política de UCD, por defender la abstención, y abre una herida mortal en el PSA, acusado de traidor por pactar con Martín Villa una salida al conflicto estatutario andaluz por el artículo 144 de la Constitución, de complicado encaje y de aún más difícil explicación pública. Partidos que apoyaban esta solución, entre ellos el PSOE, denuncian la «traición» del PSA y la figura de Escudero emerge, esplendorosa, en contraste con un desacreditado Rojas Marcos.

El PSA se desangra en luchas fratricidas de liderazgo y sufre un desplome electoral convertido en caída libre en 1996, tras apuntalar con un gobierno de coalición al PSOE, que había perdido su mayoría absoluta que recuperará, en parte, gracias a un discurso reivindicativo frente a los gobiernos del PP que, además, deja sin espacio político a los andalucistas.

«La muerte del partido es debida a un cúmulo de errores estratégicos y tácticos que se cometieron desde el principio hasta el final», reflexiona el flamencólogo y poeta José Luis Ortiz Nuevo, un histórico andalucista. Y añade: «No hay que olvidar tampoco que los contrincantes del PSOE han hecho la mar de bien su trabajo y con arteras, inteligentes y útiles artimañas se han apoderado del andalucismo por la cara, y de su empeño; de manera que hogaño, para el común, andalucismo es la compañera presidenta (Susana Díaz) y su grey».

Otro veterano andalucista coincide en que el PA se ha quedado sin espacio político, cuando el debate lo polarizan los partidos tradicionales y las fuerzas emergentes, como Ciudadanos y Podemos, pero reivindica, con sorna, que el símbolo de la mano abierta que ahora exhibe Monedero lo inventaron ellos, unos jóvenes andalucistas que hace ahora medio siglo decidieron luchar por un poder andaluz.

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