Memorias de Málaga

Los jueves, sin colegio si llovía

A mediados de los años 30 si llovía en Málaga los padres decidían no mandar a los niños al colegio, un privilegio que habría causado estragos en la educación en ciudades más lluviosas como Bilbao

27.09.2015 | 05:00
La actual Escuela de Turismo fue también sede del Colegio de los Maristas, entonces Villa Tetuán.

Cuando yo era niño e iba al Colegio de los Maristas sito en el paseo de Sancha, compartiendo estudios de primaria con Félix Revello de Toro, entre otros alumnos, si el día a amanecía lluvioso ¡no íbamos al colegio!

Entonces, como ahora, en Málaga llovía muy poco, tan poco que nuestros padres nos dejaban en casa para no mojarnos. En aquellos años, 1934 y 1935, no existían ni hombres ni mujeres del tiempo porque no se había inventado la televisión, ni los fuertes vientos del norte, ni las isobaras, ni la gota fría, ni el cambio climático, ni el anticiclón... ¡Qué ignorantes€ y felices éramos entonces! Ahora con los mapas del tiempo descubrimos, por ejemplo, que en algunas televisiones solo existen en Andalucía las provincias de Huelva, Granada, Córdoba€ y las demás ¡no existimos! Ni Sevilla ni Málaga cuentan para las espigadas gachís que nos llenan el coco de líneas rectas, curvas, rayas, gotas, vientos, nevadas, nubes, fotografías de tornados, borrascas, anticiclones€ y las playas de Alicante cuando hace buen tiempo y que casi nunca aciertan, por lo menos cuando ponen una nube y unas gotitas sobre el punto en el que se supone está Málaga. Ya ve si llueve poco en Málaga que muchos ciudadanos decimos sombrilla en lugar de paraguas.

La costumbre de no ir a la escuela los días muy lluviosos era un privilegio de Málaga; si se hubiera extendido a Bilbao, por ejemplo, los niños bilbaínos al llegar a adolescencia serían analfabetos.

Recordando los tiempos de los Maristas, me viene a la memoria el adminículo que utilizaban los hermanos para acallar a los alumnos cuando hablábamos en clase o para llamar la atención. Me refiero a la chasca. El diccionario recoge la palabra, pero no para definir el instrumento que se utilizaba en los colegios para imponer silencio. Para los que nunca hayan visto una chasca, porque ha desaparecido del mobiliario escolar (ahora hay ordenadores), adjunto una fotografía del curioso invento. Dos piezas de madera, una de mayor tamaño que la otra, unidas por una gomilla, que cuando se acciona la más pequeña de forma manual produce un sonido característico. Es una pequeña joya que hace unos años en una conmemoración del Instituto religioso rescató del olvido y logró que un maestro artesano fabricara algunos ejemplares. Me regalaron uno igual a los que utilizaban cuando los Maristas estaban en Villa Tetuán, hoy sede de la Escuela de Turismo.

Chasca, en Málaga, con independencia del utensilio citado, se utiliza o utilizaba para definir el tabaco de mala calidad.

¡Cuidado con los suspensos!
En Málaga, antes y ahora, cuando suspendemos un examen huimos del término suspenso; recurrimos al cate, o sea, que nos han cateado en el examen de Religión, cuando en los colegios se enseñaba junto con la Aritmética, Geografía e Historia y otras asignaturas. Algunos, antes y ahora, coleccionan cates como cromos de los futbolistas del Madrid, Barcelona y Málaga en el caso de nuestra ciudad.

Hace unos sesenta años, después de una larguísima ausencia, volvió a Málaga, su ciudad natal, una monja de la Asunción, cuyo nombre de pila era María Emilia Altolaguirre Bolín, hermana del afamado poeta Manuel Altolaguirre. Vino a Málaga con un grupo de alumnas del colegio de la Asunción de Manila (Filipinas), uno de los destinos en que ejerció la enseñanza dentro de su congregación religiosa. Con independencia de lo que voy a contar a continuación, las niñas filipinas, hijas de familias adineradas, fueron a bañarse a las playas de los Baños del Carmen con trajes de baños reñidos por su escasez de tela con lo que usaban las niñas malagueñas en aquella época. Para la estricta moral de los años cincuenta aquello fue motivo de escándalo. ¡Nada menos que una monja acompañando a jovencitas enfundadas en minúsculos bañadores!

Por vinculación familiar tuve ocasión de charlar con ella; mi madre la conocía desde antes de tomar la decisión de ingresar en la congregación religiosa a la que se entregó hasta su muerte.

Comentando aspectos de la enseñanza y cómo se desarrollaba la docencia en Filipinas y Japón, donde también permaneció algunos años (había aprendido el japonés), no recuerdo cómo salieron a colación los suspensos o cates, palabra que no había olvidado. Me confesó la grave responsabilidad de los profesores en Japón a la hora de aprobar o suspender a sus alumnos, en su caso, alumnas, porque la Asunción se dedicaba exclusivamente a las chicas. Cuando una chica suspendía, o era cateada, se consideraba inferior, una fracasada, una inútil. Y la reacción era quitarse la vida. ¿Se hacía el harakiri?, me atreví a preguntarle. No, me respondió; eso era antes. Ahora se arrojan a un volcán.

La mentalidad de los japoneses no casa con el fracaso; su decisión, a veces, llega al extremo de suicidarse.

Esto ocurría hace sesenta años€

Los jueves por la tarde no había clase
La Ley de la Enseñanza cambia en España un día sí y otro también. Desde mi lejana niñez he padecido y conocido tantos planes de estudio que ya no sé ni cómo se denomina cada ciclo ni qué asignaturas se estudian en cada curso.

Yo me quedé en la etapa de primaria, examen de ingreso para acceder a la enseñanza media y, tras la reválida después de siete años de bachillerato, acceder a los estudios superiores. No existían las guarderías, ni los parvulitos, ni el preescolar, ni la EGB, el BUP, la ESO, ni el Bachillerato Elemental, la LOGSE, el Preu, el COU, la Selectividad, ni el ministro Wert€, que ya no es pero goza de un mejor y remunerado destino. Por cierto, que un ministro de aquella época, nacido en Cabra (Córdoba), propuso eliminar de las asignaturas obligatorias el Latín, y un diputado le recordó al ministro que gracias al latín era egabrense y no€

Las familias pudientes recurrían a las institutrices francesas, mises inglesas y fräulein alemanas para cuidar a los niños y de paso enseñarles idiomas. No existían tampoco las o los canguros para hacerse cargo de los rorros cuando los padres iban al cine o al teatro. Los únicos canguros que conocíamos eran los de Australia y no a través de los documentales de la 2 porque no se había inventado la televisión. Ni siquiera aparecían en las películas de dibujos animados del Gato Félix y Popeye.

La única referencia que teníamos de los marsupiales eran las estampitas de Nestlé y de los cromos Cultura. Pasaron muchos años hasta que descubrimos que no eran tan grandes como pensábamos.
Yo no me atrevo a opinar si el sistema que se impuso allá por el año 1938 o 1939 era mejor o peor.

Teníamos muchas asignaturas que para los estudiantes de hoy es casi un galimatías: Religión, Aritmética, Geografía e Historia, Lengua y Literatura, Liturgia, Álgebra, Física y Química, Latín, Griego, Francés o Italiano a elegir, Alemán o Inglés a elegir, Filosofía, Ética, Dibujo. Música, Matemáticas, Gimnasia€

Quizá se haya quedado en el teclado alguna más. Entre estudio y clase había un recreo (ocio llaman ahora) que aprovechábamos para jugar al pilla-pilla, salto al palo y cuando alguien conseguía una pelota, ¡hala! a emular a los ídolos de la época, como Zamora, Ipiña, Goroztiza, Lángara, Ventolrá, los hermanos Regueiro€ y a los titulares del C.D. Malacitano, transformado después en C.D. Málaga y Málaga C.F. La alineación del Malacitano era la temporada 1939-40 era la siguiente: Pedrín, Chales, Juanele (o García Montoro), Junco, Salazar y Mitje (a veces Crespo), Meri, Tomasín, Calderón, Záraga y Chacho.

Los horarios de entonces no tienen nada que ver con los actuales. Los días lectivos o de clase eran desde el lunes al sábado, ambos incluidos, con excepción del jueves por la tarde que se consideraba libre.

Si a un estudiante de hoy se le obligara ir a clase los sábados por la mañana y por la tarde, seguro que organizaría, con la anuencia de colegas y profesorado, un pitote ante el Ministerio de Cultura que ríanse ustedes de los que se montan por un colectivo que se considera agraviado por una causa cualquiera.

Y hoy, que amenaza lluvia, mi mujer ni yo vamos a salir a la calle, porque si llueve mos amos a moá (en español, «nos vamos a mojar»).

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